La educación bajo mínimos

La convivencia en los centros escolares sufre un claro deterioro y la enseñanza ha llegado a un bajo nivel

La educación bajo mínimos La educación bajo mínimos

(Carlota Sedeño).- Algo falla en esta sociedad, en la escuela y en la familia para que se estén dando casos de padres que recurren a detectives privados para saber lo que hacen sus hijos. Y fácilmente se comprende que con detectives y policías no se llega a la solución de esta problemática. Muchas familias actuales se ven desbordadas ya que los padres están ausentes por motivos de trabajo y su autoridad está en crisis.

La convivencia en los centros escolares sufre un claro deterioro y la enseñanza ha llegado, en algunos casos, a un bajo nivel, hallándose muchos profesores en una situación casi de indefensión. La educación, que es un pilar básico en el desarrollo de una sociedad, está bajo mínimos en la familia y en la escuela.

¿Por qué se ha llegado a esta situación?

Son muy interesantes las  declaraciones que hizo en su día Carmen Iglesias, catedrática y académica de la Historia y de la Lengua, en referencia al enfoque de los estudios de Humanidades, desde hace años:”….se decidió que los magníficos institutos que había debían ser un aparcamiento de adolescentes en vez de verdaderos lugares de enseñanza. Lo que sucede en la Universidad no es más que una consecuencia de todo ese desastre. Uno de los fallos de nuestra democracia ha sido el abandono de la educación. Hoy, los adolescentes no saben de lengua, ni saben nada de historia del arte, ni de historia sagrada, y no estoy hablando de la asignatura de Religión. La pérdida de saber que se ha producido ha sido muy grande.”

La educación, en la familia y en la escuela, no se puede plantear con un objetivo de conseguir unos “mínimos” para evitar “accidentes mortales”. Hay que desterrar la nefasta idea, difundida desde hace muchos años, referente a que hay que dejar a los seres humanos libres para sus caprichos, desde su infancia. No se les puede contrariar porque pueden sufrir un “trauma”. O sea, dejar al pequeño salvaje que se vaya educando a sí mismo. Así se ha llegado a poner por obra la máxima del filósofo J.J. Rousseau: “La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna costumbre.” Lo que no se sabe  es que Rousseau, un estupendo comunicador, jamás educó a un niño porque los cinco hijos que tuvo fueron enviados a un hospicio.

Los niños y los jóvenes de ahora no están siendo educados para vivir una libertad responsable, no están acostumbrados a que se les exija, ni en casa ni en la escuela. No se les enseña el valor del esfuerzo y la importancia de la voluntad. Reciben, si quieren recibirlos, conocimientos pero la enseñanza de valores brilla por su ausencia en tantos casos… ¿Cómo extrañarse de determinadas conductas posteriores? Se recoge lo que se siembra y si la siembra fue deficiente ¿qué se puede esperar después?

La libertad de un ser humano se inaugura con el uso de la razón y, por tanto, la educación de la libertad no es algo que se pueda dejar para luego. Hay una poética frase de Juan Ramón Jiménez que dice mucho: “Bien seguras las raíces y bien sueltas las alas, seguridad de lo bien arraigado, libertad del infinito vuelo.”

Hay padres que saben lo que quieren e intentan educar coherentemente a sus hijos pero se desconciertan por la acción del ambiente, de la televisión, de determinadas amistades, etc. Es una cuestión difícil pero los orientadores familiares coinciden en que, cuando no hay autoridad, el problema se complica de forma extraordinaria. Los padres sumisos ignoran que su falta de autoridad les está permitiendo destrozar unas facultades que les reportaría a los hijos una personalidad madura y equilibrada.

Es absolutamente necesario transmitir valores y mostrar una conducta que enseñe con el ejemplo sabiendo explicar que, a veces, se producen fallos humanos pero que éstos se pueden remontar.  Y aunque la palabra “virtud” no se pronuncie ahora resulta tan válida como siempre. Andrew Mullins, director del Redfield College de Sydney,  dice lo siguiente: “Las sociedades occidentales han estado de acuerdo desde hace 2.400 años en que las virtudes son la base de la formación del carácter y del desarrollo de la personalidad.”  Muchos pensadores consideran, desde hace años, que los individuos actuales adquieren un alto grado de técnica pero su nivel humano ha descendido.  Aunque, gracias a Dios, un gran número de personas de diversos países occidentales se rebelan ante esta situación, no aceptan que esto suceda inexorablemente.

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