La Inmaculada Concepción de Santa María

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Si de por sí resulta difícil entender toda razón de fe, hasta donde humanamente es accesible alcanzarla intelectualmente, ésta de la Inmaculada Concepción de la Madre de Jesucristo, Madre de Dios y de la Iglesia, y por tanto nuestra, ha sido tal vez la más difícil de asimilar. Asimilar por grandes teólogos y santos a lo largo de los siglos. No por falta de fe, piedad o devoción en el misterio evangélico. No por ausencia de ilustración en Santos Padres, santos y teólogos.

“Siglos enteros necesitó la pobre razón humana para hallar el modo de concordar la concepción inmaculada de María con el dogma de la Redención universal de Cristo, que afecta a todos los descendientes de Adán, sin excepción alguna para nadie, ni siquiera para la Madre de Dios. Pero, por fin, se hizo la luz, y la armonía entre los dos dogmas apareció con claridad deslumbradora”

Con estas exactas palabras habla de este dogma el gran teólogo Fray Antonio Royo Marín, O.P. en su libro La Virgen María. A finales del siglo XX este religioso de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán fue distinguido por la Santa Sede del Vaticano, indicando que en todos sus libros publicados no había ni un solo error doctrinal. Vale la pena estudiar libros tales como éste o Teología de la Perfección Cristiana. Al que más he recurrido en el transcurso de mi vida es a Teología Moral para seglares. El primer volumen creo que la BAC no lo republicó adecuado a las reformas del Concilio Vaticano II. El segundo, acerca de los Sacramentos, sí. Fray Antonio lo escribió para laicos. Esta obra era obligada en los planes de estudio de los seminaristas en el seminario diocesano, nacional e internacional de Toledo del Cardenal Primado de España Monseñor Marcelo González Martín.

En muchos momentos de nuestras vidas precisamos del magisterio de un libro. Yo en los de este autor he encontrado mucho razonamiento magisterial seguro. El debate teológico duró siglos en relación a esa verdad de la redención preventiva de Nuestro Señor Jesucristo mediante la Inmaculada Concepción de María. La redención liberativa del género humano nos vino dada por la Redención universal de Jesucristo. Es verdad de fe. Es lo que creemos todos cuantos nos confesamos cristianos. Si es preciso al precio del martirio en los cinco continentes en cualquier instante temporal de la Historia.

Ni siquiera el Doctor Angélico y Común de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, O.P., fue capaz de comprender teológicamente esta gran verdad de la Inmaculada Concepción de María. Creía en ella y era devoto de ella, al igual que doctos autores coetáneos suyos, como también anteriores y posteriores al siglo XIII de su tiempo.

Hasta que llegó el día en que Su Santidad Pío IX proclamó el dogma de esta verdad de fe con estas exactas palabras. Son las palabras de la proclamación dogmática el día 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus: ”… Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, por gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles. Por lo cual, si algunos -lo que Dios no permita- presumieren sentir en su corazón de modo distinto a como por Nos ha sido definido, sepan y tengan por cierto que están condenados por su propio juicio, que han naufragado en la fe y que se han separado de la unidad de la Iglesia” (D 1641)

D quiere decir Denzinger. Se refiere al Enchiridion symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum del teólogo católico alemán Heinrich Joseph Dominicus Denzinger (1819-1883). Para abreviar se conoce esta obra como Denzinger; para citarla oficialmente en todo documento oficial de la Iglesia, como D. Es un compendio de doctrina secular de la Iglesia referido siempre como fuente segura. Libro que tenía en propiedad. Lo adquirí cuando era joven. Libro que me fue sustraído hace lustros. Dice demasiadas cosas seguras. A los hijos de las tinieblas no les conviene que un joven maduro católico, es decir yo, las lea por sí mismo. Tengo entendido que dice cosas acerca de los juramentos. Lo que tengo por seguro es que no dice nada en contra de mi juramento como soldado y otros juramentos o promesas laudables y lícitas, tales como los votos religiosos y las promesas matrimoniales.

