La mala educación política

He seguido con atención la comparecencia parlamentaria del presidente Mas. Dejo aparte la propia discusión política para centrarm…

He seguido con atención la comparecencia parlamentaria del presidente Mas. Dejo aparte la propia discusión política para centrarme en los aspectos formales del debate y la actitud de una parte de los diputados. He encontrado de muy mala educación cómo una parte importante de los diputados de la comisión estaban, mientras hablaba el presidente, atendiendo los mensajes que recibían o enviando los suyos por sus teléfonos móviles. No sé si retransmitían directamente el debate en las redes sociales o atendían mensajes que iban recibiendo, pero en cualquier caso demostraban que no estaban escuchando con atención. Como también me ha sorprendido ciertos tonos y gestos de algunos y, de forma especial, la palabrería y susurro de fondo que había en ciertos momentos o la palabrería de tono alto. Incluso, el presidente de la comisión parlamentaria advirtió a los diputados populares por hacer demasiado ruido y charlar entre ellos mientras estaba interviniendo el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y les invitó a "ir al bar si quieren hacer corrillos". Buena respuesta para un comportamiento de algunos diputados, y no sólo del Partido Popular, que denotaban mala educación.

Los diputados, ciertamente, no necesitan ser santos, pero deben comportarse como si lo fueran. Porque su presencia en el espacio público se convierte en referencia para los ciudadanos. No me quedo satisfecho pensando que lo que muestran los diputados es un reflejo de la sociedad, porque espero, y deseo, que los diputados tengan un comportamiento diferente del que se observa en la sociedad. En este sentido, sí que espero que sean testimonios de otra manera de estar en política y de relacionarse los políticos. Querría que los diputados fueran unos referentes de buena educación para la sociedad. Los parlamentarios forman parte de la élite dirigente y deberían ser personas respetables. La política chapucera, maleducada y de bronca conlleva la degradación de la misma política y, por supuesto, es un poderoso motivo para alimentar la desafección. Necesitamos políticos bien educados, amables y respetuosos. Exquisitos en el trato e inteligentes en el verbo, más ilustrados y leídos, más cuidadosos en las formas y más conscientes de que la sociedad les observa. Vamos, lo que no son algunos de nuestros diputados.

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