La esperanza hispana de la Iglesia… si se dan las condiciones

La inmigración hispana, mayoritariamente católica, hace ya años que tiene una presencia importante en EEUU y desde hace añ…

La inmigración hispana, mayoritariamente católica, hace ya años que tiene una presencia importante en EEUU y desde hace años también en España. ¿Cómo afectará eso a la Iglesia? ¿Serán los inmigrantes hispanos una inyección de fe y entusiasmo en las comunidades de Occidente?

John Burger, responsable de edición del NATIONAL CATHOLIC REGISTER, publicó hace algunos años un artículo en la revista CRISIS MAGAZINE planteándose el efecto de los hispanos en la Iglesia católica de EEUU y en la cultura norteamericana. Algunas de las ideas que se apuntaban en su artículo nos parecen interesantes y aplicables también en España, especialmente en las regiones del norte, más descristianizadas, como Cataluña y País Vasco.

La situación en Estados Unidos

En el año 2004 el 42% del voto hispano optó por el republicano George Bush, muchos más hispanos que en las anteriores presidenciales. Todos los analistas admitieron que el monopolio del partido demócrata sobre los hispanos había acabado, debido a la irrupción con fuerza del "voto por los valores", y la defensa de la vida y la familia. Bush, que como gobernador de Texas conoció el mundo hispano de cerca (hay parientes hispanos en el "clan Bush") supo jugar la baza.

El 30% de todos los emigrantes de EEUU son mexicanos. Desde hace primeros del 2000, los hispanos superan en número a los negros: en 2005 eran un 12% de la población de EEUU, la principal minoría del país.

Para la Iglesia Católica norteamericana, la realidad es apabullante: de cada 10 católicos, 4 son hispanos (el 39%). Los calculos para el año 2050 prevén que más de la mitad de los católicos del país sean hispanos y que para entonces sean un 25% de la población. Todo hace pensar en una Iglesia que, como decía Rubén Darío, "ama y reza en español".

Desde hace años, los obispos de América del Norte y del Sur trabajan con una idea pastoral continental conjunta y emiten documentos conjuntos. Tanto los obispados como las órdenes religiosas y los nuevos movimientos lo tienen cada vez más claro: en América, hay que aprovechar los recursos económicos y formativos del Norte y las vocaciones y recursos personales del Sur. ¿Y los emigrantes a EEUU? Ya lo decía Juan Pablo II en su exhortación "Ecclesia in America": "a menudo llevan con ellos una herencia cultural y religiosa rica en elementos cristianos".

¿Qué pasa cuando los hispanos, por lo general católicos, devotos, pro-vida, pro-familia, hechos a la vida comunitaria, llegan a una sociedad secularista, materialista y enfangada en la post-revolución sexual como Europa o EEUU?

Los aspectos positivos de la cultura hispana

En lo religioso, los hispanos católicos suelen tener una fe fuerte y tradicional, gran devoción mariana, sentido de comunidad y amor a la vida y a la familia. "La mayoría de los latinos tienen un mayor número de hijos, no favorecen el aborto -incluso si lo practican- no favorecen el control de natalidad, aunque en los hospitales muchas veces les fuerzan a emplearlo", decía hace ya ocho años Mario Paredes, que llevaba 27 en el Centro Pastoral Católico Hispano de Nueva York. "Traen consigo el humanismo cristiano como un componente importante que transmiten a los vecindarios donde llegan".

Las familias hispanas son papá, mamá, varios niños, los tíos, los abuelitos y abuelitas, los primos, los sobrinos, más niños, etc… "En el dolor, en la enfermedad, en la muerte, ves como se ayudan; muchos no tienen seguro y juntan entre todos el dinero para pagar las facturas", comentaba Mario Paredes.

Un punto débil está en las ocasiones que el emigrante está solo en una cultura individualista, con su familia desperdigada o a miles de kilómetros. Es fácil hundirse en esa circunstancia… o adaptarse al individualismo convirtiéndose en un individualista más. La familia protege contra esto.

