La España católica

Es incuestionable que en España el catolicismo presenta todavía núcleos de gran vigor apasionados con Jesucristo. Esto sucede en …

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Es incuestionable que en España el catolicismo presenta todavía núcleos de gran vigor apasionados con Jesucristo. Esto sucede en el ámbito de las diócesis y también en el de los grandes grupos intraeclesiales. No es posible hablar de España sin olvidar que dos de las mayores respuestas de este tipo tienen fundadores españoles y se han extendido por todo el mundo. En primer lugar, la prelatura personal del Opus Dei y, posteriormente, el Camino Neocatecumenal. Detrás de ellas han surgido otras realidades menores, más jóvenes, pero todas dotadas de un extraordinario vigor.

No sería justo dejar de subrayar esta importante dimensión, pero también sería de ciegos negar otras realidades que señalan que España está siguiendo un camino sustancialmente distinto al de los otros grandes países católicos de Europa. Por un lado, su muy baja tasa de natalidad: las mujeres españolas no tienen hijos en una medida suficiente, muchas simplemente ni se lo plantean. No es normal. Se podrá aducir que hay una gran parte de razón de que todo juega en contra de la mujer que es madre. En la empresa, la falta de organización que permita compatibilizar la vida profesional y familiar, la falta de ayudas. Esto es cierto, pero entonces situaríamos esta falta de natalidad en el ámbito de la carencia económica. Por consiguiente, sería de esperar que las familias que disponen de buenos ingresos, en las que muchas veces la mujer no trabaja o trabaja pocas horas por vocación propia, porque no necesitan de este dinero, y que en bastantes ocasiones consume una buena parte de su tiempo en actividades que nada tienen que ver con la familia, este sector de población con más ingresos y sobre todo los casi 15 años de gran crecimiento económico, deberían haber generado también un hecho diferencial en la natalidad. No ha sido así, quien tiene más dinero no tiene más hijos. Por lo tanto, siendo exactas las limitaciones y siendo necesario que los poderes públicos las superen, ya vemos que no es toda la explicación.

Se puede aducir que se comparte esta situación con otros países católicos de Europa, ciertamente no con Irlanda, pero sí con Polonia e Italia. Pero es que no se trata solo de los nacimientos, también de las bodas y las rupturas matrimoniales. Ahí sí que la singularidad española es total y se encuentra a años luz de nuestros próximos vecinos italianos, los más lejanos poloneses y no digamos ya de los irlandeses. En España el número de matrimonios ha caído en picado en una década, mientras que el de divorcios se ha multiplicado, divorcios y separaciones, para no hacer trampas en el solitario, dado que el cambio de legislación generó también un cambio en la estructura del tipo de rupturas. ¿Cómo es posible que en poco tiempo casi nadie se case en España? De acuerdo, es una exageración, pero sirve para entendernos. No solo eso, los matrimonios civiles ya superan a los religiosos. Un país que tiene un fuerte sustrato católico no puede encabezar el ranking de los divorcios.

Y así podríamos continuar con otros aspectos, como el bajísimo nivel de católicos practicantes que encontramos entre los menores de 25 años y que son el anuncio de una crisis hace tiempo anunciada, más o menos lenta pero segura. El que el valor medio del católico practicante español resista todavía la comparación con otros países de Europa, aunque descienda año a año, es solo una cuestión de tiempo, porque simplemente se mueren aquellos grupos de población que presentan altas tasas de práctica religiosa, que son los de más edad, y van siendo sucedidos por grupos más jóvenes que no tienen esta práctica. En buena medida, Cataluña, que es vista como un área especialmente secularizada, en realidad, como algunos analistas han planteado hace ya unos años, no es nada más que un adelanto de una corriente que se está generalizando en España. Primero fue en relación a la práctica entre los jóvenes, después en la caída de matrimonios y la natalidad, y antes de todo ello, en el inicio, en la falta de vocaciones.

En el catolicismo español debemos replantearlo desde un análisis de la realidad, no para tirarnos piedras al propio tejado, sino para encontrar en nosotros mismos aquello que brota con fuerza y resulta, y saber distinguirlo de aquello que es pura ficción, es pura apariencia. El reportaje sobre el cura de Marsella, Michel-Marie Zanotti-Sorkine, que ha revitalizado su parroquia, es un ejemplo en buena dirección. Aunque no es necesario ir a Marsella, hay curas en España que han emprendido este camino, la cuestión es que todavía son demasiados pocos.

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