De la homosexualidad al homosexualismo político

Día del Orgullo Gay, Madrid

La dinámica que ha transformado la homosexualidad en homosexualismo político es la que conduce de los derechos humanos a una ideología política, que persigue transformar la sociedad y sus instituciones de acuerdo con su proyecto político. Esa es la cuestión. Existe un proyecto GLBTI que no trata de derechos sino de poder político

Una ideología política que transforma los derechos -los que poseen como personas- en privilegios exclusivos de las organizaciones GLBTI, que implican cuestiones como la reivindicación de que los medios de comunicación adopten siempre un discurso positivo cuando se refiere a personas GLBTI.

Los homosexuales, en un pasado donde las libertades fueron cercenadas para todos, sufrieron una especial penalización. La reclamación de su derecho a ser considerados como todas las demás personas era de justicia, pero de ahí no se puede pasar a reclamar que todas las instituciones se transformen para acomodarse a sus peculiaridades, ni que conviertan la sexualidad en la única expresión de la identidad humana, porque esto es una simplificación brutal de la naturaleza de la persona, una ruptura con toda nuestra cultura, la forma de entendernos. Esta es la razón por la que muchos homosexuales que viven su situación desde la normalidad y otorgan a su sexualidad el mismo papel que aquellos otros que no lo son, rechazan el homosexualismo político.

El homosexualismo político goza de un trato de favor inaceptable por parte de los poderes públicos. Su bandera política se enarbola en ayuntamientos, como Madrid y Barcelona, que son casa de todos, y no solo suya. Ningún otro colectivo goza de tal privilegio. ¿Por qué? Reciben cuantiosas subvenciones que les permiten un plus de presencia pública y rezuman privilegios en sus manifestaciones, no solo por la invasión ruidosa e incívica del espacio público, sino por el excepcional trato que reciben, como en el  caso de Madrid donde su gobierno municipal considera que es más importante su fiesta, que el descanso nocturno de los vecinos.

Se aprueban medidas contra la discriminación homosexual, como si solo ellos fueran el grupo que las sufre, cuando otros muchos la experimentan en mayor medida e impunidad, los pobres, los inmigrantes, los subsaharianos, los gitanos, las mujeres embarazadas y los hombres de más de 45 años en el ámbito laboral. En lugar de elaborar leyes contra la discriminación, sea cual sea el sujeto que las sufra, solo se atiende al sujeto GLBTI. Por otra parte ¿qué comunidad discriminada puede celebrar fiestas como el día del Orgullo Gay o el Pride Parade de Barcelona? ¿Quién puede creer seriamente que esa es la imagen de un grupo sufridor cuando hace ostentación de exhibicionismo en ocasiones grosero, de falta de respeto hacia las creencias de los demás, que predica el vicio del orgullo, lo contrario a la virtud de la humildad. Una sociedad no puede vivir bien a base de “orgullos”.

En su dinámica de conquista política, envalentonados por el silencio de unos y el apoyo de otros, han llegado ya a estigmatizar a la mayoría de hombres. Es lo que hace el desgraciado manifiesto “GetafeTieneOrgullo” cuando declara: “Existe la pirámide social de la discriminación. En la cúspide está el hombre, heterosexual, cisexual y blanco. Un hombre que será de clase media o alta, sin diversidad funcional, joven, delgado. Incluso perteneciente a la fe mayoritaria

Esta definición convierte a los hombres, eso sí solo de ingresos medios y altos, blancos, jóvenes, delgados y católicos, en discriminadores. Podríamos tomarlo a broma, pensando si los homosexuales viven mejor en las sociedades de estos hombres que en las africanas. Pero no hay que ridiculizarlo Hay que tomarlo en serio, hay que decir que es una declaración de fobia a los varones, y a los blancos, lo cual es racismo. Expresa una ideología de exclusión y conflicto inaceptable, que convierte en cómplices a quienes lo apoyan. PSOE, Podemos, Cs y PP, deben manifestar si comparten esta ideología,

Es necesario terminar con la confusión entre la defensa de los derechos de las personas y la ideología de orientación totalitaria del homosexualismo político. Esa es la diferencia que hay que ahondar y el debate a generar. Existe un partido trasversal GLBTI y su proyecto es un peligro para una sociedad democrática y convivencial.

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2 Comments

  1. 1

    Sobre las reivindicaciones del grupo GLBTI, hay dos cosas que no consigo entender, una es que califiquen todos sus actos y reivindicaciones de “orgullo”. Orgullo ¿de qué? Para sentirnos orgullosos de algo es porque ese algo nos ha costado un esfuerzo y una dedicación. El ser gay o sus derivados, uno entiende que no constituye ningún mérito. Tampoco ningún demérito, porque es una condición en el que la que la padece o la ostenta no ha hecho ningún sobreesfuerzo o sacrificio para ello. No son responsables de serlo, como no es responsable de ser alto o bajo, moreno o rubio, quien tenga estas peculiaridades. Y donde no hay responsabilidad tampoco puede haber ni pecado ni mérito, porque no ha costado ningún esfuerzo, sino que es una condición otorgada gratuitamente.
    La segunda cosa que tampoco entiendo de este colectivo es que, para ensalzar su condición, necesiten rebajar hasta el ultraje las condiciones de otros símbolos religiosos en las que por supuesto no creen. Yo tampoco creo en muchos de estos símbolos y dogmas, pero considero que merecen un respeto por la gente que sí cree en ellos. Cuando alguien necesita devaluar al supuesto contrario es porque tiene muy poca fe en los propios valores, porque sino se dedicaría a ensalzarlos, en vez de depreciar los ajeno, scomo vienen haciendo por sistema.
    Es una actitud que hoy por hoy les viene saliendo barata, porque sin duda que no se atreverían a hacer lo mismo respecto a los islamistas, porque ellos las gastan de otra manera, y eso que ante ellos sí tendrían más motivos, por la persecución que vienen sufriendo en esos países islámicos. Tampoco se habrían atrevido hacer eso aquí, en tiempos de inquisición, porque la santa inquisición, onefasta inquisición, no se lo habría tolerado.
    Bien está que reivindiquen sus derechos, que yo no les niego, pero con el respeto que merecen los demás. Porque quien no respeta al semejante no merece respeto propio.

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