La escuela concertada

El valor que supone la educación que ofrece la escuela concertada en España no necesita demostración. Podría hacerse con las cifras en la mano de lo que el Estado se ahorra, pero basta con mostrarlo acudiendo al testimonio de los miles de padres que, año tras año, confían en este tipo de centros para sus hijos. Fruto de connivencias políticas con partidos radicales de izquierda, la hoja de ruta contra los colegios concertados se ha empezado a aplicar desoyendo el clamor de la gente, que como en el caso de Valencia ha llegado a echarse a la calle bajo el lema “Salvemos la concertada”, plantando cara a la Administración y reclamando algo tan obvio como que no se les coarte la libertad de elección a las familias.

La última andanada se ha producido hace tres semanas en Andalucía, con el pretexto de quitar cualquier tipo de ayuda a la Escuela Diferenciada. Sin esperar el fallo definitivo del Tribunal Supremo, la Junta ha aplicado el rodillo ideológico y ha anunciado que para el próximo curso no renovará el concierto a ocho colegios andaluces, cinco de Sevilla y tres de Córdoba. En el fondo todo este acoso, y la amenaza de reducción paulatina de los conciertos, ponen de manifiesto una concepción estatalista de la educación, enemiga de la iniciativa social y de la libertad de las familias.

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