La ideología de género, ahora en el deporte: el COI permite que los transexuales se puedan ‘dopar’ con testosterona

A pesar de ser un anabolizante prohibido, pasa a ser el indicador válido para que un hombre o mujer deportista que decide cambiar de sexo pueda competir con quien no son sus iguales en origen, descartando así el elemento biológico

¿Qué pasará cuando un transexual gane una medalla olímpica bajo la sombra del dopaje? ¿Qué pasará cuando un transexual gane una medalla olímpica bajo la sombra del dopaje?

Con un goteo constante, la ideología de género se va imponiendo en todas las actividades de una sociedad que ha perdido el norte y se muestra incapaz de aplicar el sentido común a cuestiones fundamentales, aunque para ello tenga que destruir la razón de ser de su propia cultura. Es la sociedad de la desvinculación.

Un nuevo ejemplo lo tenemos en la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de recomendar a todas las federaciones deportivas que admitan a deportistas transexuales con la única condición de que su nivel de testosterona sea el adecuado.

Así, los hombres que quieran cambiar de sexo y competir con mujeres deberán someterse a tratamientos con estrógenos que frenen la producción de testosterona, la hormona de la masculinidad, hasta alcanzar un nivel inferior a 10 nanogrados por milímetro de sangre.

En el caso de las mujeres que deseen competir como hombres, para atajar la producción endógena de estrógenos, se les permitirá competir aunque para ello se traten con testosterona sintética, un anabolizante prohibido por el Código Mundial antidopaje.

Desaparece así de la escena del control deportivo lo que hasta ahora se les exigía a los deportistas transexuales, que se operen para extirpar los órganos que definen su sexualidad, como testículos, gónadas, ovarios, útero o senos.

La diferencia entre competiciones deportivas masculinas o femeninas ya no depende pues de los atributos sexuales y de que las 23 parejas de cromosomas sean todas C o XY, sino del nivel de testosterona. Es decir se descarta el elemento biológico.

“Dar ventajas a una minoría”

Sin embargo, la decisión del COI, basada en la exigencia de considerar la identidad de género en las competiciones, ha generado una inmediata polémica dentro de la comunidad del deporte, es decir entre fisiólogos, deportistas y, en ocasiones, los propios transexuales, por lo que conlleva también de injusticia.

De hecho, a partir de ahora se hace verdaderamente difícil determinar cuándo se habrá producido una sobredosis de testosterona cuando la persona afectada tenga la autorización terapéutica de la misma. ¿Qué dirán sus competidores cuando un transexual gane una medalla olímpica con la sombra del dopaje flotando en el ambiente?

A algunos les “parece justa la norma de los 10 nanogramos de límite, aunque sea superior a la testosterona de cualquier mujer”, como señala Alejandro Lucía, fisiólogo de la Universidad Europea de Madrid, en una información publicada el pasado lunes, 8 de febrero, en el diario El País.

“Los niveles normales de testosterona oscilan en las mujeres entre tres y 9,5 nanogramos por mililitro, mientras que en los hombres van de 30 a 120 nanogramos, En las mujeres son más bajos durante la pubertad y la adolescencia, mientras que en los hombres se disparan en la pubertad y permanecen estables hasta descender en la vejez”, añade.

Ahora bien, “aunque sus niveles de testosterona hayan bajado, los que hayan competido como hombres y pasen a hacerlo con mujeres mantienen ciertas ventajas”, reconoce María José Martínez Patiño, ex atleta y miembro de la comisión científica que redactó las recomendaciones del COI.

“Sin embargo, aunque no esté de acuerdo con esta norma, el COI ha sido valiente con su norma, pues no se puede dejar en un limbo deportivo a los transexuales. Lo más importante es que está abierto a evolucionar, a dialogar”.

"Dar ventajas a una pequeña minoría para integrar la identidad de género en las normas deportivas". ¿Es ese un argumento justo?

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La ideología de la confusión

Por su parte, José Antonio López Calbet, profesor de fisiología del ejercicio en Las Palmas, muestra su preocupación cuando concluye que “pese a su menor desarrollo somático, en deportes con categorías de peso pueden llegar a gozar de ventajas sobre los hombres. Pero supongo que más vale dar ventajas a una pequeña minoría para lograr un bien mayor, que es la solución al problema de integrar la identidad de género en las normas deportivas”.

Es decir, la ideología de género ha de llegar a todas las esferas de la vida social, aunque para ello puedan producirse situaciones de una gran confusión. Porque a nadie se le escapa que, jugando a rebajar o aumentar los niveles de testosterona de los o las deportistas en las competiciones oficiales, a buen seguro que en más de una ocasión se va a beneficiar a una minoría en detrimento del resto de competidores o competidoras.

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Baños sin sexo

Otro ejemplo de esa ideología de la confusión lo tenemos en la ciudad de San Francisco, cuna del movimiento gay, donde a partir del 12 de enero los comercios, bares, restaurantes y lugares públicos en general tienen la obligación de adaptar sus lavabos a personas que sean transgénero o que, sencillamente, prefieren no definirse públicamente al escoger la puerta del baño.

En septiembre pasado ya lo hizo la escuela primaria Miraloma, en el barrio de Portola, que fue la primera en ofrecer unos baños sin hacer distinción por sexo entre los pequeños.

La medida provoca la paradoja de que los comercios que cuenten con un solo baño, cuyo uso carezca ya de distinción, no tendrán que hacer cambios. Sin embargo, los que cuenten con dos, orientados para mujeres y hombres, sí tendrán que hacer reformas.

 

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