La gran ruptura antropológica (I)

sociedad

Nuestro tiempo, el de la sociedad desvinculada, vive una ruptura inédita en la histórica de la humanidad. Se trata de la ruptura antropológica, que significa la destrucción del reconocimiento de la naturaleza humana ocasionada por unos grandes vectores.

Uno es el de la perspectiva de género, que destruye el vínculo entre la condición natural y la condición cultural del ser humano Por esta extraña teoría, el sexo de las personas, su fundamento natural, no tiene significación, lo único que cuenta es la concepción cultural imperante. Un hombre no lo es tanto por el resultado de su dotación cromosómica y hormonal, por su genotipo y fenotipo, sino por el rol cultural masculino que la sociedad impone, y lo mismo para la mujer y el niño, en lugar de que su rol masculino fuera en lo básico la proyección de su condición natural, biológica. De ahí la necesidad de liberar culturalmente la condición que consideran sexualmente polimorfa del ser humano, establecida a base de contemplar, no la normalidad estadística, sino su excepción, y otorgando a esta la función canónica de la definición.

Desde esta perspectiva, la maternidad no es la realización natural de la dimensión material, física y psíquica de la mujer, sino una opción más entre otras y, además, vista con reserva, cuando no con oposición, porque implica un abandono temporal de la dimensión profesional, y un “supeditarse” al hombre.

La perspectiva de género es una construcción irracional contradictoria contraria a la ciencia en lo que significa de ignorancia de las leyes de la naturaleza, que establecen nuestra condición sexuada construida sobre una base genética, y una continuada acción bioquímica. Es una visión radicalmente incompatible con la concepción evolucionista, que necesariamente tiene, en la transmisión de la mejor capacidad sexual, su lógica radical. Un solo ejemplo lo manifiesta con rotundidad: el pregonado polimorfismo de la identidad sexual solo funciona en una dirección: un hetero puede -es celebrado- tomar conciencia de su condición homosexual, pero un homosexual no puede pensar en convertirse en hetero, hasta el extremo de que algunas legislaciones, casos de las comunidades autónomas de Madrid y Cataluña, prohíben cualquier apoyo a aquella decisión. Es una actitud que muestra muchas de las dimensiones negativas de la teoría Gender. Pero ahora y en el hilo del razonamiento solo queremos subrayar una. Si esta concepción respondiera a la realidad significaría que la naturaleza del ser humano, la condición estable, sería la homosexual, porque no sería reversible. Esta idea indicaría que la especie debería haber evolucionado hacia su condición más estable, más apta, la homosexual, precisamente la no reproductiva por excelencia.

El segundo vector de la ruptura antropológica es el de la concepción utilitaria de la vida humana. A pesar de las apelaciones a la dignidad humana, bien visibles en el conflicto europeo con los refugiados, solamente se puede acudir a este fundamento para levantar la bandera de la solidaridad y la acogida, en realidad, crece la visión utilitaria. Es también la muerte como solución, en el aborto, en la eutanasia. Una sociedad envejecida con dificultades para crecer económicamente y mantener su estado del bienestar tendrá una tentación creciente de declarar que existen vidas que no valen la pena ser vividas. La presión ambiental sobre los viejos de pocos recursos puede ser inmensa, porque su muerte generará un ahorro notable.

El tercer vector es la modificación de la base material de la condición humana por medio de la biotecnología. El trabajo con embriones como paso previo a la clonación humana, la selección de los hijos perfectos, es el camino hacia la sociedad Gattaca.

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