La intolerancia franquista a la libertad religiosa

La notoria diversidad religiosa actual de la sociedad española es un hecho relativamente moderno en la historia de nuestro país. Nuestro…

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La notoria diversidad religiosa actual de la sociedad española es un hecho relativamente moderno en la historia de nuestro país. Nuestro país viene de un pasado, la dictadura franquista, que negó la democracia. El régimen instaurado por la Guerra Civil anula todo pluralismo político, social y religioso porque su ideario político proponía unificar los españoles en un proyecto impuesto por las armas. Desde esta perspectiva, el pluralismo religioso habría roto la unidad patrocinada duramente por la dictadura franquista, además de pervertir el sustrato ideológico propiciado por la Iglesia católica. La mayoría de obispos católicos de aquella época habían elaborado una buena justificación del golpe de estado militar a partir de la defensa de la fe unitaria e identitaria de España. La fe católica, única y verdadera, era la salvaguarda de la Nueva España que el franquismo quería construir.

Paradójicamente, la cuestión del pluralismo religioso provocó fuertes tensiones dentro del régimen franquista. Mientras los sectores falangistas y tradicionalistas defendían la visión cerrada e integrista de la fe ligada a la comprensión de la Iglesia católica como sociedad perfecta, los sectores democristianos proponían una tímida apertura del régimen para vencer el aislamiento internacional. Estas dos visiones se enfrentaron en muchas ocasiones y, en más de una ocasión el motivo fue la tolerancia religiosa y el respeto al pluralismo religioso. En los años 50, las tensiones fueron evidentes en las negociaciones del nuevo concordato que debía sustituir al de 1851 y el final de la década de los 60 el conflicto sobre la Ley libertad religiosa volvió a evidenciar estos conflictos. Lo cierto es que el franquismo, que había encontrado en la Iglesia católica un buen aliado para implantar su sistema político, ahora empezaba a sufrir crisis internas por la misma evolución del catolicismo español, especialmente para todo un sector de eclesiásticos que estaban aplicando los acuerdos del Concilio Vaticano II.

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