Sobre la degeneración de los órganos

inteligencia

Es bien sabido, y la experiencia lo confirma, que el órgano que no se usa, degenera y termina atrofiándose. Por el contrario, cuando un órgano se usa con regularidad, se desarrolla y se fortalece. Lo mismo sucede con la inteligencia y uno de sus derivados: el sentido crítico.

Observo, en general, en nuestra sociedad, tres tipos de personas:

  • Las que prefieren no usar demasiado la inteligencia y dedican sus capacidades a consumir tele-basura, tele-series y fútbol; por otra parte, como son poco capaces de generar ideas propias, prefieren usar las que reciben precocinadas de los medios de comunicación, lo cual requiere mucho menos esfuerzo.
  • Los que han decidido usar su inteligencia con un solo objetivo, es decir, con un enfoque unilateral; y en este grupo distinguimos dos categorías:
    • Aquellos cuyo único objetivo es vivir manipulando a los demás; en esta categoría, y dejando a un lado las actividades contempladas en el código penal; tenemos a buena parte de los políticos y a los que controlan los medios de comunicación, que cocinan las ideas para consumo del primer tipo de personas.
    • Aquellos cuya unilateralidad se centra estrictamente en su propio beneficio, sin consideración alguna para los demás; y en esta categoría encontramos a los profesionales ambiciosos y a los hedonistas en general, en cualquier rama de la actividad humana.
  • Tenemos, finalmente, a los que deciden utilizar su inteligencia con el único propósito de desarrollar las capacidades inherentes a su naturaleza humana, y dedican sus esfuerzos a intentar entenderse a sí mismos, a la humanidad y al mundo en general, para lo cual leen libros, intercambian opiniones e intentar desarrollar ideas propias.

La experiencia me indica que este último grupo es, con diferencia, el menos numeroso, e incluso me atrevería a decir que se trata de una minoría realmente exigua. Las consecuencias que todo esto tiene para la vida social son dramáticas, puesto que la democracia parte del supuesto de que todos somos iguales, lo cual es una opinión extraordinariamente aventurada, y, en coherencia con ese principio, que cada persona tiene un voto y cada voto vale lo mismo.

El resultado evidente de tal supuesto es que la sociedad será siempre dirigida no por los más capacitados, sino por los que resulten elegidos por los grupos de población mayoritarios, que serán siempre los patrocinados por el grupo manipulador en su propio interés.

Esto se parece mucho a una situación sin salida, que supone una degeneración progresiva y creciente de la sociedad, como la que estamos viviendo, puesto que la única solución es que el grupo que no usa su inteligencia ni su sentido crítico se decidiese a hacerlo y a no dejarse manipular más. Pero, en la medida en que la falta de uso habrá sin duda mermado sus facultades intelectivas, es más que dudoso que tal posibilidad pueda darse en la realidad, por lo cual, la única salida para tal situación parece ser un derrumbamiento social de tal envergadura que obligue a empezar de nuevo, prácticamente desde cero, puesto que, en tal tesitura, la inteligencia y el sentido crítico – si queda alguno – será lo único capaz de volver a construir sobre las ruinas.

Lamento que esta reflexión haya levantado ampollas, que sin duda las ha levantado. Quien se haya sentido herido, si además de lamerse las heridas se atreve a darle dos vueltas al asunto, tal vez llegue a la conclusión de que el análisis, además de provocador, no es demasiado desacertado.

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