La ineficacia de la ONU: tiene 100.000 soldados en 16 misiones de paz, pero suma fracasos y escándalos

A los fiascos en sus actuaciones ante el genocidio de Ruanda o la limpieza étnica en Srebrenica, las operaciones en Darfur y Sudán del Sur, o las agresiones sexuales por parte de cascos azules, suma un problema de organización y representación interna

Ratko Mladić, uno de los responsables de la matanza en Srebrenica, con los cascos azules. La imagen fue utilizada por los serbios como propaganda Ratko Mladić, uno de los responsables de la matanza en Srebrenica, con los cascos azules. La imagen fue utilizada por los serbios como propaganda

El próximo 24 de octubre se cumplirán 70 años de la fundación de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En todo ese tiempo, las actuaciones de la ONU en zonas de conflicto armado han sido criticadas en numerosas ocasiones debido a los fiascos de la organización.

Ahora, con su actuación en Siria, cuyo conflicto podría enquistarse, sus misiones de paz y su legitimidad están siendo nuevamente cuestionadas y se teme que podría repetirse un fracaso como el que tuvo en 1944 ante el genocidio de Ruanda, aunque se trate de un conflicto diferente.

Cabe recordar también el fracaso de sus actuaciones ante la limpieza étnica en Srebrenica, las operaciones en Darfur y Sudán del Sur, o las agresiones sexuales por parte de cascos azules. Además, a todo ello se suma un serio problema de organización y representación interna.

100.000 soldados… y piden más

En el 70º periodo de sesiones de la última Asamblea General que concluyó el pasado sábado, 3 de octubre, su presidente, Mogens Lykketoft, describió como histórica la semana durante la cual la comunidad internacional discutió los temas de mayor actualidad.

“Al conmemorar el 70 aniversario de la ONU, fue muy apropiado y conveniente escuchar que los líderes recordaran y reafirmaran el espíritu de la Carta y que confirmaran su confianza en el papel central de la ONU en la cooperación internacional”, dijo el presidente de la Asamblea General.

También recordó que una de las cuestiones más reiteradas en los discursos fue el destino de los refugiados, los desplazados y los migrantes y la necesidad de respuestas globales para una crisis sin precedentes.

Sin embargo, a tenor de los resultados obtenidos hasta ahora, se puede cuestionar que la organización vaya a resolver las raíces del problema de los refugiados en Europa. La verdad es que, a pesar de contar con 100.000 soldados repartidos por medio mundo, en 16 misiones de paz, la ONU se ha mostrado ineficaz para dar solución a muchas de ellas, sumando escándalos y fracasos.

De hecho, la organización da por sentado que esos 100.000 soldados son insuficientes, ya que el propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha pedido en la Asamblea General una mayor contribución de los países miembros, porque la institución tiene asumido que los soldados repartidos en las 16 misiones no bastan para un mundo de conflictos en triste expansión.

El genocidio de Ruanda, uno de los fantasmas que ha perseguido a Naciones Unidas

El genocidio de Ruanda, uno de los fantasmas que ha perseguido a Naciones Unidas

Fracasos y escándalos

Pero, recordemos con más detalle algunos de los fracasos de la ONU en situaciones de conflicto.

Uno de los fantasmas que ha perseguido desde 1994 a Naciones Unidas ha sido precisamente el genocidio de Ruanda, del que el año pasado se cumplieron 20 años, uno de los mayores fiascos de la organización, ya que no supo actuar para detener la masacre de 800.000 personas.

El genocidio de Ruanda fue el intento de exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hegemónico hutu de Ruanda en 1994, año en el que llegó a ser eliminado el 75% de los tutsis.

“El genocidio en Ruanda nunca habría debido producirse, pero se produjo y ni el secretariado de Naciones unidas, ni el Consejo de Seguridad o los países miembros en general, ni los medios internacionales le acordaron suficiente atención a las señales que anunciaban el desastre”, declaró en abril de 2004 el entonces secretario general Kofi Annan.

Un año después del fracaso en Ruanda se produjo el de Srebrenica. La Masacre de Srebrenica consistió en el asesinato de aproximadamente unas 8.000 personas de etnia bosnia musulmana en la región de Srebrenica, en julio de 1995, durante la Guerra de Bosnia por parte de serbios.

