La injusticia social de la ‘revolución’ demográfica

Ya está aquí. Lo ha oficializado el  ministro de Trabajo, Jesús Caldera. La Seguridad Social entrará en déficit en 2015, y el fondo de previsión servi…

Forum Libertas

Ya está aquí. Lo ha oficializado el  ministro de Trabajo, Jesús Caldera. La Seguridad Social entrará en déficit en 2015, y el fondo de previsión servirá para compensarlo por unos pocos, muy pocos años. La quiebra de la Seguridad Social significa la destrucción de uno de los tres pilares fundamentales del Estado del bienestar y, por consiguiente, un hecho fundamental para acabar con la injusticia social nacida de la  Revolución Industrial en el siglo XIX. Ahora pagaremos las consecuencias de la “revolución” demográfica, es decir, la brutal caída de la natalidad en Europa, y de manera especial en España, muy por debajo de la tasa de reemplazo, situada en 2,1 niños por mujer.

Los datos disponibles señalan, además, dos características españolas que acentúan la gravedad del problema, que ya de por sí es dramático. Una es que la situación demográfica española es la peor de Europa. Lo único que sucede es que, por nuestras peculiares características, va  retrasada en relación con el común denominador europeo. Y en segundo lugar, la previsión oficializada por el  Ministerio de  Trabajo, y anunciada con anterioridad por otras instancias, sobre las que ForumLibertas.com ha venido informando, se sitúa en un escenario laboral positivo, es decir, que no se produzca una caída del empleo. No se trata sólo de tener el número adecuado de personas en edad de trabajar en relación con los jubilados, sino que además tengan trabajo. La frontera se sitúa asimismo en 2,1 empleados por jubilado. Pero la economía española, que presenta unos resultados brillantes, también tiene nubarrones a medio plazo, como es público y notorio, derivados de nuestra baja productividad y nuestra elevada inflación, algo que nos resta capacidad de competir, como denota el pésimo estado de nuestra Balanza Comercial. Una inflexión, por moderada que sea en la creación de empleo, aumentaría los problemas de España en un grado superlativo.

Con la actual política de la desvinculación y la satisfacción del deseo convertido en factor determinante de la acción del Gobierno, el resultado es de una injusticia social manifiesta. Por una parte, la reducción de las prestaciones de las pensiones en una cifra que UGT ha situado en el 25 pòr ciento. De cada 4 euros que cobre ahora un pensionista, percibirá en el futuro sólo 3. Otra será el aumento del coste para la empresa de lo que paga a la Seguridad Social, lo que repercutirá en la precariedad del empleo y la generación de más paro, porque este coste acentuará la falta de competitividad y no tendrá ninguna compensación en el ámbito de una mejora productiva. Vendrá a ser como un impuesto adicional por cada lugar de trabajo. Como las pensiones serán insuficientes, ya se nos anuncia la necesidad de que cada cual establezca su propio plan de pensiones, lo que necesariamente va a ahondar la injusticia social, porque resolverán mejor su futuro aquellos que reciban ingresos altos mientras los demás no conseguirán paliar el problema, al tiempo que verán mermadas sus rentas actuales.

En este contexto, los más injustamente tratados -se puede hablar con propiedad de un grupo social oprimido- son las familias con hijos, excepto aquellas que perciban ingresos muy elevados. El resto son quienes soportarán en sus espaldas la gravedad de la crisis. Esto será así, por un lado, porque continuarán pagando ese “impuesto en la sombra" que es el coste de los hijos para que los demás puedan percibir su Seguridad Social, pues son los hijos actuales quienes garantizan nuestras pensiones futuras y no lo que ahora aportamos a la caja común con nuestro trabajo, que habrá desaparecido cuando nos jubilemos. Asimismo sufrirán los estragos generales descritos por la quiebra de la propia Seguridad Social. Una anotación al margen, pero no marginal, es que el pequeño grupo de los matrimonios homosexuales serán claramente los más beneficiados, porque tendrán las ventajas fiscales y de prestaciones sociales propias de los matrimonios pero no aportarán ni un solo hijo que contribuya al futuro del sistema.

Si en el siglo XIX fue la clase trabajadora la que sufrió el expolio del capitalismo primitivo, ahora quienes ocupan este papel en la sociedad son las familias con hijos. Sólo se trata de que tomemos conciencia de esta injusticia para cambiar de proyecto político y de modelo de sociedad.

Hazte socio

También te puede gustar