La fe en cifras, unos datos que dicen mucho

practicantes

El Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat de Catalunya acaba de hacer público su Barómetro sobre la Religión, 2016, una encuesta de 1600 entrevistas a la población catalana mayor de 16 años.

Del mismo pueden extraerse diversas y provechosas enseñanzas. De entrada, nos dicen dos cosas: una que el declive católico puede continuar, pero que al mismo tiempo hay un campo de acción prometedor. Puede continuar por la simple inercia demográfica: los menores de 35 años son mucho menos creyentes y más agnósticos y ateos, que las generaciones precedentes. La simple inercia demográfica genera un proceso de sustitución que reduce los católicos y acrecienta los no creyentes.

Pero, al mismo tiempo, hay signos claros de que puede existir una recuperación si se actúa más y mejor en las líneas de avance adecuadas. Por ejemplo, en torno a la clase de religión en los centros públicos, una batalla a la que la Iglesia parece haber renunciado, así como una recuperación de la formación religiosa cristiana en los centros confesionales. Y esto en relación a los alumnos, a lo que debería añadirse la búsqueda de la implicación de las familias en esta tarea educadora. La clase de religión es un vector, en este sentido, que puede ayudar y mucho

Y ¿por qué esta es una vía prometedora?. Porque él 62% educó o educa a sus hijos en la fe, y ahora, si tuvieran que hacerlo, un 34% lo haría con toda certeza, y un 14% más probablemente también lo haría. Un 46%, casi la mitad de la población manifiesta una clara predisposición. Entonces ¿por qué no aprovechar este potencial?  Hay más datos que apuntan en un sentido parecido. Para el 78% es importante conocer las religiones, con el detalle nada menor que el subepígrafe de que quienes lo califican de “muy importante” ha crecido, desde el 2014, del 14,8% al 22,9%. El 70% de los encuestados considera que es bueno que exista educación religiosa en la escuela -pero no significa que deba ser sobre una confesión determinada- Pero, es que además el 55,6% están a favor de la actual clase de religión y, por tanto, de naturaleza confesional por un 38,6% que está en contra. A pesar de ello, son estos últimos los que cortan el bacalao en los centros y en la opinión pública, otro déficit claro de presencia y actuación. De los que están en contra, una tercera parte se declaran católicos no practicantes y un 13% practicantes. ¿No hay en esto último un motivo de reflexión y un estímulo para la tarea?

Otra línea de acción se relaciona con quienes se definen católicos y quienes pueden considerase practicantes. Desde el punto de vista de la subjetividad de cada persona, en Catalunya del orden del 22% al 25% pertenecen a este último grupo. Es mucho en una sociedad de minorías y fragmentación. El problema es que no están suficientemente “trabajados”, concienciados, no se les ayuda a construir su identidad. Veamos las cifras: El 50% de la población se considera con creencias religiosas, y de estas, la mitad se define como practicante, es decir, el 25%. Esta cifra es consistente con el agregado de quienes afirman asistir al centro religioso como mínimo una vez a la semana, y los que acuden como mínimo una vez al mes, que son el 22%, de ellos, un 12% con asistencia semanal. De quienes no asisten, un 15% sobre el total desearían asistir con más frecuencia; la mitad de ellos aducen razones de falta de tiempo, de trabajo. Un 15% como potencial objetivo es muy alto, supera el número de practicantes. Solo que la tarea para su mayor identificación tuviera éxito en un tercio de los casos, los practicantes crecerían casi un 50%.

En relación a los no practicantes, y cruzando diversos resultados de la encuesta, se puede inferir con márgenes amplios el potencial de retorno. El grupo más numeroso, el que nunca acude a la iglesia, el potencial recuperable, se sitúa entre el 46% y el 16%, mientras que en los que acuden alguna vez al año la magnitud está entre el 62% y el 20%.  Incluso, situándonos en las cifras mínimas, también en este caso la dimensión de lo alcanzable exige por su importancia una línea de tarea centrada en estos dos sectores.

Es necesario salir de los cuarteles de invierno y actuar, porque hasta ahora no solo hay una perdida por la inercia demográfica apuntada al principio, sino que hay otro factor que no puede ignorarse. Son más los que se apartan de la fe, que quienes vuelven a ella o acuden por vez primera. Un signo del déficit en la tarea de evangelización.

Hay otra señal distinta, que debería confirmarse, indicativa de que puede haber un tenue cambio. No es suficiente, pero sí resulta significativo. Parece que existe una cierta revitalización del sentido y práctica religiosa entre los más jóvenes (16-24 años) en relación con el grupo que le sigue en edad (25-34 años). Este dato es a su vez coherente con otro. Si bien el grupo con mayor índice de práctica es el de los mayores de 65 años, el siguiente es precisamente el más joven, de 16 a 24.

Por último, apuntar que existe una diferencia significativa, una vez considerado el error muestral, entre la población catalana de lengua castellana y la de expresión catalana, en el sentido que la primera detenta un peso más importante de población católica. Es un dato de interés que merecería ser profundizado toda vez que la Iglesia en Cataluña se ha caracterizado siempre por su aportación a la lengua y cultura catalana

Si los Planes Pastorales, no todos ciertamente, fueran revisados en el sentido de limitar su exceso de teoría y abstracción y su déficit de objetivos y metodología prácticos, es decir, si se realizaran planes de acuerdo con lo que tal nombre significa, los resultados serían mucho mejores. Los actuales tienden a ser, sobre todo, declaraciones de intenciones. Siendo prácticos: si una vez formulado cada Plan en los términos habituales, una comisión de personas preparadas para tal tarea, lo tradujera en términos reales de planificación y programación, seguro que los resultados cambiarían como de la noche al día.

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One comment

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    “la población catalana de lengua castellana y la de expresión catalana, en el sentido que la primera detenta un peso más importante de población católica.”

    Estaría bien saber si es debido a los cristianos venidos de Suramérica, o si ello se da también con los catalanes de origen.

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