La magia del número 250

Textos distintos en un mismo contexto

Reflexión del Papa para todos los fieles laicos

El número 250 de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia dice exactamente esto: “La Iglesia hace suyo el comportamiento del Señor Jesús que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción. (*nota de pie de página 275). Con los Padres sinodales, he tomado en consideración la situación de las familias que viven la experiencia de tener en su seno a personas con tendencias homosexuales, una experiencia nada fácil ni para los padres ni para sus hijos. Por eso, deseamos ante todo reiterar que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar <<todo signo de discriminación injusta>>, (*nota de pie de página 276) y particularmente cualquier forma de agresión y violencia. Por lo que se refiere a las familias, se trata por su parte de asegurar un respetuoso acompañamiento, con el fin de que aquellos que manifiesten una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida. (*nota de pie de página 277)”

*275 Cf Bula Misericordiae vultus (11 abril 2015), 12: AAS 107 (2015), 407.

*276 Catecismo de la Iglesia Católica, 2358; cf Relación final 2015, 76.

*277 Cf Catecismo de la Iglesia Católica, 2358

 

AAS son las siglas de Acta Apostolica Sedis. El Catecismo de la Iglesia Católica yo lo adquirí en su día en venta masiva El Corte Inglés. Punto 2358 del Catecismo de la Iglesia Católica de San Juan Pablo II: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar a causa de su condición.” La Relación final 2015 se refiere a las conclusiones del Sínodo de Obispos del año 2015.

 

Este número 250 de Amoris Laetitia está en el epígrafe Algunas situaciones complejas dentro del apartado (en letras mayúsculas) Iluminar las crisis, angustias y dificultades del capítulo sexto titulado (en letras mayúsculas) Algunas perspectivas pastorales. Este número aludido número 250 es el invocado por el Obispo de Solsona Monseñor Xavier Novell en su nota pastoral, de la que se hace eco Forum Libertas el pasado viernes 2 de junio de 2017, junto con un comentario mío inmediato de este mismo día.

Novell precisa su texto: “Continuaré presentando sin miedo la visión cristiana sobre la persona”
Jun 02, 2017 09:44 am ForumLibertas.com 

En mi comentario hablo de una experiencia vivida en Montserrat un sábado a las cuatro de la tarde. Hablé de ello en mi blog hace tres años http://www.forumlibertas.com/el-cardenal-raymond-leo-burke/

¿Por qué digo magia?  Es un modo de decir por coincidencia pastoral de guarismos matemáticos. El número 250 del libro La fuerza del silencio del Cardenal Robert Sarah dice exactamente esto: “El silencio es una actitud del alma. No se impone, a riesgo de parecer exagerado, vacío y artificial. En las liturgias de la Iglesia el silencio no puede ser una pausa entre dos ritos: es en sí mismo un rito, lo envuelve todo. El silencio es la madera sobre la que deben estar talladas todas nuestras liturgias, en las que nada debería romper esa atmósfera silenciosa que es su clima natural. No obstante, las celebraciones se hacen pesadas porque se desarrollan con una locuacidad ruidosa. La liturgia está enferma. Puede que el síntoma más evidente de esa enfermedad sea la omnipresencia del micrófono, que se ha vuelto tan indispensable que uno se pregunta cómo es posible que los sacerdotes hayan celebrado antes de su invención… A veces tengo la impresión que los celebrantes temen hasta tal punto la oración interior personal y libre de los fieles que no dejan de hablar desde que empieza la celebración hasta que acaba para no perder el control. Creo que actitudes como esta revelan una honda incomprensión del espíritu del Concilio Vaticano II. Ahora más que nunca debe guiarnos la enseñanza del concilio sobre la liturgia contenida en la Sacrosanctum Concilium. Cincuenta años después de su promulgación aún no hemos acabado de explorar su fondo. Es el momento de dejarse enseñar por el concilio en lugar de utilizarlo para justificar nuestras ansias de originalidad.”

