La gran quimera y los científicos benéficos

La quimera es ese ser mitológico en parte animal y en parte humano. La biotecnología la redescubre ahora como proyecto real. La Comisión de bioética d…

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La quimera es ese ser mitológico en parte animal y en parte humano. La biotecnología la redescubre ahora como proyecto real.

La Comisión de bioética del Reino Unido parece favorable a que se puedan injertar un núcleo humano en un óvulo de vaca. En nombre de la ciencia será el primer paso para producir la monstruosa quimera.

Este nuevo ser tendría, desde el inicio, un código genético humano pero su interacción con el entorno celular animal determinaría otra cosa. Quienes proponen esta línea de trabajo se han apresurado a decir lo de siempre, aquello que forma parte del discurso tópico:

a) Lo hacen en beneficio de la humanidad y para curar muchas, muchísimas enfermedades aunque no quede nunca claro cuáles y, sobre todo, cómo y cuándo.

b) Nunca lo dejarán crecer más allá de unas cuantas divisiones para que jamás llegue a generarse una bestia humana. Naturalmente y de momento esta última autolimitación inglesa es perfectamente innecesaria, simplemente porque nadie sabe como hacerlo. Lo que sí está claro es que este paso abrirá la puerta que pueda permitir el avance en este sentido, siempre, claro está, en beneficio de la humanidad y los pobres enfermos.

En España ya se han precipitado voces que afirman que con la actual legislación también se puede trabajar en esta línea. Faltaría más. La ley española lo permite absolutamente todo. Naturalmente el gobierno, mejor dicho, sus instancias instrumentales, deben dar su permiso, pero nunca lo negarán a algo que entrañe tamaño progreso, así, en abstracto, PROGRESO.

En realidad las razones que se dan para abordar esta línea de investigación son todavía más insostenibles que las aplicadas a la investigación con embriones humanos. Se dice que se necesitan óvulos de vaca porque no hay suficientes óvulos de mujer para investigar. Es una broma de mal gusto. Cada año miles de universitarias “donan” sus óvulos a cambio de la módica cantidad de 1000 euros o más.

En una sociedad como la nuestra, como la del Reino Unido, pagando estos precios ¿cómo quieren que escasee una materia prima que se produce con tanta facilidad y tan poco esfuerzo?

Intentan conseguir una aplicación cruzando vaca con humano cuando ni tan siquiera lo han conseguido en el ámbito más teóricamente sencillo de utilizar células embrionarias humanas, con el agravante que se desconoce absolutamente como va a interactuar el entorno celular animal con el humano y el material embrionario que de ello va a resultar.

En cualquier caso lo que es más importante subrayar tanto en esto como en las investigaciones con embriones humanos y, en particular, con la clonación, es que el discurso oficial da por descontado que todos los científicos son seres buenos, benéficos y abnegados. Esto es una falsedad radical.

Los científicos son como todo hijo de vecino, excelentes personas y perfectos malvados, desinteresados y capaces de vender a su madre y a sus hijos por un beneficio de cuenta corriente o de orgullo. No son mejores ni peores que los demás, y no pueden andar por ahí intercambiando cromos, es decir, dinero, dinero de todos, entre ellos, porque de la misma manera que el ejército es demasiado importante para que en último término lo dirijan solo los militares, la ciencia, sobre todo ésta, es demasiado peligrosa para que solamente se juegue entre científicos.

Para que existiera la bomba atómica fue necesario que un grupo de mentes brillantísimas, empezando por el propio Oppenheimer, lo hiciera posible, por prestigio, por patriotismo, por lo que fuera. Después de ver la “BOMBA” algunos se arrepintieron. ¡Fantástico!, pero otros muchos han continuado mejorándola y ahora aquello inicial es un pequeño juguete comparado con las armas nucleares actuales.

Para que exista la guerra química o la guerra bacteriológica no bastan con políticos, empresarios y militares. La condición necesaria fundamental es que existan científicos dispuestos a fabricar armas terribles para exterminar al mayor número de personas.

Y si hay tantos dispuestos a trabajar, cobrar y vivir con prestigio en todos estos campos, ¿acaso no habrá el número necesario para que respondan a las distintas motivaciones de fabricar clones humanos, quimeras, e incluso a un nivel más modesto, producir investigaciones y más investigaciones subvencionadas, porque esta fue su línea inicialmente escogida? Y que aunque no conduzca a nada, les permite seguir disfrutando de un estatus económico y social que dejaría de existir si asumieran su fracaso.

Los que miran bobaliconamente todo este mundo y aplauden su discurso son colaboradores necesarios para que prosperen estos trozos de bestia.

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