La Iglesia, la campaña del IRPF y la misión

Iglesia

Señalar en la casilla correspondiente de la declaración de la renta aquella que señala la aportación a la Iglesia se ha convertido en una especie de buen sufragio anual cuyo éxito debe importar activamente a todos los católicos. Si todos somos Iglesia, la campaña también es una tarea de todos. La propia institución convierte esta acción en un despliegue de información de excelente factura que permite dar a conocer -y ese es otro hecho positivo- todo lo bueno que lleva a cabo entre año y año fiscal. Constituye un ejemplo de cómo actuar en una acción, además de carácter unitario, para todas las diócesis. No hay ninguna en que sobre este punto impere el silencio.

Es una acción ejemplar que, precisamente por su bien hacer, debe mover a una reflexión necesaria: ¿Por qué limitar su metodología a solo una petición de ayuda económica? ¿Por qué este esfuerzo de información y motivación a gran escala, sincronizado, sinérgico -que aun admite muchas mejoras con una mayor actividad de las parroquias- no puede extenderse también una vez al año a la tarea fundamental de la Iglesia, el misionar para la evangelización?

El que diga que esto no es necesario porque ya se hace de manera cotidiana no aduce un motivo razonable. Primero, porque también de manera cotidiana o semanal, la Iglesia colecta dinero para causas específicas o generales, y esto no impide la gran campaña anual de marcar la “X”. Segundo y decisivo, porque puertas afuera esta acción sobre los bautizados que no practican y los no bautizados se hace poco, es escasa, muy limitada en el número de concernidos.  De ahí que evangelizar a partir de la experiencia informativa y motivadora de la campaña del IRPF, sería un cambio extraordinario, un hacerse presentes en la plaza pública. El tiempo de adviento o la Pascua a partir del Domingo de Ramos, o ambos ¿por qué no?, podrían ser periodos adecuados, la señal para desplegar una cita anual extraordinaria con la misión, cada año renovada, creativa, que significaría, además, en su preparación, consecuencias y estímulo, un hilo conductor extraordinario para la acción diocesana y parroquial cotidiana.

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One comment

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    Impera un silencio de corte episcopal. ¿Por qué razón la AEAT ejercicio fiscal 2016 me desclica mis dos crucecitas grabadas del 0,7? Lo que no me desclica y sí me clica es mi grado reconocido de ITP. La normativa IRPF no contempla un tipo de retención, en base a la situación particular conocida por la AEAT del consorte pensionista, en los emolumentos del consorte trabajador. Y por tanto el primer día hábil de declaración de renta ejercicio 2016 procedí a la declaración conjunta en gestión sin papel. Me (nos) urgía la devolución inmediata de nuestra financiación a la AEAT durante todo el ejercicio fisccal 2016. Financiación que se efectúa año tras año todos los meses, en la nómina ajustada a ley fiscal del consorte que percibe emolumentos. No vayan de pardillos si es su caso. Trataré el próximo año de no tener prisa en cobrar lo que es nuestro, para hacer las correciones de crucecitas conocidas por Hacienda. La diferencia fiscal entre conjunta e individual asciende a unos tres puntos desde tiempo immemorial. Tres puntos que ni mucho menos es la cantidad ya percibida. Pues está por encima de estos tres puntos, No es el primer ejercicio que pasa esto. En una declaración conjunta aflora el despropósito fiscal. ¿O es que acaso no hay más casos de trabajo renumerado un consorte y el otro pensionista ITP?

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