La emisión volcánica lejana que paralizó a Europa

Leemos en la prensa: “Un volcán de calado menor ha provocado el mayor caos que se recuerda”. Una gran parte de Europa, de la civil…

Leemos en la prensa: “Un volcán de calado menor ha provocado el mayor caos que se recuerda”.

Una gran parte de Europa, de la civilización en que vivimos y de la que a veces nos enorgullecemos, ha quedado paralizada hace unos días por emisiones de un volcán perdido en medio del océano. En muchos países ni un avión podía volar, en alguna nación un 40 % de las exportaciones quedaron paralizadas, una gran proporción del turismo, del comercio, de las comunicaciones o de actos internacionales no han podido seguir su curso normal.

Con todo, hay algo maravilloso en tal suceso y es que no se hayan producido daños personales, algo así como si se tratara de una anestesia prodigiosa que paraliza cuerpo y mente, pero no daña al paciente.

Si pensamos que ni una hoja de un árbol se mueve al viento sin permisión de Dios, parecería que Dios nos ha querido dar un aviso misericordioso: Aviso porque nos ha mostrado que hechos ajenos a la voluntad humana pueden colapsar nuestra frágil civilización. Misericordioso porque ningún accidente letal ha sucedido.

Y en nuestra historia se han producido erupciones volcánicas muy graves e intensas (la última en Pinatubo, Filipinas, en 1991), con, a veces, trágicas consecuencias que han afectado a todo el mundo o a una parte enorme del mismo. En cambio, esta erupción que ha producido un colapso en Europa no ha originado daños dramáticos. Pero podemos reflexionar sobre lo que podría haber sucedido o puede suceder. Y nos invita a ser humildes constatando que nuestra sofisticada civilización se puede ver derrumbada por un humo lejano.

Muchos en nuestros tiempos adoran a la Naturaleza y interpretan que ella se venga del hombre. La elevan a ídolo despiadado, ya que muchos de ellos le ofrecen el sacrificio cruento de los niños no nacidos a través del aborto generalizado: en efecto, hay asociaciones internacionales muy influyentes que, al tiempo que mitifican la Naturaleza, para “no agredirla” se ven abocados, según su ideología pervertida, a detener la multiplicación de la raza humana incluso asesinando a los niños por nacer.

Esta gente guarda un cierto parentesco con un pueblo que sale en la Biblia: Los cananeos, de los que se dice en el libro de la Sabiduría “Y eran crueles asesinos de sus hijos…” (Sab. 12, 6). Pero que sin embargo ellos no fueron exterminados repentinamente, sino que Dios les envió primero un castigo de despreciables insectos y no –nos dice el libro– porque no pudiera hacerlo mayor o definitivo, sino para darles tiempo para que mejoraran su conducta: “Pero castigándolos poco a poco, les diste lugar a penitencia…” (Sab. 12, 10).

¿Serán, seremos, lo suficiente sensatos como para aprovechar el tiempo que nos da Dios para mejorar nuestro comportamiento?

Hay otra lectura posible de estos hechos, que son en sí mismos como páginas del libro de la vida del hombre: Y es que la Naturaleza no obedece fatalmente unas leyes ciegas, sino que está en manos de su Creador, de un Dios con entrañas compasivas y que, por tanto, inclina su oído a la oración del atribulado.

Vemos un ejemplo de cómo la oración puede suspender catástrofes naturales, en el propio Evangelio (Mt 8, 23-27):

“Y he aquí que se produjo en el mar una agitación grande, tal que las olas cubrían la nave, pero Él (Jesús) entretanto dormía. Y acercándose le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar y sobrevino una gran calma. Los hombres se maravillaban y decían: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”

La oración atribulada de los apóstoles obró el milagro.

Y en alguna aparición la Virgen ha dicho: “Por medio del ayuno (penitencia) y la oración se pueden evitar las guerras y se pueden suspender las leyes de la naturaleza”.

Y cabe pensar, por ejemplo, que la oración y sufrimiento de muchas personas desconocidas para el mundo, tuvo que ver con el inesperado final del comunismo en Europa, sin que, en general, se vertiera sangre, sin guerra.

Igualmente se puede uno preguntar si esta marea de oración anónima no haya hecho que ese fenómeno natural de la erupción volcánica, que en otras ocasiones ha ocasionado daños dramáticos y trágicos, no los haya producido en esta ocasión.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>