La Cuarta Revolución Industrial: ¿deben cotizar los robots?

Con el agotamiento del Fondo de Reserva de la Seguridad Social y la reducción paulatina de las cotizaciones, cada vez más voces reclaman la cotización de las máquinas, ¿es un modelo viable?

Robots

El futuro de las pensiones en España es cada vez más desolador. El Fondo de Reserva se está agotando y cada vez son menos las personas que cotizan en la Seguridad Social. Es por esta razón que líderes de relevancia pública en su sector como el secretario general de la UGT, José María Álvarez, estén proponiendo una opción nunca puesta en práctica: la cotización en la Seguridad Social de los robots.

Desde que en el siglo XIX se empezasen a implantar las máquinas en la sociedad no siempre han sido bienvenidas con los brazos abiertos. En toda Europa, a principios de la Revolución Industrial, se produjo el Ludismo: un movimiento que con ferocidad pretendía destruir a las máquinas de las fábricas, ya que estas producían desempleo y sueldos más bajos. En España la primera manifestación ludista se desencadenó en los Sucesos de Alcoy en 1821. Incluso al ferrocarril le costó la aceptación social que tiene actualmente. La gente creía entonces que el humo asolaría los campos de cultivo y los médicos, entre ellos el famoso psicólogo Sigmund Freud, advertía de posibles daños graves producidos en el cerebro por la aceleración y desaceleración de los pasajeros.

Ya entrados en el siglo XX, un visionario Henry Ford sería el primero en usar la producción en cadena para su Ford T, disminuyendo de esta forma el número de trabajadores y producir a un coste por producto mucho menor. Pero no fue hasta mediados de los años 80 cuando la industria japonesa, cuyos productos no eran valorados por Occidente tras la Segunda Guerra Mundial por su baja calidad, puso en peligro la indústria americana y europea con el Just In Time (método “Justo a Tiempo” (JIT)). Con el JIT las fábricas solo producen lo que realmente necesitan, con escaso inventario y un alto grado de robotización y automatismo. Harley Davidson, por ejemplo, se vio obligada a usar el JIT para hacer frente a las motoclicletas japonesas, de mayor calidad y a un precio mucho menor.

En la actualidad, en el marco de este panorama industrial, un proyecto del Parlamento Europeo remarca a los estados miembros que “(…) la robótica y la inteligencia artificial contribuyen a sus resultados económicos (de las empresas), a efectos de la fiscalidad y del cálculo de las cotizaciones a la Seguridad Social”. Esta recomendación es una muestra de la creciente preocupación por la substitución del los trabajadores humanos por la robótica, ya que esta no cotiza para la seguridad social no contribuyendo de esta manera al Fondo de Reserva.

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El empleo humano en el futuro, en peligro

La Universidad de Oxford realizó una proyección sobre el mercado laboral de los Estados Unidos de América en el año 2013 en la que pronosticaba que el 47% de los trabajadores se encontrarán gravemente amenazados por una mayor robotización de la economía. La OCDE, en cambio, este año 2016 ha estimado que en España se verán en peligro solamente el 12%, una visión mucho más optimista que la de Oxford.

A pesar de que son muchos los que ven a los robots como una amenaza, también existe una opinión más cautelosa que espera a ver cómo se desarrollan los hechos. En este sentido, una hipotética cotización de los robots en la Seguridad Social supondría una decisión drástica. Por ejemplo, Raymond Torres, director de la Coyuntura de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reclama que se diversifique la financiación de la protección social, pero recuerda que el impuesto al robot ya se encuentra en el impuesto de sociedades.

 

¿De robots a dioses?

Paradójicamente los japoneses, creadores e impulsores a nivel mundial de la robotización y automatización del proceso de producción, están volviendo a usar procesos manuales y mecánicos en las fábricas de Toyota. Esta tendencia se contrapondría a la de una mayor robotización de las fábricas. ¿Por qué esta decisión? La razón se encuentra en que en los últimos años las grandes multinacionales del sector de la automoción se han encontrado con el problema de detectar defectos repetidos en millones de vehículos debido al uso de robots. Esto ha supuesto la consiguiente sangría económica de tener que revisar estos errores individualmente en los talleres de todo el mundo.

Los dioses (Kami-sama, en japonés) era el nombre que recibían los trabajadores veteranos en las fábricas de Toyota antes de la robotización. El gigante nipón, con el aumento del trabajo manual, espera tener una mayor calidad y eficiencia, ya que el humano es capaz de darse cuenta del error y rectificar en el momento.

 

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