La Generalitat de Catalunya y el totalitarismo de género

La ideología de género comporta el fomento de la homosociedad como proyecto político. Es decir, la transformación de las i…

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La ideología de género comporta el fomento de la homosociedad como proyecto político. Es decir, la transformación de las instituciones de acuerdo con los planteamientos del homosexualismo político y su conversión en uno de los grupos de poder dominante.

Naturalmente, siempre que un proyecto minoritario que no cuenta con ningún aval democrático pretende imponerse por la vía del Estado se origina una práctica totalitaria basada en gran medida en la coerción.
La Generalitat de Catalunya y su gobierno tripartito es uno de los ejemplos paradigmáticos de este proceso. Esta institución, por ejemplo, es la única de esta naturaleza que forma parte como tal del ILGA, la Internacional Gay y Lésbica. Cataluña es el único lugar donde existe un fiscal para atender sólo a las denuncias sobre presuntos delitos contra los homosexuales, a pesar de que éstas son escasas. Es una circunstancia que no se produce con ningún otro colectivo. Además el fiscal se reúne periódicamente con las organizaciones políticas de este carácter para intercambiar puntos de vista, algo que sería insólito en otros ámbitos sociales donde la delincuencia es mucho mayor y más cruenta. El Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat tienen consejos para asesorarles en las políticas sobre homosexualidad, bisexualidad, transexualidad y transgénero, pero nunca se les ha ocurrido constituir un consejo donde estén representadas las familias para dialogar sobre las políticas en este campo.
Ahora, se perfila, de no impedirlo, una nueva discriminación contra los médicos psiquiatras que atienden a personas homosexuales que intentan superar su condición. Su actividad médica puede verse amenazada considerándolo una mala práctica. La hoja dominical del PSOE, es decir, El Periódico, ya ha iniciado la caza de brujas apuntando de entrada a dos psiquiatras, Joaquin Múñoz y Joan de Dou porque se atreven a atender a los homosexuales que se sienten a disgusto con su condición.
Las tragaderas políticas y éticas de nuestra sociedad son tales que de entrada no se abrirá una respuesta a tal discriminación, a pesar de lo fragrante de la contradicción y el carácter discriminatorio que entraña.

Si un hombre o una mujer, padre o madre de familia, en un momento de su vida descubre que debe rechazar su historia pasada y pasar a ser homosexual, ‘salir del armario’, y para ello necesita ayuda psicológica, no solo la tendrá sino que será aplaudido y acompañado por los medios de comunicación. Declararse homosexual entraña una especie de celebración social. Por el contrario, si un joven que ve crecer dentro de él esta pulsión desea oponerse a ella, desea ser, o al menos intentarlo, heterosexual deberá hacerlo en una cierta clandestinidad porque los grupos del homosexualismo político automáticamente lo considerarán como una agresión. Y ahora, en el caso concreto de la Generalitat de Catalunya, se da un paso más y se intenta perseguir a los médicos psiquiatras que pretenden ayudar a estas personas.

Nadie tiene derecho a impedir que un médico especialista ayude a una persona a superar la su pulsión homosexual, más cuando las causas de la homosexualidad, culturales, biológicas, ambas, son desconocidas. Si la ideología de género pregona la provisionalidad de la condición sexual no se entiende que de tal principio sólo quede excluida la homosexualidad.
La lógica final de este planteamiento es que la especie humana tiene un estadio deseable que es la homosexualidad. Nadie puede negarse a avanzar en este camino ni ayudar a evitarlo. Y existe otro estadio no deseable, en cualquier caso siempre provisional, que es el heterosexual. Es evidente que este es un planteamiento irracional, oscurantista, que conduce simplemente al suicidio social, que carece de apoyo en la sociedad y que por ello entraña una acción totalitaria que la indiferencia de esta misma sociedad, que no lo acepta, facilita. No es nada extraño. Los totaliltarismos que llegan al poder de manera incruenta, siempre en una primera fase, pueden promulgar leyes y realizar acciones que le son favorables por la inanidad de la mayoría. Y cuando ésta intenta reaccionar porque se da cuenta del engendro resulta demasiado tarde porque los mecanismos de poder ya no están en sus manos.
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