Pero el número 205 antecedente de este libro dice mucho más. Son los mismos dígitos. Quien quiera atenderlo hará bien. Quien quiera discrepar es su problema. No tengo oídos para esto último. A mi modo de ver es muy compatible la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia con estas manifestaciones cardenalicias publicadas a principios de este año 2017. Este número 205 da mucho que pensar. Dado que he hablado de Amoris Laetitia en ocho entregas (otoño 2016) y de este libro (primavera 2017), no les adjunto ningún link, salvo el de hace un año sobre el autor del libro La fuerza del silencio. http://www.forumlibertas.com/la-satanica-ideologia-genero/

Trabajen Vds. un poco, leyendo de nuevo mis pinceladas. El número 205 del libro La fuerza del silencio da diana acerca de la compostura eucarística. Si no entramos en ello -corrigiendo lo preciso- difícilmente podremos socorrer a tanto cristiano perdido en el maremágnum pastoral de criterios y opiniones. Y dado que todo esto va de doses, cincos y ceros, me complace reproducirles este número 205. A mi modo de ver contrasta con el Expediente X de la realidad cotidiana de templo. ¡Atiendan la reflexión periodística del Cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos!

 

205.- San Juan insiste en la soledad y el aislamiento moral de Cristo antes de su Pasión. Está solo desde el principio porque es Dios. Está solo porque nadie puede comprenderle. San Juan afirma que muchos discípulos lo han abandonado, pues su doctrina sobre la Eucaristía y las exigencias del Evangelio les exceden.

   Hoy algunos sacerdotes tratan la Eucaristía con absoluto desprecio. Ven la misa como un banquete locuaz en el que los cristianos fieles a la enseñanza de Jesús, los divorciados vueltos a casar, hombres y mujeres en situación de adulterio y turistas no bautizados que participan en celebraciones eucarísticas de multitudes anónimas, pueden recibir sin hacer distinciones el cuerpo y la sangre de Cristo. La Iglesia tiene que estudiar con urgencia la oportunidad eclesial y pastoral de esas multitudinarias celebraciones eucarísticas con millares de asistentes. Existe un inmenso peligro de convertir la Eucaristía, el gran misterio de la Fe, en una vulgar verbena, y de profanar el cuerpo y la preciosa sangre de Cristo. Los sacerdotes que distribuyen las sagradas especies sin conocer a nadie y entregan el Cuerpo de Jesús a cualquiera, sin distinguir cristianos de no cristianos, participan en la profanación del Santo Sacrificio eucarístico. Con cierta complicidad voluntaria, quienes ejercen la autoridad en la Iglesia se hacen culpables al permitir el sacrilegio y la profanación del cuerpo de Cristo en esas gigantescas y ridículas autocelebraciones, donde son muy pocos los que se dan cuenta de que se anuncia <<la muerte del Señor hasta que venga>>.

   Algunos sacerdotes infieles a la memoria de Jesús insisten más en el aspecto festivo y en la dimensión fraterna de la misa que en el sacrificio cruento de Cristo en la Cruz. La importancia de las disposiciones interiores y la necesidad de reconciliarnos con Dios aceptando dejarnos purificar por el sacramento de la confesión ya no están de moda. Ocultamos cada vez más la advertencia de san Pablo a los corintios: << Cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga. Así pues, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y la sangre del Señor. Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y débiles, y mueren tantos>> (1Co 11, 27-30).

   ¿Cómo podemos recogernos en el silencio y la adoración, igual que María al pie de la Cruz, ante el Dios que muere por nuestros pecados en cada una de nuestras Eucaristías? ¿Cómo podemos permanecer en silencio y en acción de gracias ante el Dios Todopoderoso que sufre la Pasión a causa de nuestras rebeliones, nuestra indiferencia y nuestras infidelidades?

