La fragancia del amor

¿Se puede amar en un mundo de “consumidores esenciales de ocio”?

Iván López Casanova nacido en Tenerife en 1959 es Licenciado en Medicina, Cirujano, y Máster en Bioética. Ha impartido numerosas conferencias sobre adolescencia y sobre Antropología filosófica para universitarios y es autor del libro: “Pensadoras del siglo XX”.

He recogido parte de su valioso y especialísimo testimonio que nos puede ser útil para poder adentrarnos en el apasionante mundo de la educación en el amor.

Preguntamos en algún caso, y preguntan en otros.

Y él, con hábil agilidad mental contesta.

En el Siglo XXI, ¿le resulta fácil o le ayuda su condición de cristiano católico con su profesión de cirujano?:

  • Evidentemente, si se posee esta visión religiosa se avanza un poco en los misterios de la enfermedad, el dolor y la muerte, tan presentes en mi profesión.

También se avanza en ver y tratar al otro como “prójimo y compañero”, hechos estos de evidente fondo evangélico.

¿Existe y se puede argumentar una filosofía de la esperanza para el siglo XXI?:

  • Hay mucha gente desmoralizada, desanimada por lo que ve a su alrededor. Nadie duda de que esta crisis que padecemos se alimenta de profundas deficiencias éticas, y eso desalienta. Pero, por ejemplo, en las reflexiones aportadas por las pensadoras Hannah Arendt o María Zambrano hay una base intelectual en la que puede florecer la esperanza:

Esperanza con la que el ser humano se vuelva a ilusionar en mejorar como persona, en ser mejor, en amar.

¿Se puede amar en un mundo de “consumidores esenciales de ocio”?

¿Pueden amar mientras se entretienen con juegos, se emborrachan, se divierten, perdidos en un mundo irreal y egocéntrico.

  • Octavio Paz , Premio Nobel de Literatura, en su libro de 1993 titulado: “La llama doble”, se refiere con valentía a esta situación actual:

“La licencia sexual, la moral permisiva ha degradado al Eros, ha corrompido la imaginación humana, ha resecado las sensibilidades y ha hecho de la libertad sexual la máscara de la tiranía de los cuerpos”.

Y también:

  • “Se suponía que la libertad sexual acabaría por suprimir tanto el comercio de los cuerpos como el de las imágenes eróticas y la verdad es que ha ocurrido exactamente lo contrario”.

En esta sociedad maravillosa en la que nos ha tocado en suerte vivir, que ha llegado:

  • A la conquista social de la Democracia, del Derecho y de las instituciones.

Que ha llegado además:

  • Al avance espectacular de la ciencia y de la tecnología…

En esta sociedad, deslumbrante en tantos terrenos, cada persona tiene que aprender el uso de su propia libertad interior, para orientar sus decisiones libres hacia el bien y para hacerse capaz para la donación y el amor:

  • Solo así la persona individual será feliz y el ambiente social, un ambiente respetuoso y en perfecta y deliciosa armonía.

Por eso, gran parte de la educación consiste en enseñar a los hijos a ser:

  • Capaces de aprender a amar.
  • Capaces de aprender a dar y recibir.

Porque, como dice Paz con perspicacia:

  • “Hay una conexión íntima y causal, necesaria, entre las nociones de alma, persona, derechos humanos y amor”.

Asegura este mismo autor:

  • “Aunque el amor sigue siendo el tema de los poetas y novelistas del siglo XX. Este gran amor está herido en su esencia, no conecta con la noción de persona”.

Por eso en este artículo les traslado una idea central:

  • “Hay que recuperar la idea de educar para el amor, con su doble llama, el cuerpo y el alma”.

Enseñar a los hijos a amar con el cuerpo; y eso significa asociar lo moral a lo afectivo, porque estas dos dimensiones: el amor y la ética, son las que nos hacen humanos, personas, seres espirituales con cuerpo, psique y espíritu:

  • Esto supone formar a los hijos, a los jóvenes, con criterios éticos. Por ejemplo, en relación a la pornografía.

Octavio Paz se perturbaba ante las gigantescas proporciones del fenómeno de la pornografía y reflexionaba:

  • “Lo escandaloso no es que se trate de una práctica universal y admitida por todos, sino que nadie se escandalice, esto indica que nuestros resortes morales se han adormecido”.

También:

  • “El gran ausente de la revuelta erótica de este fin de siglo ha sido el amor”.

Tenemos que educar para el amor: sin complejos, sin tapujos y sin ambigüedades, porque la revolución sexual lamentablemente se ha olvidado de él. Se ha olvidado de que si algo como el amor se deja a un lado todo se desvanece, todo pierde: su energía, su fragancia, su entusiasmo y su vitalidad.

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