La demografía también afecta la economía

Por primera vez en España hubo 2.753 defunciones más que nacimientos durante el año 2015

El envejecimiento es de los mayores peligros para la economía española El envejecimiento es de los mayores peligros para la economía española

“La demografía cambia la economía” con este contundente titular abría el 19 de julio el suplemento de economía del diario El País, poniendo de relieve que la crisis demográfica es un hecho y que ha venido para quedarse.

España por primera vez en siglos ha visto como su población se ha reducido sin que se haya producido ningún acontecimiento catastrófico (guerreros, epidemias), sino que ha sido únicamente fruto de la evolución demográfica española. En concreto para el 2015 en España hubo 419.100 nacimientos y murieron 422.300 personas, lo que provoca que hubiera un crecimiento vegetativo negativo de 2.753 personas.

El factor determinante de esta dinámica ha sido la disminución de la natalidad, causada especialmente por el descenso del número de hijos por mujer y el aumento de la edad media de la maternidad que ha subido hasta los 31,9 años. Otro factor, pero que ha tenido un papel menos relevante, ha sido el aumento de la mortalidad, ya que a pesar de que la esperanza de vida sigue creciendo, cada vez hay más gente en edad avanzada y por lo tanto con unas mayores probabilidades de morir.

Cuando se presentan los efectos negativos de la evolución de la demografía, nos referimos especialmente a las consecuencias del envejecimiento de la población. Una buena forma de tomar conciencia de este fenómeno es a partir del ratio de dependencia, es decir, el número de personas mayores de 65 años que hay por cada 100 personas en edad activa (16-64 años). En 2050 se prevé que España tenga un ratio de dependencia de 69,5 personas, situándose sólo por detrás del Japón. Esta evolución sitúa a España como uno de los países del mundo que presenta un envejecimiento más intenso.

¿Cómo afectará la demografía a la economía?

La situación que están viviendo la mayoría de países desarrollados es una situación inédita y así lo remarca Beijin Ma, analista de Bank of America Merrill Lynch quien afirma que “vivimos en medio de la transición demográfica más grande de la historia”.

Esta situación provoca inquietud y preocupación en el mundo económico por el impacto que está previsto que tenga en la economía. El Banco de España, ya en su informe anual de 2015, apuntaba textualmente que “diferentes factores apuntan a una reducción considerable de la tasa de crecimiento potencial de la economía española en el medio plazo, que podría situarse entorno el 1,2% en el periodo 2020-2025 ante las tasas cercanas al 3% durante el periodo 2001-2008. Entre estos factores destacan el impacto del envejecimiento demográfico que, según las previsiones actuales del INE, llevaría a una caída de la población del 0,2% anual en el periodo 2020-2025”. Esta afirmación por parte del regulador español pone en evidencia que el envejecimiento tiene un efecto directo en el crecimiento económico de un país.

Los gastos en sanidad irán aumentando en los próximos años por el aumento de la esperanza de vida

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Algunos de los efectos más directos que este envejecimiento de la población tiene en la economía son, aparte de un menor crecimiento económico, un desequilibrio en las cuentas públicas, la distorsión de las políticas monetarias y la concentración del consumo en unos pocos bienes y servicios. De hecho Themis Themistocleus, jefe de inversiones del banco suizo UBS, argumenta que precisamente esta disminución del crecimiento económico provocará una menor inflación media haciendo que la política monetaria llevada a cabo hasta la fecha por parte de la mayoría de bancos centrales, los cuales sitúan su objetivo de inflación entorno al 2%, tengan que reducirlo en un futuro. Este hecho deja entrever que en general una economía envejecida es sinónimo de una economía poco dinámica. El mismo Themistocleus argumenta que ante una previsible falta de fuerza laboral en la mayoría de países avanzados, las mejoras en productividad serán claves para compensar la disminución de la producción y de los beneficios fiscales (impuestos).

En el sentido opuesto algunas voces han apuntado que una disminución de la población en edad de trabajar es una buena noticia para España, ya que permitirá que disminuya el paro, pero este beneficio sólo funciona en el corto plazo. De hecho la CEOE ha publicado un estudio que pone de manifiesto que si la actual tendencia demográfica se mantiene, en 2017 el paro habrá bajado al 18%, pero en 2025 ya lo habría hecho hasta el 8%, provocando que empieza a emerger la problemática de que muchas empresas tendrán dificultades en encontrar trabajadores con los perfiles necesarios. Por tanto y como afirma la misma CEOE “a medio y largo plazo la evolución del mercado de trabajo plantea una serie de incertidumbres por sus efectos sobre el potencial de crecimiento de la economía y por sus implicaciones en la sostenibilidad del sistema público de pensiones”.

Por último, señalar que las tendencias demográficas únicamente se pueden revertir a medio y sobre todo largo plazo si no se producen choques migratorios importantes. Esta característica provoca que si un país no reacciona antes de que se produzca el problema, muy difícilmente podrá revertir la situación cuando éste ya haya explotado. Las predicciones indican que España ya va tarde, pero aún hoy se pueden realizar reformas y políticas para intentar paliar al máximo los efectos de esta inédita transición demográfica.

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