Por esas fechas, para el arzobispo José Gómez, de la diócesis norteamericana de San Antonio, los hispanos tienen un sentido de comunidad basado en el ejemplo de Cristo, que tenía su propia comunidad con los Apóstoles. Esto hace que tengan éxito en las parroquias de EEUU tradiciones mexicanas (y de otros países hispanos) como las Posadas, que se celebran en parroquias o en casas los días previos a Navidad, conmemorando la búsqueda de posada de María y José en Belén. Es una ocasión para encontrarse con otros muchos parroquianos, incluso visitando las casas de quien organiza la Posada ese día. Junto con la tradición de familia extensa, se crean lazos entre familias, vecinos y parroquia que dan forma a una sociedad más vinculada.

Además está la poderosa apuesta por la vida de los países de origen. "En países como Honduras el aborto es algo en lo que ni se pensaría", comentaba Agostino Torres, un fraile Franciscano de la Renovación que trabaja con los sin techo de Nueva York y estuvo de misionero en Honduras. En el noviciado neoyorquino de los Franciscanos de la Renovación, una nueva orden de predicación y evangelización entre los más pobres, todos los novicios estudian español para usarlo en su trabajo en la calle.

Hay que invitarlos, más que acogerlos

La cultura hispana es muy relacional: todo se adopta de forma interpersonalista. "Yo voy si tú vas" o "ven, vendrá todo el mundo" son argumentos muy de peso. Por eso, un hispano solo, inmigrante, sin nuevos lazos formados, fácilmente rompe y desatiende deberes que antes atendía.

Alguien que era catequista en su pueblo de México, emigrado a una gran ciudad mexicana o incluso europea o norteamericana es muy posible que ni se pase por la parroquia. Al hispano hay que invitarle. En España, por ejemplo, se habla mucho de "acoger al inmigrante", pero con el hispano "acoger" no es "abrir la puerta de la parroquia a ver si entra y responderle a lo que me pregunte". Porque es muy probable que ni cruce la puerta. Hay que ir a buscarle a la calle e invitarle a entrar, ver, participar, conocer lo que la parroquia, el grupo, etc… ofrece. Es lo que hacen los grupos evangélicos y también las sectas, y el hispano responde a la invitación.

"Tras la ruptura de venir a este país tienden a ser laxos con su fe", explicaba Philip Maria, otro Franciscano de la Renovación a cargo dela casa Juan Diego en Nueva York. "Él es nuevo, no piensa automáticamente ‘vaya, soy católico, buscaré una parroquia’. Hemos comprobado que sólo con que se les invite ya todos empiezan a involucrarse. Pero no cruzarán el puente si no se les invita… es algo cultural".
Mejor en español: el idioma importa

Una vez en la parroquia, es importante que puedan rezar en su propia lengua. No les da lo mismo la misa en inglés (u otra lengua) que en español. Y lo mismo con otras devociones como el Rosario, o los grupos de adoración o de alabanza. Pensemos en un pequeño ejemplo: una diócesis de población católica como Nueva Orleans antes del huracán, con una fuerte presencia de la Renovación Carismática Católica, tenía 45 grupos de oración carismática en inglés ¡y 12 grupos más en español! Estadísticas parecidas podrían darse con otros grupos devocionales y parroquiales, y con mucho más español aún en Arizona, Florida, Texas, etc…

"A menudo la forma más íntima en la que puedes adorar y asistir a misa y seguir tu devoción es expresarte en tu lengua nativa", decía Al Hernández Santana, director asociado de Asuntos Hispanos de la Convención Católica de California. La experiencia demuestra que basta con abrir una misa en español, anunciarlo e invitar a los parroquianos hispanos para que rápidamente crezca la asistencia.

