La ley del aborto y los católicos oficiales del PSOE, Blanco y Bono

Empecemos por la evidencia: a la Iglesia católica pertenece quien quiere. Ser miembro de ella es una forma específica de vivir el cristi…

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Empecemos por la evidencia: a la Iglesia católica pertenece quien quiere. Ser miembro de ella es una forma específica de vivir el cristianismo.

Cuando la Iglesia habla en relación a su doctrina lo puede hacer desde dos perspectivas distintas: la de la fe en todo aquello en que ha establecido su Magisterio, y también en relación a la ley natural, es decir, aquello que con independencia de la creencia de cada uno puede ser común a todos los hombres porque surge de toda conciencia bien construida.

En el aborto se reúnen estas dos condiciones. La Iglesia lo rechaza de plano en razón de su Magisterio y es también un hecho que repugna a la ley natural. En relación a este ultimo punto, baste en este caso con señalar que los valores que fundamentan la existencia humana no pesan del mismo modo. No todos tienen la misma importancia, porque unos son condiciones de otros, su jerarquía es distinta. Así, los valores relacionados con las necesidades humanas son los más inmediatos. Es el dar de comer al hambriento.

Dos son los valores que están en la raíz y el tronco de todo el árbol frondoso que los contiene. La raíz única de la que se alimenta todo el resto es la vida. Ella es el valor necesario para que todos los demás existan. Si nosotros nos atribuimos el derecho a decidir sobre la vida de un tercero estamos imponiendo todos nuestros valores secundarios al valor fundamental. Se está invirtiendo la lógica que estructura la condición humana. Digamos de paso que el segundo valor necesario, el tronco del árbol, es la verdad, porque de ella depende nuestra capacidad de distinguir lo que es un valor de su contrario. Se niega el valor de la vida humana como derecho fundante porque prescinden de la verdad, se pierden o quieren perderse en frases cuyo contenido no puede sustentarse desde la recta razón.

El hecho de que el que ha de nacer es un tercero distinto a la madre es algo consagrado por la jurisprudencia constitucional española y más allá de ella, por la ciencia. Es el ADN que nos identifica a cada uno de nosotros de manera única e irrepetible y que se forma en el mismo momento de la concepción. Este fue el argumento central por el cual el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, vetó la ley del aborto a pesar de que el no es católico; es masón para ser más exactos.

El cristianismo tuvo desde sus inicios la intuición providencial de este hecho. El no nacido debía ser contemplado como portador de la dignidad inherente a toda criatura humana. El cristianismo ya en el siglo I inició hasta llegar a triunfar el debate sobre la condición biológica y jurídica del embrión en su seno materno. Este hecho trastocó de manera radical la concepción pagana y mejoró de manera extraordinaria el respeto por la vida, como consecuencia de sus derivaciones. Así se mejoro el trato, no solo a los no nacidos, sino a los niños excluidos en virtud del derecho que tenían los padres de no aceptarlos una vez nacidos. Se puso fin a la práctica general de destinarlos a hombres y mujeres que los criaban para dedicarlos a la prostitución. Esta ética tan sencilla de respeto por el feto queda hoy sustentada por la aportación científica del ADN.

Al mismo tiempo, desde el punto de vista de la fe, la Iglesia Católica considera, y el catecismo es perfectamente claro y concreto sobre ello, que quienes colaboran de manera indirecta en un aborto cometen un pecado mortal muy grave. Es decir rompen y se alejan de Dios. Y quienes tienen una colaboración formal con el mismo son sancionados con la pena canónica de la excomunión. Naturalmente, estas son sanciones religiosas morales que solo causarán efecto en quienes vivan la fe y su sentido de pertenencia a la Iglesia. Eso no significa que para los demás sean indiferentes porque el relato católico forma parte del bagaje moral prepolítico que fundamenta nuestra sociedad, para utilizar la misma expresión que Habermas. Las clases dirigentes harían bien en dialogar razonablemente con la Iglesia, en lugar de ignorarla o simplemente atacarla con sinrazones.