Por un privilegio concedido a España, por su defensa secular de la Inmaculada Concepción de María, el color litúrgico en la casulla del sacerdote, en esta fiesta de precepto del día 8 de diciembre, es el color azul, aunque algunas veces algunos ministros pasen de observarlo (=obedecerlo). La adhesión a la verdad de la Inmaculada Concepción ha estado presente siempre en la fe del Pueblo de Dios. Ésta es más poderosa siempre que los razonamientos teológicos. Casi cuatro años después de la declaración dogmática, el jueves 25 de marzo de 1858, en la festividad de la Encarnación del Hijo de Dios, en el instante preciso del Fiat secundum Verbum Tuum de la Anunciación (o Ángelus) del Arcángel Gabriel a María, Nuestra Señora se apareció en el Pirineo francés. Se apareció a una humilde muchacha, Santa Bernardette, como intercesora ante Nuestro Señor Jesucristo, para que Él obrase prodigios en los enfermos mediante la inmersión en el agua. Más exactamente milagros físicos de curaciones totalmente documentadas y certificadas. Con estas palabras en el dialecto local: Que soy era Immaculada Concepciou.

Personalmente me complace que este anuncio de María acaeciera el mismo día, tres siglos y pico más tarde (25 de marzo de 1522), de la vela orante ante Nuestra Señora de Montserrat, vestido ya de sayo con ofrenda de sus armas militares, del Peregrino Íñigo de Loyola, antecedente de sus subsiguientes Exercicios Spirituales. Me complace también que mi hijo se llame Ignacio de Loyola en honor de Padre Ignacio, S.I. y que naciera ese día en el siglo XX. Me complace que el Santuario mariano de Lourdes esté a la vuelta de la esquina de Catalunya y que una hija se llame Montserrat. Que otra se llame Inmaculada y que tanto mi esposa como otra hija estén bajo el amparo de Nuestra Señora de la Merced. Si sigo no paro. Mi parroquia natal es la de la Inmaculada Concepción de María de la ciudad de Barcelona, desde hace un tiempo Basílica diocesana.

Les acompaño una segunda fotografía. Es la de la tumba del genial arquitecto Gaudí en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. ¡Qué privilegio que una hija estuviera una temporada allí vendiendo entradas a los visitantes al amparo de su patrona Nuestra Señora de los Ángeles! ¡Qué privilegio que otra que canta muy bien haya cantado allí y esté bajo el amparo de Nuestra Señora de las Victorias de su Santo Rosario! Fíjense en el simbolismo que hay debajo de la imagen de Nuestra Señora del Carmen en la tumba del singular arquitecto Antoni Gaudí i Cornet: un campanario rematado por una cruz en sencilla verticalidad. Su inversión expresiva vuelta abajo parece que está de moda. Oigo hablar demasiado de ella. Empieza ya a molestarme demasiado un revoloteo de mosquito: el exceso de informaciones públicas pías sobre esta inversión, por decirlo de un modo benevolente, a pesar de mi silencio obediente durante lustros en virtud de un juramento, el mío, en principio válido (¿?) pero totalmente ilícito. Los servidores del diablo solo ven una Y mesiánica de regeneración política organizada encima de una cruz. Yo veo hace lustros, en su Y, la cruz que remata nuestros templos y catedrales, en inversión vuelta abajo diabólica, como panacea idílica en la construcción de un nuevo orden político y social. ¿Cristiano de qué? Nuevo orden con pretensión cristiana a la orden de que no es lo mismo. Sin ningún beneplácito episcopal. ¿Orden de quién, por qué y para qué? Recuerden que el trigo y la cizaña crecen juntos hasta el día de la siega. Es así y no de otro modo.

¡Allá va una más! San Ignacio de Antioquía fue quien dijo aquello de “permaneced firmes como el yunque al ser golpeado” (Sta firmus ut incus percussa). Sin embargo las palabras previas en su martirio en el año 107 fueron: “Trigo soy de Cristo y como trigo voy a ser molido por las fieras” Si esto les suena a chino, a mí no; y a muchos otros tampoco el primer aserto. Los dos asertos de San Ignacio de Antioquía son transparentes, compatibles y asumibles por todo cristiano. Pero a cara descubierta y no en la oscuridad de la ocultación en obediencia ciega antievangélica. ¿Al jefe de qué? Para acceder a la luz se debe asumir el camino de la soledad en la intimidad, plantándose de rodillas ante Dios siempre a la vista testimonial de todo prójimo. El único Jefe en esta senda es Nuestro Señor Jesucristo… sin intermediarios. Sólo uno: Su Santidad el Papa. Esos lunáticos de la Y deberían reflexionar sobre el cuarto voto de la Societate Iesu de San Ignacio de Loyola: el de la Obediencia al Papa. Además ya va siendo hora que los devotos de la Y entiendan que yo no soy gilito y mucho menos con ellos. Pues los gilitos son ellos si son buenos chicos. ¿Lo son? O mejor dicho ¿Lo son todos? Trascienden demasiado sus compromisos de silencio y sus límites externos operantes cavernícolas. El ego, el suyo, los corroe. Si esto es así ¿qué razón hay para que yo guarde mi silencio? A lo mejor si lo rompo piando, son muchos los que se dan cuenta y abandonan la maldita Organización del Yunque y sus parafernalias de grupos orquestados, con el único propósito de afiliar candidatos en ella mediante juramento ilícito. El diablo en sus cuevas y los hijos de Dios en los templos de Jesucristo y María, con agua bendita al alcance siempre.

