La idolatría del fútbol

El fútbol ha llegado a alcanzar una dimensión que bien puede decirse que se acerca a lo idolátrico. Pasiones desmesuradas, gastos…

Forum Libertas

El fútbol ha llegado a alcanzar una dimensión que bien puede decirse que se acerca a lo idolátrico. Pasiones desmesuradas, gastos increíbles, retribuciones excesivas fuera de toda medida, lo caracterizan. Es curioso que, con la misma facilidad que, en ocasiones injustamente y en otras con plena justicia, se critican las grandes percepciones de las que disfrutan empresarios y especialmente banqueros, para los futbolistas exista una bula especial y nunca sea cuestionada la cantidad enorme de dinero que reciben los que son las primeras figuras.

Los argumentos a favor de estas retribuciones son conocidos: que si se lo merecen, que contribuyen al espectáculo y atraen todavía más dinero, que se esfuerzan de una manera extraordinaria… Pero, todo esto podríamos aplicarlo a otras actividades profesionales vistas con ojos mucho más críticos. Un joven al que le gusta el deporte que practica no puede considerarse un sacrificio extremo el que viva unos años de su vida centrado en él si además a cambio recibe cifras millonarias. Naturalmente, hay clubs y jugadores, muchísimos, la mayoría, fuera de esta órbita. Pero este grupo no forma parte de esta situación de idolatría que criticamos.

Cuando el franquismo, se afirmaba que el régimen ‘inflaba’ el fútbol para distraer la atención de las personas de los problemas reales del país, de la toma de conciencia sobre ellos. ¡Qué ingenuidad! Visto lo que hay ahora, el fútbol de la época de Franco era un simple juego de niños en medio de la calle. El factor que lo ha cambiado radicalmente todo es la televisión. Ella ha aportado una inyección de gigantismo económico y mediático, y algunos empresarios dedicados a este medio han ganado dinero a espuertas fabricando este gran castillo. Algunos, como Roures, encima se permiten ser de izquierdas y afirmar que el mundo ha de cambiar, mientras ellos inyectan alienación a base de llevar hasta las últimas consecuencias el espectáculo futbolístico.

La desmesura del fútbol presenta otros inconvenientes. En algunos casos, como en el del Barcelona y el del Real Madrid, han abducido a todo lo que le rodea. En el caso de Cataluña, es clamoroso lo que sucede con la televisión pública, absolutamente colonizada por el Barcelona, con la más plena predisposición de los dirigentes de televisión porque saben que esta es una forma de mantener la cuota. Es decir, recursos públicos puestos a disposición de inflar este globo que ha alcanzado un tamaño excesivo, y que a pesar de ello es incapaz, como lo demuestran los datos, de hacer frente a sus más elementales obligaciones con Hacienda. La deuda de muchos clubs de Primera División resulta un ejemplo peor que la dicha amnistía fiscal, porque es una situación de privilegio aceptada por los poderes públicos y que constituye un ejemplo pésimo para los demás. Sólo se perdona porque es el fútbol, como se perdona que los jugadores puedan haber permanecido durante muchos años en una situación fiscal de privilegio.

Una sociedad que vive tan pendiente del circo, el circo actualizado e incruento, es una sociedad que presenta una debilidad congénita. Deberíamos reflexionar más y mejor sobre cómo reconducir este fenómeno que en nada beneficia.

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