La ignorancia sobre el cristianismo o la ciencia como ideología política

conseguiríamos la inmortalidad si pudiéramos beber del santo Grial Doctor Martínez: "conseguiríamos la inmortalidad si pudiéramos beber del santo Grial"

La Ignorancia sobre el cristianismo existe en personas sobradamente preparadas pero con una falta de conocimiento de sus significados. Esto, con ser importante, tendría una relevancia menor si algunas de estas personas no se permitieran aleccionar a sus conciudadanos a partir del desconocimiento, arrogándose además el hablar en nombre de la ciencia.

Sirven como ejemplo paradigmático las declaraciones de Carlos Martínez, expresidente de CSIC y exsecretario de Estado de Investigación y especialista en inmunología. En unas recientes declaraciones en el suplemento dominical del País ejemplifica la ignorancia al confundir la vida eterna cristiana, que significa “entrar” en la dimensión de Dios, donde no existe la limitación del tiempo -el tiempo ha desaparecido- con el vivir muchos años, luchar contra el tiempo, algo que nada tiene que ver con la “vida eterna”, porque, aunque desplazada, la finitud sigue presente.

Sostiene la peregrina tesis de que en “la tradición judío cristiana conseguiríamos la inmortalidad si pudiéramos beber del santo Grial” Afirmar tamaña tontería solo es posible si la formación del doctor Martínez en este campo es el Código Davinci. Y es que en su pensamiento, como afirma más adelante citando a Syndey Brenner, “la magia y la religión no han cumplido sus expectativas”, es decir, ambas pertenecen al mismo plano. Por ello, no es extraño que sitúe el progreso como una exclusiva del pensamiento científico, que tiene como enemiga la religión. La ciencia desciende al ámbito de lo normativo y corrige a la concepción religiosa. Martínez no es el primero que lo hace, obviamente, de hecho, existe una propensión a desplazar a la ciencia de su papel en la medida que en el sujeto impera una ideología materialista. Porque lo primero que hay que decir es que todo científico no vive solo de su ámbito del conocimiento, que sería insuficiente para funcionar como ser humano, sino que necesita de una determinada ideología. Que esta contamine en mayor o menor medida su reflexión científica ya depende de la exigencia intelectual y deontológica de cada cual. En la tipología que expresa Carlos Martínez dicha exigencia es baja.

Los científicos son personas que están preparados para resolver problemas a partir de reglas conocidas. Este es su potencial y sus límites, y estas reglas surgen del paradigma que en cada momento histórico ha alcanzado, y que sirve para unos determinados campos del conocimiento. Todo científico, antes de meterse en camisa de once varas, debería ser consciente de la naturaleza del pensamiento para que pueda considerarse científico. La Lectura de Thomas S Kuhn y sus “Paradigmas Científicos” debería ser obligada. Un ejemplo permite ilustrarlo: la visión pre newtoniana del cosmos, la que el sabio inglés construyó hasta que la Teoría de la Relatividad destituyó como paradigma, y los cuestionamientos que de esta última despliega la física cuántica, determinan cuatro cosas. Primera, como escribe Kuhn, que toda verdad científica se forja no convenciendo a sus oponentes, sino porque estos con el paso del tiempo se desvanecen y surgen nuevas generaciones que están familiarizadas con la nueva verdad desde el inicio, y esta al convertirse en ciencia madura, desarrolla una excluyente visión de lo que es aceptable y lo que no… aunque después se revele que era un error. La segunda determinación, bien evidente, es que si el científico de cada época debe juzgar toda la realidad humana a partir de un campo científico dará explicaciones profundamente distintas, como se deduce de aquellas teorías fundamentales sobre la naturaleza. Tercera, que si nos atenemos a las exigencias del discurso científico sobre su validación, todas las ciencias sociales, dejan de ser ciencias, empezando por la economía. Son relatos de un tipo más o menos “religioso”. Cuarta, por el conocimiento científico en unos ámbitos, por decisivo que sean, son incapaces de determinar el sentido de lo humano.

De hecho, los problemas que plantea el progreso científico no pueden resolverse en el marco de la ciencia. Necesitan de una política y una economía, que a su vez se apoya en una ética y una moral surgida de una moralidad; es decir, la cultura moral que las contiene, que tiene como última razón un fundamento religioso surgido de la fe y transformado en cultura.

La ciencia es buena y necesaria, pero la tentación de convertirla en una moral y una ética, de sustituir a la religión con ella, solo conduce al totalitarismo, porque esta es la matriz del paradigma científico: el ser la totalidad de la explicación, sin espacio para la subjetividad, ni la conciencia, gracias a ello se avanza y no se pierde por infinidad de caminos ambiguos, pero esa forma de pensar no puede trasladarse a la sociedad y a las personas.

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