La crisis profunda de la Seguridad Social se ha anticipado: el problema de fondo, la caída demográfica

La constante destrucción de empleo en España ha hundido el número de afiliados a la Seguridad Social por debajo del umbral de los…

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La constante destrucción de empleo en España ha hundido el número de afiliados a la Seguridad Social por debajo del umbral de los 17 millones de cotizantes que se estableció como garantía de sostenibilidad del sistema público. En enero de este año alcanzó los 16,9 millones de afiliados, según los datos del Gobierno.

Así, la caída de los ingresos ante el nuevo repunte de la destrucción de empleo ha provocado que las cuentas de la Seguridad Social arrojaran en 2011 un déficit de 0,6 millones de euros. En relación al PIB, el porcentaje de déficit es de -0,06%. No es la primera vez que se produce un agujero en las cuentas. Ya ocurrió y en mayor medida en 1998, cuando el déficit fue de -4,4 millones de euros, es decir -0,9% del PIB.

Al mismo tiempo, no hay que olvidar que actualmente hay 2,4 afiliados por cada jubilado, cuando el límite crítico está en dos, y que en enero se produjo una caída de más de 280.000 afiliados. De seguir al ritmo del mes pasado, en menos de 10 meses la Seguridad Social se hundiría. Además, el Banco de España prevé que este año desaparecerán otro medio millón de puestos de trabajo, con lo que se avecina un suma y sigue en la caída de cotizantes.

Por otra parte, los ingresos de la Seguridad Social van a reducirse de forma paralela cuando los casi tres millones de parados que cotizan actualmente dejen de hacerlo al perder su prestación. De hecho, si estos cotizantes no existieran el ratio entre afiliados y pensionistas sería del 2,1% en lugar del 2,4%. Hay que tener en cuenta también el efecto compensatorio, es decir que aumentará el déficit de la Seguridad Social pero al mismo tiempo se reducirá el gasto del presupuesto del Estado.

Crisis profunda anticipada

En cualquier caso, este escenario, con ser grave y un serio aviso de cara a un futuro inmediato, no es el verdadero problema de fondo. Lo más preocupante de las cuentas de la Seguridad Social es que la crisis profunda que se esperaba a partir del 2020 se ha anticipado.

¿Por qué se esperaba para 2020? La respuesta a esta pregunta viene de la mano de la jubilación de la generación del baby booom y la insuficiencia de gente en edad de trabajar para cubrir ese gasto. No era pues una causa relacionada sólo con el paro, sino más bien con la demografía. Se trataba de una causa de tipo estructural.

Y surge una segunda pregunta: ¿qué es lo que ha pasado, por qué se ha anticipado? Pues porque las reformas se han hecho tarde y de manera insuficiente. Pero, sobre todo, porque sólo han contemplado las prestaciones y nunca la variable demográfica a largo plazo.

Es verdad que la crisis lo ha agravado todo al entrar en una fase de déficit coyuntural fruto del paro, pero también lo es que esta situación se podría paliar en cuanto se empezara a recuperar empleo. Sin embargo, cuando esto se produzca ya estaremos entrando en la crisis estructural.

Desde este punto de vista, las perspectivas para la caja de la Seguridad Social son muy negras. Y cuando se habla de crisis del sistema público de pensiones lo que no se hace es contemplar el problema en su globalidad, sólo cuenta la caída del paro y de las afiliaciones, pero nada se dice sobre la caída de la demografía.

Otro factor añadido y a tener muy en cuenta es la productividad de los empleados. No todos cotizan por igual y no es lo mismo tener un millón de personas cotizando a un nivel alto, por ejemplo 8, que a nivel dos puntos por debajo. En el primer caso se puede soportar mejor el coste de los jubilados, y esto pone de relieve un problema adicional de España: su baja productividad a largo plazo.

Esta baja productividad también se sabe que está conectada con dos grandes variables: la tasa de rendimiento escolar, que la de España es desastrosa por el fracaso escolar; y la tasa de progreso técnico, que tiene como una variable subyacente la natalidad, donde las tasas españolas están bajo mínimos. Y, desde luego, a igual desarrollo económico, consiguen más productividad los países que tienen más natalidad.

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