La Iglesia no debe rehuir la opinión pública

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Recordar que vivimos en la sociedad de la comunicación, que estamos sumergidos en ello. Resultaría sobrero si en nuestro país, más en unos lugares que otros, la Iglesia parece estar desinteresada por la formación de la opinión pública. Los ejemplos son tan continuados que basta con recoger dos de los últimos. Uno está referido a la nota sobre la necesidad de que las formas para la eucaristía se realicen con trigo no modificado, , y su afectación potencial a los celiacos. La otra surge de una pretendida sentencia del Tribunal de Justicia Europeo que ha vuelto a reabrir la batalla del IBI en algunos ayuntamientos, con Badalona (215.000 habitantes), el más importante, a la cabeza.

En ambos casos se persigue una crítica injustificada a la Iglesia que, incluso, concita el apoyo de algunos católicos. Pero esto sucede porque las instancias y los medios eclesiásticos no están por la labor. Actúan como si no fuera con ellos. Desde exageraciones -caso del gluten- y malentendidos, a falseamiento de la realidad en el caso del IBI, donde para empezar no existe tal sentencia que lo justifique, continuando por el hecho de que la escuela cristiana no tiene la exención por cristiana, sino por escuela, todo cuela sin contrapunto, sin forja de la opinión por la parte interpelada. ¿Cómo puede existir una comunidad católica sin opinión publica que surja de ella? ¿De qué sirve que tantos miles de personas asistan a la eucaristía y escuchen las homilías, acudan a múltiples reuniones eclesiales, si no son debidamente informados, orientados de las realidades que los interpelan porque dejan malparada a la Iglesia? Cuando uno no se preocupa de llenar el vaso de la opinión publica sencillamente otros lo llenan. Y eso es lo que sucede.

La necesidad de informar, comunicar por todos los medios disponibles, materiales y presenciales, es imperiosa. No es explotada la ventaja de la Iglesia de ser a la vez una organización capilar en red y una estructura jerarquizada; es decir, al igual que la luz, presenta dos estados distintos, el de onda y el de partícula, y eso sobre el papel le confiere una ventaja singular, que no siempre es aprovechada. No es porque sí que sea tan baja la valoración de la institución que aportan las encuestas de manera reiterada. La batalla de la opinión pública sigue pendiente.

Claro está que existen también respuestas en positivo. Es el caso de la diócesis de Valencia, para citar una, donde en fecha muy reciente se ha constituido el Observatorio para la Libertad de Enseñanza con la finalidad de mostrar la realidad de la enseñanza concertada, los ataques que registra y las consecuencias que entrañan, para contribuir a la formación de una opinión pública bien informada.

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