La marcha Radetzky’, por Joseph Roth

Claudio Magris, en su estudio sobre el mito de los Habsburgo en la literatura moderna subraya la capacidad de Joseph Roth para unir situación históric…

Claudio Magris, en su estudio sobre el mito de los Habsburgo en la literatura moderna subraya la capacidad de Joseph Roth para unir situación histórica y vivencia psicológica de manera que sus personajes, en su historia individual, resumen el espíritu de la época y la situación política y social.
 
Es lo que sucede con la familia Trotta, cuya historia se cuenta a la par que la disolución del Imperio Austro-húngaro. Cuatro generaciones de la familia se nos presentan. La más lejana, la única unida a la tierra, en la segunda un héroe que salva al Emperador en la batalla de Solferino, que es el indicio de la decadencia.
 
La tercera y la cuarta quedan para dos funcionarios del estado, padre e hijo, jefe de un territorio y teniente de cazadores, que en su soledad administran la disolución de un régimen. Por medio la figura del emperador Francisco José, a quien Roth sublima dibujándole con toque infantil porque no conviene que parezca que un jefe sepa más que sus consejeros.
Joseph Roth no es un profeta, sino que ha escrito cuando ya han pasado los acontecimientos, y vive la nostalgia del imperio como lugar en que eran protegidas las naciones. Otras de sus obras tratan de la dispersión de los judíos o caminan hacia un nihilismo que no es de los personajes sino de la Europa de entonces.
No es que Roth cante las glorias del Imperio. Más bien dibuja como el nihilismo se va extendiendo por su interior por la degradación de las castas militar y burocrática sobre las que se sostenía.
 
La figura del Emperador es magistralmente dibujada. Consciente del crepúsculo en que se encuentra el Imperio, sin embargo gestiona con grandeza de soberano el fin que se acerca. Así nos lo describe Roth, que no escribe para exaltar a nadie, sino desde un cierto dolor por la pérdida de la tradición y la secularización y atomización de Europa. Porque el Imperio es quizás la forma en que mejor pueden convivir diversas naciones, y Roth piensa especialmente en los judíos. Pero él escribe cuando esa historia, la que más ama, ya ha concluido y su mundo se ha derrumbado. Con el imperio se disgrega también el judaísmo oriental.
Se ha dicho que toda la literatura de Roth es como una saga, que canta el final de los Habsburgo y predice (sobre todo en los artículos periodísticos), el final al que debía conducir el régimen nazi. Aunque el autor muere en 1939, y en exilio de París, como tantos otros escritores e intelectuales judíos, no ignora el sentido de los acontecimientos ni las relaciones causa-efecto. La Marcha Radetzky (1932), ocupa un lugar preeminente en esa saga y es una de las obras en que se percibe mejor al autor, uno de los más grandes de centroeuropa.
 
LA MARCHA RADETZKY
Joseph Roth
Edhasa
574 páginas
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