¡Ay qué miedo que viene el lobo! Sin duda viene y con disfraz de cordero en medio de una gran multitud borrega que confunde su borreguismo pío sin formación doctrinal, pero libremente elegido, con su noble aspiración supuesta a la santidad. Cosa ésta, la del lobo disfrazado, que solo asusta al juramentado mediocre. ¿Al Episcopado también le asusta? Llevo lustros esperando a que por lo menos un Prelado hable con claridad en la Iglesia y para el Pueblo de Dios acerca de esta parafernalia satánica. A mí lo que nunca me ha asustado es mi anterior juramento ante Dios como soldado voluntario del Ejército de mi Patria. Es incompatible con la mediocridad. Para vacunar diabólicamente a los elegidos como yo, uno de los primeros libros “formativos” de la Orquesta del Yunque llevaba el título de El hombre mediocre. Fue el modo de adquirir mediocridad, juzgando sin ton ni son acerca de las intenciones del prójimo, sin experimentar el más mínimo sentido de la propia culpabilidad. Con la pueril creencia de que los demás se equivocan y el jefe, en línea de mando, tiene razón, pues el compromiso asumido de Primordialidad, Reserva y Disciplina es lo más santo para el juramentado elegido. Justificando así que el fin justifica los medios sin el menor remordimiento de conciencia. Mis padres nunca supieron de mis actividades, mi novia casi nada y luego, una vez esposa, lo imprescindible. Por supuesto nuestros hijos ni idea. En aquel entonces eran dos y muy niñas pequeñas. Se enterarán ahora los seis en cuanto les remita el link de mi pincelada publicada. El amor de padre me obliga a ello. La Organización es la única responsable que yo rompa el silencio por vez primera. Mis hijos, nuestros hijos, son hijos de Dios. Nunca y nunca dejaré que me los arrebaten por más adultos que sean, que lo son y muy cerebrados. Éste es mi estímulo para escribir ahora. Los golpes de puño en la mesa los doy yo a cara descubierta para cabreo de todo demonio cornudo habido y por haber. Y para cabreo también de todo fistro de pecador que, en su cobardía mema elocuente, se muestra incapaz de reconocer su error y decirle a la Y hasta luego lucas.

El segundo despropósito, mejor dicho el primero, consiste en jurar de rodillas y por escrito que bajo ningún concepto se le manifestará algo al propio confesor o director espiritual, excepción hecha de “mi Prelado”. Por esta teórica e inviable salvedad, tranquilicé mi conciencia y formulé el juramento. Juramento por sorpresa. Te lo encuentras en sesión preparada, oculta y silenciosa preferentemente dentro de un templo. Si eres joven formado, impone. Si eres joven algo pusilánime, atemoriza. A partir de aquí la nobleza del fin invocado, el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, justifica los medios. ¡Y un lerele! En principio esos eran buenos. Inicialmente en las sesiones se daba preeminencia al rezo y a la formación en doctrina de la Iglesia. Más adelante prevalecía la cantidad de informes para todo a puntapala. Y sin darte cuenta lo único que prácticamente contaba era el diseño de una acción “apostólica” concreta, los planes de actuación para ejecutarla, su ejecución y el análisis de resultados. Sin presencia de formación doctrinal y el rezo del rosario en mis reuniones como subordinado, siendo ya jefe de la célula que dirigía. Salías de una reunión de jefes totalmente cansado y asqueado. La acción más acuciante y obsesiva (en mis mandos, no en mí) eran las Preorganizaciones o misiones concretas en grupos externos. Valía tanto una creada o bien la infiltración en un grupo existente. Yo no pasé de mi actuación en simples grupos parroquiales. La finalidad era la selección de candidatos al juramento. No todos los jóvenes eran aptos para ello. Se analizaba su idoneidad. Ni siquiera se enteraban de lo que había detrás si eran descartados. ¿Hasta qué punto yo lo sabía? El suficiente para hablar con propiedad ahora de ello a Vds. que me leen.

