La integridad es ‘En un mundo mejor’ el reverso de la moneda de la venganza

¿Se puede parar la otra mejilla sin ser catalogado de cobarde? Antón, el personaje principal de En un mundo mejor’ (‘Venganz…

¿Se puede parar la otra mejilla sin ser catalogado de cobarde? Antón, el personaje principal de En un mundo mejor’ (‘Venganza’ en su danés original) no sólo lo consigue sino que lo practica tanto en su profesión como médico en un campo de refugiados en África como en la de padre cuando puedetomarse un permiso para ver a su hijo en Dinamarca.

El film, reconocido en los Estados Unidos con el Óscar 2010 y el Globo de Oro 2011 a la mejor película extranjera, transcurre a caballo de dos continentes y de dos conflictos.

Por un lado la crisis de la pareja que forma Antón con su mujer, de la que está separado y tiene dos hijos. Por el otro, el acoso escolar que sufre su hijo de diez años, Elías, que supera gracias a su amistad con Christian, un compañero de colegio recién llegado desde Londres. Elías sufre la ausencia de su padre así como la posibilidad que sus padres se divorcien. Christian llora la muerte de su madre por cáncer. El dolor íntimo de estas realidades, el bullying que sufre Elías y la condición de recién llegado de Christian fortalecen sus lazos de unión.

La amistad de los chicos pronto se convierte en la alianza perfecta para alimentar la venganza y el odio que sienten. Muy pronto los niños cometen varios actos violentos bajo el liderazgo de Christian que involucra a su amigo Elias chantajeándolo con su amistad y amenazándolo con la soledad.

Entrelazada con esta historia, la directora sueca presenta Antón, el padre de Elías, que intenta ayudarles a entender la complejidad de las emociones que los carcome cada vez que se sienten amenazados. La gran lección que les enseña con el ejemplo es aguantar estoicamente el insulto e incluso la violencia física haciendo de esta actitud virtud y no un acto de cobardía.

En África el médico no sólo cura todo tipo de heridas escalofriantes. Antón se encuentra otro mundo que practica la ley del talión. Después de meses atendiendo a mujeres heridas por el líder de un grupo terrorista keniano, un día se da de bruces con él en su consulta. Pese a la desaprobación de sus asistentes, el médico danés decide actuar con profesionalidad operando la pierna del líder terrorista y lo cuida como uno más.

Sin embargo, y allí radica uno de los méritos de la trama diseñada por Susanne Bier, la integridad de Antón tiene su límite. La humanidad del personaje nos revela que “no somos inmunes al caos, al intentar controlar nuestras vidas nos tambaleamos al borde del abismo”, explica Bier. A pesar de las experiencias desgarradoras y la intensidad dramática, la historia siempre encuentra un camino abierto a la esperanza.

El hondo y conmovedor retrato de los personajes y sus problemas viene secundado por una estupenda labor de casting y dirección de actores, así como por unas interpretaciones de lujo. Mikael Persbrandt da vida a Antón. No menos fuerza tiene su mujer en la ficción, Trine Dyrholm, con una mirada profunda que refleja sufrimiento y ternura; o William Jøhnk Nielsen, en el papel de Christian, que muestra las carencias afectivas y el universo de soledad en el que pueden verse sumidos los niños.

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