Ese asesinato masivo, llevado a cabo por unidades del Ejército de la República Srpska, el VRS, bajo el mando del general Ratko Mladić, así como por un grupo paramilitar serbio conocido como “Los Escorpiones”, se produjo en una zona previamente declarada como “segura” por la ONU, ya que en ese momento se encontraba bajo la supuesta protección de 400 cascos azules holandeses.

Aunque el objetivo de ese genocidio era la eliminación de los varones bosnios musulmanes, la masacre incluyó el asesinato de niños, adolescentes, mujeres y ancianos, con el objetivo de conseguir la limpieza étnica de la ciudad.

Tumbas con las víctimas de la masacre de Srebrenica

Tumbas con las víctimas de la masacre de Srebrenica

También hay que recordar los desaguisados de la ONU en sus operaciones en Darfur, un conflicto militar por causa racial en curso en esa región al oeste de Sudán, principalmente entre los yanyauid, un grupo de milicianos formados por miembros de las tribus Baggara de los Abbala (criadores de camellos de etnia árabe) y los pueblos de raza negra, no Baggaras y principalmente agricultores.

Como también fracasaron en Sudán del Sur, donde se desató una guerra civil que comenzó el 14 de diciembre de 2013, cuando una facción del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán intentó efectuar un golpe de Estado en Sudán del Sur. Aunque el presidente del país, Salva Kiir, afirmó que el intento fue sofocado el día siguiente, la realidad es que el día 16 se retomó la lucha y el conflicto prosigue en la actualidad.

Por no hablar del escándalo de las agresiones sexuales por parte de cascos azules en países como la República Centroafricana, entre otros, que también han dañado su credibilidad.

En ese sentido, Richard Gowan, experto en Naciones Unidas del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, considera que los cascos azules están mejor gestionados y son más profesionales que hace 20 años, pero cree que el Consejo de Seguridad a menudo despliega fuerzas “sin una estrategia política clara” o los recursos necesarios.

Y el propio secretario general, Ban Ki-moon, llamó la semana pasada a impulsar cambios para hacer de las misiones de paz algo más ágil y más rápido. Además, advirtió de que el futuro de estas operaciones también requiere erradicar el abuso y la explotación sexual.

Crisis de representación

Por otra parte, hay que resaltar que una parte importante de los fracasos de las fuerzas de la ONU se debe a un problema de organización y representación interna.

Por ejemplo, este verano el Consejo de Seguridad ha sido capaz de aprobar un pacto de tanto calado político como el alcanzado entre Irán y seis potencias para limitar el programa nuclear iraní. Pero se trata de un acuerdo con debilidades, como señalaba una información publicada el pasado 27 de septiembre el diario El País.

La composición del Consejo de Seguridad está en tela de juicio porque se formó en 1945 y su representatividad está desfasada. Sus cinco miembros permanentes (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos) son los que tienen derecho a vetar resoluciones, mientras que los otros 10 miembros no permanentes (España, por ejemplo) votan pero no pueden bloquear las resoluciones.

Si hace 70 años de consideraba que aquellos cinco países debían contar con esa prerrogativa, la cuestión ahora es si a día de hoy también serían considerados los cinco grandes. ¿Tiene sentido que Brasil e India no sean miembros permanentes y sí Francia?

En cualquier caso, los cambios no son fáciles: “China, Rusia y Estados Unidos se han opuesto a reformas serias que debilitarían su poder en el Consejo”, recuerda Gowan.

Además de estos retos, el sucesor de Ban Ki-moon, que tomará el relevo en 2016, tendrá otro frente abierto. Tras el genocidio de Ruanda se estableció la llamada “responsabilidad de proteger” que suponía que la comunidad internacional podía intervenir si un Estado incumplía su deber de proteger a la población.

Sin embargo, esta máxima se ha visto atrapada “por la inercia y las rivalidades políticas” dentro del Consejo de Seguridad, donde “los vetos se están usando cada vez más por intereses nacionales, lo que da lugar a una escalada de violencia”, según critica Simon Mabon, director del Richardson Institute.

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