Si las actuaciones eran buenas, las intenciones también y la causa lo merecía, ¿qué problema había? El problema me surgió y con mucha fuerza cuando tuve necesidad de preguntarle a un director sacerdote o religioso vinculado, en sesión comprimida de ejercicios espirituales para orgánicos: Oiga padre, en caso de conflicto entre las exigencias del Sacramento del Matrimonio y la del Juramento, ¿qué es prevalente? La del Sacramento, me dijo. Y a continuación: ¿Pasa algo? No padre, le dije. Claro que pasaba. ¿Qué hice? Primero: Someterlo todo en dirección espiritual, la mía no controlada por nadie. Segundo: Transmitir a mis subordinados que yo lo dejaba por razones personales y que no me preguntasen pues no les diría nada. Les dí una última orden brazalete de jefe en mi brazo y posición de firmes: Acudid a vuestros respectivos directores o confesores y manifestádles todo cuanto hacéis y no me digáis quienes son. Tercero: Anuncié a mi inmediato superior que yo lo dejaba.

¿Qué recibí a cambio? La amenaza masónica en regla en mi hogar y delante de mi esposa. Conseguí otra cosa: Cargarme la célula que dirigía. De esta amenaza hay algo que he tenido siempre muy presente: Mi silencio permanente en cuanto a personas y actividades. Al principio por temor a represalias con noches de insomnio, luego ya por simple compostura de caballero cristiano. La Y se alejó de mí. He oído hablar de ella nuevamente desde que soy colaborador en Forum Libertas. Han salido de sus reductos y se han excedido en sus competencias. ¿Piensan tal vez que voy a consentir su infiltración sin respuesta contundente por mi parte en mis ámbitos de actuación cristiana? No es el único. Hay más.

¿Y ahora qué? Los de la Y también son hijos de Dios. Tienen derecho a convertirse, pero callados y en sus madrigueras, combatiendo nosotros los nobles combates de la Fe que ellos declinan combatir, sacando a la luz la maldad intrínseca de sus finalidades, métodos y manipulaciones bajo espectro de bondad impía, con bendiciones episcopales invocadas inexistentes. La virtud teologal de la Caridad obliga a no señalar a nadie en base a una presunción de militancia. Por mi parte, si es preciso y cuando lo sea, sólo con nombre real y dos apellidos reales, a quien me tomó juramento. No ante un juez, pues solo entiende de delitos y faltas (yo no detecté ninguna en aquel tiempo), ni siquiera ante un Obispo (ya lo hubiera hecho hace lustros), sino personalmente ante Su Santidad el Papa. ¿Seré capaz de hacerlo? Hagánme un favor: Recen a Nuestra Señora para que yo lo sea si es preciso hacerlo.

¿Me has entendido bien compañero y hermano en la lucha Francisco Javier? El triángulo equilátero de los hermanos tres puntos para tus jefes. Igual si vas a Lourdes y te sumerges en la piscina, Dios opera el milagro de tu conversión o tal vez sólo una curación de ceguera de militancia cristiana. Lo tuyo ¿es posesión o más bien obsesión? Cuando te fuiste de mí, sin duda lo segundo. Gracias a Dios yo no paso de la tentación. Según el padre Royo Marín son los tres grados de la intervención diabólica en el hombre. Si te conviertes tendrás en mí el abrazo cristiano y la alegría cristiana entre ambos. Si no lo haces querrá decir que no eres de fiar. Seguiré rezando por ti. Saluda a tu esposa de mi parte. Era amiga mía antes de conocerte ¿recuerdas? Yo sí. Pienso mucho en ella a pesar de los lustros transcurridos.

No espero al fin de semana. Hoy es un buen día. Es la festividad del misionero por excelencia. Un joven navarro de condición noble llamado Francisco Jaso Azpilizcueta, uno de los siete magníficos S.I.. Un siglo más tarde de aquel 25 de marzo de 1522 la Iglesia de Jesucristo le rinde culto como San Francisco Javier, ex aecquo con San Ignacio de Loyola, el Padre Ignacio Fundador de la Societate Iesu.

Mater Immaculata, Ora pro nobis

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