La Iglesia como coartada electoral

El gobierno llega a la cita de las elecciones con un pésimo bagaje. Las ilusiones de renovación creadas han ido cayendo más o menos estrepitosamente, …

Forum Libertas

El gobierno llega a la cita de las elecciones con un pésimo bagaje.

Las ilusiones de renovación creadas han ido cayendo más o menos estrepitosamente, y lo que en un momento determinado pareció audacia ahora se constata que es frivolidad cuando no simple oportunismo ligado al engaño.

Todos los que han confiado en Zapatero han terminado mal, y eso políticamente pasa factura. Ante las elecciones no puede exhibir ninguna de las que pretendía que fueran sus grandes bazas.

Su fulgurante aparición en política internacional con una rápida retirada de Irak, se ha convertido a final de cuentas en una situación de absoluta marginalidad política, incluida Europa, ocupando un papel muy inferior al que le correspondería a España por su peso económico. Casi toda la política exterior española cabe en un pañuelo y se reduce a conseguir que el rey Hassan esté de buen humor.

Lo de ETA mejor ni lo hablamos, y lo de la reforma autonómica lo que ha conseguido es generar un conflicto de los que hacen época.

La política educativa, que empezó con la machada de cargarse la ley anterior, la LOCE, y de no consensuar la nueva, se salda con un fracaso estrepitoso, así como la vivienda.

En sanidad el alardeado crecimiento de la población ha generado una presión que se traduce en un creciente deterioro que no va acompañado de los recursos económicos necesarios para compensarlo.

Leyes emblemáticas para el gobierno como la de la violencia de género constituyen un fracaso porque lo único que han demostrado hasta ahora es que sirve para procesar a hombres, 50.000 hasta este momento y faltan por resolverse más de 100.000 causas, mientras asesinan más mujeres que nunca.

Lo único que se le ha ocurrido para salvar la cara al gobierno de ZP son medidas populistas del tipo “coge el dinero y corre”, y así ha repartido esa miseria de 2500 euros por nacido, que por su intento de manipulación, merece ser acotada: el coste medio de criar y educar a un hijo se sitúa entre los 4.500 y los 6.000 al año, el límite del periodo de gasto se sitúa en un mínimo de 18 años, si se toman la molestia de multiplicar euros por años y después le restan los 2.500 euros del Sr. Rodríguez, constatarán el valor real de la ayuda. Lo que aquí te dan para toda la vida del hijo en Francia te lo pagan cada año.

El problema de la vivienda se lo solventan a base de estas ayudas al alquiler, que ya han tenido un efecto inmediato. En las grandes ciudades los precios de alquiler ya han subido cuando precisamente los precios de la vivienda van de capa caída. Como ya sucedió con una medida parecida anterior, el propietario no ha hecho otra cosa que añadir al antiguo precio la ayuda en cuestión. Era lógico que pasara porque se trata de un mercado con mucha demanda y poca oferta.

Finalmente, la buena situación económica, que constituía la última gran arma del gobierno, se está hundiendo a pasos acelerados porque la crisis aunque ahora solamente vivamos sus inicios, es muy rápida y puede llegar a ser muy aguda.

Ante esta perspectiva el gobierno no ha tenido ningún empacho en resucitar una de las viejas maldiciones españolas: el enfrentamiento con la Iglesia. Ya lo utilizó con resultados desastrosos durante la II República, y ahora Zapatero y su equipo vuelven a emplear un anticlericalismo y un anticatolicismo de lo más burdo y grosero.

El papel de José Blanco descalificando a Benedicto XVI acusándole de que está en contra de la igualdad del hombre y la mujer con afirmaciones del tipo “que entiende que la mujer se quede en casa y con la pata quebrada”, es penoso para el país, y estúpido políticamente. Primero porque se enfrenta al conjunto de la Iglesia y no solo a la parte que vive en España, segundo porque ofende innecesariamente a los católicos, y tercero porqué una vez más, por razones estrictamente de consumo interior, agreden verbalmente a un jefe de Estado.

El gobierno ha conseguido tener malas relaciones con EEUU, con Merckel, a quien el propio Zapatero descalificó antes de ganar las elecciones, con esa visión de lince que le caracteriza, se metió a apoyar a Ségolène, y ahora debe ir necesariamente de palmero detrás de Sarkozy. Y si vuelve a ganar en marzo, cosa que está por ver, tendrá un problema de no te menees con el Vaticano. ¿Todos estos conflictos artificiales benefician a España?

Lo que demuestra Zapatero y su equipo, Blanco, Caldera, etc. es que ellos y los católicos, en términos políticos que no humanos, somos radicalmente incompatibles. Mientras ellos gobiernen no habrá paz, y habrá una profunda división en España debido a sus manipulaciones y agresiones continuadas.

Por si fuera poco, de una manera también absolutamente alejada de la más mínima finura política, Zapatero intenta influir en las próximas elecciones de la Conferencia Episcopal Española, cargando contra los obispos “malos”, cardenales en este caso, Cañizares y Roucco, y elogiando al obispo “bueno”, que sería Blázquez.

Es decir, hace exactamente lo mismo que de lo que acusa a los católicos, a los obispos: meterse en medio de unas elecciones, con una diferencia radical: los católicos y los obispos, como ciudadanos que son, tienen todo el derecho del mundo a opinar politicamente, mientras que un gobierno democrático no puede intervenir en las decisiones internas de una organización de la sociedad civil.

Con Zapatero lo que hay que hacer a partir de ahora es examinarle de todos sus compromisos, resultados, promesas como gobernante, sin dejarle buscar la huida fácil de la bandera anticlerical.

Y para eso habrá que empezar a preguntarse en qué consiste su política de justicia social. En definitiva, qué es lo que le identifica como un partido de izquierdas. Hablaremos de ello.

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