‘La Fuente de Vida’, de Joaquim Meseguer García

Las imágenes del agua y de la fuente son recurrentes en la Biblia y cobran un sentido muy especial en el Nuevo Testamento. Por ello han merecido una a…

Las imágenes del agua y de la fuente son recurrentes en la Biblia y cobran un sentido muy especial en el Nuevo Testamento. Por ello han merecido una atención especial desde el tiempo de los Padres y también en la teología y espiritualidad medievales.

Nuestro tiempo es más parco en recurrir a las imágenes bíblicas, en parte porque son más lejanas a la experiencia y también porque al vivir en una cultura de la imagen la capacidad para recrear, en la propia imaginación, lo que leemos ha quedado muy disminuida. Sin embargo la tradición es rica en obras que tomando como hilo conductor una de esas expresiones bíblicas desarrollan el don que Dios hace de sí mismo y la salvación que se ofrece al hombre.

Joaqum Meseguer, sacerdote y teólogo, reflexiona en este libro a partir de algunos textos bien conocidos. En la primera parte se detiene en el diálogo de Jesús con la samaritana, mostrando como la sed del corazón del hombre sólo puede saciarse en Jesucristo. Después toma el texto de Jeremías sobre las cisternas agrietadas, subrayando cómo los esfuerzos para buscar agua en otros sitios que no sean Dios acaban en la desilusión, el vacío e incluso en el drama.

Señala después como Jesús se ha encarnado para encontrarse con cada hombre y ofrecerle el agua salutífera que nos llega por su palabra y el don del Espíritu Santo. El ofrecimiento de Dios conlleva la apertura del hombre y que éste acepte libremente lo que se le ofrece. El correlato del don es la libertad, de la que nunca se prescinde en el plan de Dios. El libro se cierra abierto a la vida eterna y el descanso completo en Dios, donde se sacia la sed del hombre.
La sed es una sensación molesta y agobiante, pero es también un medio de defensa contra la deshidratación, al hacernos notar la necesidad de agua; de otro modo, sin una sensación semejante, acabaríamos muriendo sin notarlo.
La sed nos impulsa a buscar el agua para saciar una necesidad vital; todos los seres vivos tienden hacia el agua; el salmista lo expresa con bellas palabras en una de las composiciones poéticas más hermosas de la Biblia: «Como anhela la cierva las corrientes de las aguas, así te anhela mi alma, Dios mío» (Salmo 42, 2).
En esta obra, todo lo relacionado con el agua adquiere un significado especial: fuentes, lagos, mares, cisternas, ríos son continentes de ese elemento líquido tan importante para mantener la vida en nuestro planeta, y a la vez son símiles o reflejos de esa otra agua no menos importante y del todo necesaria, en esta ocasión para el espíritu, como es la fe en Jesucristo.
 
Estos lugares no solamente son portadores de agua, sino que son ellos mismos el agua que contienen y transmiten. Así, cuando decimos que "Dios es fuente de vida", estamos diciendo que es la vida misma que se nos da en abundancia. En cuanto su ser, Dios es "agua viva"; en cuanto don que se da a sí mismo y se comunica es "manantial" y "fuente".
Dios nos invita a purificarnos y a beber el agua de vida en la comunión con Él. Únicamente en Aquél que nos ha creado y nos ha redimido por su Hijo Jesucristo encuentra sentido nuestra existencia humana y nuestro caminar por el mundo, caracterizado siempre por la búsqueda.
El libro puede adquirirse por Internet a través de la dirección http://trafford.com/07-0224 

LA FUENTE DE VIDA
Hallar en Cristo el sentido de la vida

Joaquim Meseguer García
Trafford
78 páginas
Juan Hernández

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