   Con demasiada frecuencia vivimos tanto en la superficie de nosotros mismos que no comprendemos lo que celebramos. La falta de fe en la Eucaristía, presencia real de Cristo, puede llevar al sacrilegio. Jesús queda aislado por el creciente odio de los fariseos, que forman en su contra una coalición cada vez más poderosa, obligando a sus oyentes a separarse de Él. Hoy hay cristianos que se alían para alejar a Dios y su doctrina de quienes buscan sinceramente la verdad. Él se queda cada vez más solo en medio de hombres que le odian o no saben cómo amarle, porque son incapaces de conocerle tal cual es. Pero siempre habrá un pequeño rebaño deseoso de conocerle y amarle.

   Es preciso que los hombres vuelvan a descubrir la Pascua que celebramos en cada una de nuestras Eucaristías. La gracia de la Pascua es un profundo silencio, una paz inmensa y un sabor puro en el alma. Es el sabor del Cielo, ajeno a toda exaltación desordenada. La noción de la Pascua no es una embriaguez del espíritu: consiste en el descubrimiento silencioso de Dios. ¡Ojalá cada mañana la misa pudiera ser lo que fue en el Gólgota y en la mañana de Pascua! Ojalá las oraciones pudieran tener la misma luz, ojalá Cristo resucitado pudiera resplandecer siempre en mí en su sencillez pascual…

   La Pascua marca el triunfo de la vida sobre la muerte, la victoria del silencio de Cristo sobre el gran fracaso del odio y la mentira. Cristo entra en el silencio eterno. Ahora la Iglesia debe continuar la misión de Jesús a través del sufrimiento y la muerte diaria vivida en el silencio, la oración, la súplica y una gran fidelidad.

 

P.D. Realmente el número 250 tiene “magia”. Este escrito de hoy es el número 250 de lo publicado mío en Forum Libertas.

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3 Comments

  1. 1

    Ma ha llamado la atencion especialmente el parrafo de este ultimo escrito del 250 cuando dice “que muchos sacerdotes entregan la Comunión a personas que no conocen”. Muy cierto que en las misas multitudinarias los que dan la comunión se enfrentan a una hilera de personas que a la mayoria no conocen y en esto el mismo Papa tambien practica el sistema en grandes eventos vaticanos multitudinarios. Solo podria solucionarse esto dividiento los comulgantes en pequeños grupos que fueran conocidos por un diácono o un monitor y recibir la Comunión de este. Pero se ha querido magnificat tanto la existencia del sacerdote que todo debe pasar forzosamente por sus manos. Sacerdotes lo somos todos en el bautismal y todos podemos ejercer de monitores de grupo de catequesis. Es una forma de repartir responsabilidades para alijerar el trabajo de los clerigos. Algo se hace en las parroquias que podemos ver a ciertos asistentes laicos que ayudan a repartir el Pan en la Comunión. El mismo Papa ya nos ha advertido del peligro del Clericalismo. Pero estan tan obsesionados para llevar a la apoteosis máxima el sacerdocio católico con el celibato obligatorio y otros detalles que a bien seguro repartir responsabilidades a los laicos les parece como que el Sacerdocio pierde categoria.

  2. 2

    En el día a día parroquial hay demasiado laico y laica microfonista no apto para canto litúrgico. Al mismo tiempo hay demasiado laico y laica voluntario que no sabe leer la Palabra de Dios ponderadamente en voz alta. Hacer las cosas con buena voluntad en liturgia es insuficiente. Deben hacerse bien. Lo mismo pasa con los coros parroquiales a cargo de laicos y laicas. Mejor saber guardar silencio. Pues de lo contrario la liturgia es una especie de jolgorio festivo. Cuando llegas al “ite missa est” en vernáculo hay prisa galopante en abandonar el templo. Empecemos la corrección en esto y lo otro en actos públicos magnos ya llegará.

  3. 3

    Añado una cosa más. Hay demasiado microfonista televisivo bla bla bla en misas televisivas presididas por el Papa. No permiten atender el acto litúrgico. Muchas veces yo me conecto al canal televisivo vaticano, sin periodistas televisivos en traducción simultánea deficiente y a destiempo.

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