La fascinación de la diferencia‘, por Carmelo Lisón Tolosana

Este es un libro que aborda un tema tan especial que parece dedicado sólo a los expertos en la evangelización jesuítica del Japón; o aquellos que por …

Este es un libro que aborda un tema tan especial que parece dedicado sólo a los expertos en la evangelización jesuítica del Japón; o aquellos que por un motivo extraño se sientan atraídos por las extrañas epopeyas de la historia de la Humanidad.

 

Todos sabíamos de las peripecias de los jesuitas en aquel alejado mundo oriental. Sin embargo la evangelización del Japón tendíamos a verla como una quimera fruto del entusiasmo apostólico de unos cuantos clérigos. En nuestro imaginario, la fe encendida de unos hombres parecía enfrentarse a la cruda realidad: la difícil tarea de evangelizar una cultura extraña. Pero esta obra intentará demostrar lo contrario: la evangelización de Japón generó reflexiones de alto calado teológico, político y antropológico.

 

Debemos advertir al lector que este no es un libro de apologética sino un libro de Antropología cuyo contenido es la evangelización como encuentro entre dos culturas. Por eso, aunque es respetuoso con lo cristiano, el paradigma –y el lenguaje- que rigen estas páginas es claramente científico. Dicho esto, se puede elogiar este escrito pues permite el acercamiento a la obra evangelizadora de los jesuitas que asombra por su magnitud y nos da a entender por qué los jesuitas fueron realmente una de las Congregaciones más importantes de la Cristiandad.

 

El autor, experimentado antropólogo religioso, escoge tres personajes para establecer los tres paradigmas que rigieron el proyecto de evangelización nipón. En primer lugar se nos presenta la figura de San Francisco Javier. El autor quiere resaltar que San Francisco Javier no fue un imprudente evangelizador sino que las categorías de la racionalidad se mantuvieron muy presentes a la hora de abordar el proyecto evangelizador. Por sus cartas, sus estudios previos, sus posteriores consejos a otros misioneros, podría decirse que San Francisco Javier captó la esencia del encuentro entre dos culturas.

 

Uno de los problemas mas importantes con los que se encontraron los primeros jesuitas era la malsana costumbre de la pederastia en los Bonzos. Motivos de incomprensiones y disputas, en ningún modo alteraron la labor misional ya que San Francisco Javier supo ver que los vicios se transformaban en costumbres y éstas eran difíciles de desarraigas.

 

El sucesor de nuestro navarro universal, será el jesuita Cosme de Torres, valenciano. Este es el segundo personaje investigado. Aunque menos conocido que San Francisco Javier, este valenciano desempeñará una labor fundamental a la hora de consolidar la presencia del cristianismo en Japón. Cosme de Torres puso en marcha la “enculturización” de los jesuitas. Quiso evangelizar Japón “desde dentro”. Para ello, los jesuitas fueron adoptando las formas de vestir y los rapados propios de los japoneses.

 

También fue consciente de la necesidad de formar un clero autóctono y puso los medios para ello. Pero la enculturización no era suficiente. De nuevo, y siguiendo la estela de San Francisco Javier, hubo de alentar las disputas públicas con los monjes bonzos, denunciándolos constantemente de abusar de los jóvenes sirvientes o “chigo”. La labor de mimetización fue ardua y no contó con el beneplácito de Roma que instaba a los jesuitas a no abandonar la tradicional vestimenta del cura católico.

 

Un último personaje estudiado es el Padre Alexandre Valigano, napolitano. Sucederá al Padre Cosme de Torres. A diferencia de su antecesor –centrado más en las relaciones individuales- este jesuita desarrollará un gran plan global de evangelización. Percibe este jesuita que la evangelización sólo podrá realizarse si se comprenden las estructuras políticas y de estratificación social del Japón. Un empeño difícil, pues Japón está fracturado políticamente en un feudalismo agonizante y belicoso. A los jesuitas les tocó ser parte de esa historia de Japón y sufrir con los reveses políticos de aquellos señores que se habían convertido al cristianismo.

 

El libro acaba alabando la labor de los jesuitas que supieron forjar formas de “encuentro intercultural”. Sin embargo, echamos en falta un último capítulo dedicado a la abrupta eliminación de los jesuitas en el Japón. La reacción de los bonzos –quizá previendo su final- fue radical, iniciándose una cruelísima persecución contra el cristianismo. Quizá después de todo, nos olvidamos que para que haya encuentro cultural, las dos culturas deben desearlo.

 

La fascinación de la diferencia.

La adaptación de los jesuitas al Japón de los samuráis, 1549-1572.

Carmelo Lisón Tosolana

Akal

Madrid, 2005

211 págs.

 

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