Incluso hay gente que piensa que cuanto menos se acerquen al inglés menos se acercarán a la cultura hedonista que les rodea: un estudio de hace años del Colegio de Medicina de la Universidad de Arizona demostró que los adolescentes hispanos de Arizona que usan sobre todo el inglés tienen el doble de posibilidades de estar sexualmente activos que los que usan sobre todo el español.

Problema: no hablan de sexo

Otro problema en lo que respecta a temas de sexo y vida es que las familias hispanas tienden a no hablar de sexo con los hijos. Dejan el tema en manos de la escuela pública, es decir, en manos de monitores y conferenciantes subvencionados por la industria abortista y anticonceptiva, con lo cual jóvenes católicos son sometidos a educación sexual anti-cristiana. La archidiócesis de Nueva York, a través de su oficina hispana de Family Life, intentaba entoncespotenciar la formación en "teología del cuerpo" en la línea de Juan Pablo II entre los jóvenes y los líderes hispanos católicos.

Entre las chicas mayores y las hispanas adultas, la industria abortista, en Nueva York como en Barcelona, busca clientes, chicas en apuros. "Viniste a este país a trabajar, no a tener un hijo", les repite. En Barcelona la famosa Fundación Morín -famosa por ser uno de los grandes centros abortistas de España y realizar abortos en directo en un congreso pseudomédico hace años- repartía folletos a chicas inmigrantes invitándoles a visitar sus instalaciones para consultas "emocionales, de papeles o de derechos de la mujer".

No hay dinero, no hay tiempo para educar

Hay también un problema económico de base: los trabajos menos remunerados, que requieren muchas horas (en el campo, en el servicio doméstico, etc…) no permiten a las familias inmigrantes atender y formar a sus hijos en los valores y la fe que recibieron de sus mayores. Estos niños, hijos de hispanos laboralmente agotados, serán incorporados a la cultura de la calle, de la TV y del colegio.Es decir, a los valores de la sociedad laicista, individualista y materialista de acogida.

Por eso, hay analistas como Mark Krikorian, director del Centro de Estudios de Inmigración, que opinan que los emigrantes que no tienen buenas perspectivas laborales sería mejor que quedasen en su país, donde al menos no sufrirían el desarraigo familiar, religioso y cultural.

No hacer rebajas en los sacramentos

Por último, a menudo la culpa del desarraigo y la laxitud la tiene la propia Iglesia en EEUU o España. Los hispanos son profundamente sacramentales, pero cuando un hispano ve que casi nunca hay horas para confesarse o que dan la comunión a feligreses en evidente estado de pecado mortal empieza a quitar valor a los sacramentos. En Nuestra Señora de Guadalupe de Manhattan, en plena Nueva York, el párroco Charles Murr, que trabajó 15 años en México lo explicaba así:

"Los mexicanos son gente de confesión frecuente, misa y comunión frecuente y adoración eucarística frecuente. Ningún mexicano honrado pensaría jamás en ir a comulgar sin estar en estado de gracia. Es sólo después de llevar un tiempo aquí y ver que esto no parece importante que dejan de ser así. Empiezan a creer que no importa cuando ven que sólo hay confesiones una hora los sábados por la tarde".
El padre Murr, en cuanto tomó posesión de su parroquia, enseguida anunció muchas horas reservadas para la confesión y su disponibilidad en cualquier momento para confesar.

Conclusiones fáciles de adaptar

John Burger sacaba conclusiones en su artículo que no son difíciles de adaptar al caso de España. "En vez de reconstruir a los hispanos a nuestra imagen, a nuestra cultura Anglo-Protestante, secularista, individualista, los católicos de EEUU haríamos bien en fomentar la fe que los hispanos traen y animar su expresión pública. Después de todo, somos miembros del mismo cuerpo."

Sustituyendo la "cultura anglo-protestante" por nuestras particularidades en España, no parece impropio decir lo mismo respecto de los hispanos que pasan ante las puertas de las parroquias y comunidades de Oviedo, Bilbao o Tarragona.

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