La crisis es un reto para los católicos

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Preguntarse por qué los cristianos tuvieron tanto éxito en su inicio debería ser casi obligatorio para cada uno de los que nos declaramos seguidores de Cristo. En mi caso, ésta siempre ha sido una cuestión que me ha intrigado, a pesar de los datos de la historia leída, porqué, a fin de cuentas, ¿cómo fue posible que un puñado de cristianos, unos centenares de ellos, tras la muerte en la cruz de Jesucristo llegaran a convertirse en menos de cuatro siglos en la mayoría del Imperio? Un régimen que los persiguió de manera regular y los criminalizó casi siempre.

San Agustín afirmaba que el milagro del cristianismo consistía en que no había milagro, creo que ésta es una buena reflexión que nos pide fijarnos en aquella realidad concreta para poder extraer algunas consecuencias. Me parece que es claro señalar como uno de los trazos más evidentes la extraordinaria coherencia que mostraban entre su vida cotidiana y la fe que profesaban. Y también, y eso es lo que deseo subrayar ahora, una gran capacidad para afrontar los retos, las situaciones fuera de lo común extraordinariamente difíciles.

Roma se vio sometida en menos de un siglo a dos grandes epidemias. Una consecuencia del sarampión y la otra, no recuerdo con exactitud, creo que fue de varicela. Ambas provocaron un estrago demográfico terrible del que el Imperio nunca llegó a recuperarse del todo. En esta crisis, que vaciaba poblaciones, deshacía familias, porque todo el mundo salía huyendo, los cristianos manifestaron su capacidad de acogida, de acompañamiento, de respuesta, en definitiva. Y esta actitud ganó voluntades y credibilidad.

La gran crisis que vivimos tiene un efecto destructivo creciente sobre centenares de miles de personas, algunos millones de ellas en España, y es especialmente terrible con los jóvenes, que se encuentran ante lo más grave que les puede suceder: sin futuro. Es bien cierto que la Iglesia está haciendo un gran esfuerzo. La obra de Cáritas y de muchas otras organizaciones cristianas está resultando extraordinaria para paliar los efectos de la crisis, eso está fuera de duda, y sólo la tradicional modestia con que la Iglesia ayuda a sus semejantes puede otorgarles un perfil relativamente bajo, que de todas maneras, por la inmensidad de la tarea que emprende, se muestra casi por sí sola.

Todo esto es cierto, muy positivo, y hay que subrayarlo antes que nada. Pero también es cierto que podemos hacer mucho más, podemos convertir a la Iglesia en lo que ahora no es, en lo que fue durante las grandes catástrofes romanas, en el bastión contra la gran crisis. Podemos dar un salto cualitativo, es decir no sólo hacer más de lo que ya hacemos, sino plantear nuevas vías, nuevas acciones, llevar a cabo gestos capaces de generar estupor, porqué este estupor es el que mejor permite conducir a los seres humanos ante Dios. Esta debería ser la reflexión que entre todos, y especialmente por parte de nuestros obispos, se debería llevar a cabo. Es evidente que una actuación de este tipo puede tener contraindicaciones, pero la fe necesita, para ser viva, para manifestar pasión, la pasión que es coherente con la vida nueva que señala, correr determinados riesgos, que en este caso tampoco son tan importantes, porque lo que en definitiva llegaría a la población es lo concreto que se haga y no lo que pueda decir algún hipercrítico de siempre.

Desde e-Cristians, desde nuestra modestia, nos hemos empezado a plantear esta cuestión y estamos preparando una serie de iniciativas de índole muy distinta, para las que desde aquí ya me anticipo solicitando vuestra colaboración. Una de ellas, que ya hace semanas que está en marcha, es la Iniciativa Legislativa Popular‘Aturem l’atur’ para establecer un nuevo instrumento de lucha contra el paro y la crisis, como sería la introducción de la planificación indicativa orientada como prioridad principal a crear ocupación. Es la primera de las acciones. Va a haber más y va a ocupar un espectro amplio de respuestas en este terreno. Y queremos también mostrar no sólo la capacidad de proponer sino también la de realizar directamente cosas y también la de debatir, reflexionar y establecer críticas que puedan orientar respuestas viables. Y también, claro está, ayudar a las personas concretas con sus necesidades materiales. Pero todo esto es, como decía, una gota de agua, lo importante no es lo que haga una organización, lo realmente definitivo es lo que haga el conjunto de los católicos. Lo realmente determinante es si la Iglesia es capaz de proyectar una gran respuesta que mueva al estupor ante esta gran crisis que está destrozando tantas vidas.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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