La declaración del portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Martínez Camino, no hizo otra cosa que recordar lo que es un Magisterio de los más antiguos de la Iglesia, puesto que tiene 20 siglos a sus espaldas.

Ante él se han producido algunas reacciones que vale la pena reseñar. No se trata de quienes discrepan desde otros puntos de vista de la posición de la Iglesia, esto es normal en nuestra sociedad, pero sí es conveniente fijar el foco en aquellas personas que tienden a argumentar previo declararse públicamente como católicos. Y subrayemos lo de católicos.

Es el caso del número dos del PSOE, José Blanco, que solamente se acuerda de esta condición cuando debe atacar a la Iglesia. No la ejerce en ninguna otra ocasión. Asume que el aborto es un pecado pero entonces hace una formulación extraña, excluyente, muy peligrosa para la convivencia expresiva de una determinada mentalidad. Porque después de reconocer que es un pecado afirma “pero antes soy ciudadano demócrata y como tal no estoy dispuesto a creer ni a admitir que el aborto tenga que ser un delito”. Es decir, Blanco afirma que para ser demócrata no se puede seguir lo que indica la Iglesia, lo cual convierte a los católicos fieles a la misma en unos seres estigmatizados. Esto refleja un pensamiento totalitario, aquel que considera que la conciencia no obliga a nada, que el ciudadano es una tabla rasa sobre la que sólo pueden escribir las leyes promulgadas por el Estado sin poder cuestionar su legitimidad.

Además practica la demagogia de vuelo gallináceo cuando afirma que “nunca aceptará que se conviertan en delincuentes a las mujeres que quieren decidir sobre su maternidad”. Lo que traducido a la realidad significa la despenalización total del aborto, es decir la plena libertad de abortar, cosa que no sucede en ningún país occidental. Lo hemos dicho en muchas ocasiones. Las condiciones podrán ser más restrictivas o menos pero en todo Occidente abortar fuera del plazo de la ley comporta un delito duramente penado. España es una excepción y no la norma.

El otro católico del régimen es José Bono. Su argumento revela también su fragilidad intelectual. Lo hace al afirmar que Benedicto XVI recibió a Obama y no le tildó de hereje o de pecador público. ¡Por todos los santos del cielo!, don José ¿cómo puede ser hereje o pecador quien como Obama pertenece a una confesión religiosa cristiana que no es la católica? Los herejes solamente pueden serlo en relación a la Iglesia.

Pero más allá de esta cuestiónhay que recordar que el Papa y la Iglesia reciben a todos los presidentes y jefes de gobierno del mundo en el marco de lo que es la razón y la lógica de la diplomacia mundial, sin que esto sea obstáculo para que antes no se haya criticado duramente a Obama por sus posiciones sobre el aborto, de la misma manera que se hizo todavía con más intensidad contra Bush y la guerra de Irak y eso tampoco fue obstáculo para que lo recibiera. ¿Dónde está escrito que no debas sentarte con el pecador?Lo que nos dice el Evangelio es exactamente lo opuesto, pero dialogar no significa enmascarar, diluir a conveniencia las propias declaraciones. Bono, como Blanco, viven de sus cargos, allá ellos con sus conciencias, pero que no pretendan desde la perspectiva del estómago agradecido encima dar lecciones de lo que significa ser católico.

Ansón también levanta la bandera del catolicismo y la defensa del no nacido pero le parece muy mal la amenaza de excomunión y ahí se confunde porque ésta está reservada solo a quienes intervienen de manera directa en el aborto. Sobre todo le molesta que esto afecte al Rey, pero es que le atañe, al menos a su conciencia. Ya le sucedió con el matrimonio homosexual y ahora le acaecerá si tiene que firmar la Ley del Aborto. Él sabrá en su fuero interno cual es su posición y como vive su fe, pero en todo caso, visto desde fuera, su comportamiento se asemeja al de la práctica pagana donde no existía la interioridad y lo único importante era ofrecer el sacrificio al César en señal de sumisión; en este caso al Estado todopoderoso, firmando lo que le echen.

Estos son los hechos pelados. Gustarán más o menos. Podremos racionalizarlos en el plano político, pero son así.

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