La educación en EEUU y en España: ¿qué sistema es más controlista?

Hace unos días una persona muy querida y muy progresista (por este orden) me llamaba la atención sobre un artículo de opinión que clamaba contra los a…

Hace unos días una persona muy querida y muy progresista (por este orden) me llamaba la atención sobre un artículo de opinión que clamaba contra los ataques de la derecha a la libertad académica en EEUU.
El artículo en cuestión, tiene dos partes muy claras. Por un lado se horroriza de que haya instituciones civiles (como el think tank The Middle East Forum) que defiendan posiciones comunes con el gobierno sobre política exterior y sobre la guerra de Irak. (Por supuesto una cosa es la sagrada libertad de opinión, y otra la libertad de opinión de los que llevan la contraria a los principios progresistas).
Por otro lado, nos habla del proyecto de enmienda H.R. 509 que modifica y amplía el capítulo VI de la Ley de educación superior de 1965. Esta enmienda propone que “la Secretaría de Educación establezca una junta asesora encargada de supervisar los 120 programas de estudios internacionales que se imparten en EE.UU.; dos de sus siete miembros representarán a los organismos federales responsables de la seguridad nacional”. Para el artículo: “Cualquier semejanza con los comisarios políticos de la ex URSS no es casual”.
En este artículo tan libertario se señalan las atribuciones de esta comisión, (en la que habría dos miembros nombrados por el gobierno, de un total de siete). Estas facultades, y si el propio artículo las destaca entiendo que son las más brutales, consisten en ambos casos en “formular recomendaciones sobre (…)”.
Por un lado, me entristece esa intromisión estatal en la gestión propia de las universidades. Como señala una de las citas de Ronald Reagan que aparecen en la homepage de American Review, es muy peligroso que el Estado se meta en mi casa, aunque sea con la mejor de las intenciones. Creo que es fruto del nerviosismo algo obsesivo que provoca el terrorismo en Estados Unidos y creo que es un error empezar por esa vía, que es ajena al pensamiento conservador tradicional.
Pero sobre todo me alegro de la renovada preocupación del progresismo hispano por estas intromisiones. En España, el Estado no “formula recomendaciones”, y menos en una comisión en minoría. El Estado tiene potestad de aprobar o no todos y cada uno de los planes de estudio de cualquier disciplina y de cualquier universidad.
 
Aprueba sus asignaturas optativas, las materias concretas que componen cada asignatura, una agencia estatal “acredita” a los profesores –y puede cerrar universidades si no tienen profesores acreditados-, regula los metros cuadrados de cafetería, de biblioteca, el número de profesores por alumno, el número de personal no docente por alumno y, lo que es sencillamente brutal, exige que la creación de universidades de iniciativa social sea aprobada por un órgano de representación política como son los parlamentos de las CCAA.
 
Es decir, que en función de cómo sea la composición política del parlamento en cada momento, un ciudadano o una asociación civil, o una fundación recibirán permiso o no para crear una universidad y el mismo Estado le dice a cada universidad qué títulos puede ofrecer y cuáles no. La última novedad, la nueva asignatura obligatoria impuesta por el Estado español a todos los escolares sobre “educación para la ciudadanía”.
En Estados Unidos, las universidades se crean libremente, hay un órgano de acreditación formado por la propias universidades, no por el Estado y, por supuesto, en ningún caso el Estado tiene que autorizar la implantación de una nueva carrera o su plan de estudios.
Cuando en España algo de esta normativa brutalmente estatalista se quiere tocar, la progresía se pone la pintura de guerra y se deja la piel en evitar la “privatización” de la universidad.
Cuando en Estados Unidos el Estado intenta poner un pie en la Universidad: “es una feroz dentellada a la libertad académica y una más que se propina a los ya maltratados derechos civiles en EE.UU.”
Y sin embargo, qué bien sigue quedando hablar de los “maltratados derechos civiles en Estados Unidos”. ¿Cuándo seremos los europeos dignos acreedores de la libertad que la izquierda siempre reclama para los ciudadanos norteamericanos?
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Publicado originalmente en American Review (15-03-2006) 
con el título La siempre apasionante lógica progresista 
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