La Iglesia de Inglaterra se opone al matrimonio gay

La Reina de Inglaterra es la autoridad suprema de la Iglesia anglicana y, a su vez, está sujeta a la política que determina el gobierno …

La Reina de Inglaterra es la autoridad suprema de la Iglesia anglicana y, a su vez, está sujeta a la política que determina el gobierno de turno. Esta doble relación acaba de plantear una paradoja al conocerse que la Iglesia anglicana se opone a la pretensión del Gobierno británico de permitir el matrimonio homosexual.

En una respuesta a la consulta del Gobierno sobre matrimonio entre personas del mismo sexo, cuyo plazo termina el 14 de junio, la Iglesia de Inglaterra afirma que no puede apoyar la propuesta de facilitar “a todas las parejas, independientemente de su género, tener una ceremonia de matrimonio civil”, según informa la agencia Zenit.

La respuesta oficial de la Iglesia de Inglaterra ha sido enviada al ministro del Interior, acompañada por una carta de los arzobispos de Canterbury y York que también advierten de que “tal cambio alteraría la naturaleza intrínseca del matrimonio como unión de un hombre y una mujer, como esta establecido en las instituciones humanas a lo largo de la historia”.

“La posibilidad de la procreación”

Además, el documento de la consulta, según la Iglesia de Inglaterra, implica erróneamente que hay dos categorías de matrimonio, “civil” y “religioso”, “esto es confundir la ceremonia de la boda con la institución del matrimonio”.

La Iglesia anglicana estima que cambiar la comprensión estatal del matrimonio, por consiguiente, cambiará el modo en que se define el matrimonio por todos, a pesar de que el gobierno asegure lo contrario, y cambiarla la naturaleza de los matrimonios celebrados en iglesias y otros lugares de culto.

“Varios de los principales elementos de las propuestas del Gobierno no han sido suficientemente meditados y no parecen ser muy legales. Las aseveraciones ministeriales de que la libertad de las Iglesias y otras organizaciones religiosas debería ser salvaguardada son, aunque genuinas, de limitado valor, dado que una vez que la ley fuera cambiada las decisiones clave serían para los tribunales del país y europeos”, dice el texto.

Hay que recordar que “el matrimonio beneficia a la sociedad de muchos modos, no sólo promoviendo la reciprocidad y la fidelidad, sino también reconociendo una subyacente complementariedad biológica que incluye, para muchos, la posibilidad de la procreación. La ley no debería tratar de definir más allá de la objetiva distinción entre hombre y mujer”, señala el comunicado de la Iglesia.

“La Iglesia ha aprobado la remoción de previas desigualdades legales y materiales entre parejas heterosexuales y del mismo sexo. Cambiar la naturaleza del matrimonio no añade adicionales ventajas legales a las ahora concedidas a las parejas civiles”.

La respuesta de la Iglesia de Inglaterra concluye que “imponer por esenciales razones ideológicas un nuevo significado para un término tan familiar y fundamental como el matrimonio sería profundamente imprudente”.

Para la Iglesia de Inglaterra, el cambio de legislación que prevé el Ejecutivo británico provocaría un conflicto entre sus preceptos y la legalidad democrática, lo que podría conducir a los prelados anglicanos a dejar de oficiar ceremonias matrimoniales.

Una gran paradoja

Pero, al mismo tiempo, no es menor la paradoja que se plantea con esta decisión perfectamente argumentada de la Iglesia anglicana, en contra de la decisión del Gobierno británico.

Y es que la cabeza visible de la Iglesia de Inglaterra es la Reina de Inglaterra, quien a su vez está supeditada a la política que determina el Gobierno. De hecho, cuando lee un discurso es el discurso que le elabora el Gobierno de turno, sea laborista o conservador.

Así las cosas, cabe preguntarse: ¿Y ahora qué?, ¿tiene lógica ante esta contradicción que la Reina sea la jefa de máxima autoridad de la Iglesia anglicana?

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