La mejor partida jamás jugada: golf y superación llegan al cine familiar

Esta es una película sobre golf. También es una película sobre un joven en el que nadie creía pero que supo insistir con tenacidad, desplegar su talen…

Esta es una película sobre golf. También es una película sobre un joven en el que nadie creía pero que supo insistir con tenacidad, desplegar su talento pese a los prejuicios de clase y no perder la cabeza con el éxito. Es la historia real de Francis Ouimet, que hace casi cien años y con apenas 20 años protagonizó la espectacular ronda final del Open de 1913 de EEUU. El título en inglés (The Greatest Game Ever Played) se refiere a aquella impresionante partida: el mayor juego jamás jugado. Y la prensa cristiana está recogiendo con buenas críticas el film, que aún no sabemos con qué nombre legará a España.

 

El pequeño Francis, de clase trabajadora, tenía como ídolo al británico Harry Vardon, el primer jugador de clase baja que subió al entonces exquisito y aristocrático juego del golf. Vardon logró ganar 6 Opens británicos seguidos… y aún nadie ha logrado hacerlo  otra vez. En la película vemos a Vardon cuando sólo era un muchacho, despreciado por la clase superior. Pero crecerá, y jugará y ganará, y así será el ídolo del joven Francis.

 

Ya desde niño vemos a Francis entrenar. Vive delante del club de golf de Brookline, Massachussets. Pero su padre no cree que el golf sea algo viable, imprime una fuerte ética del trabajo en su familia y choca con los sueños del muchacho.

 

Francis consigue entrar en el club de golf para colaborar como caddie… y llega el momento en que ven que el muchacho tiene capacidades. El club le puede inscribir en un campeonato nacional amateur pero necesita dinero. Su padre se lo dará con una condición: si no gana, deja el golf. Pero ahí empieza la aventura del muchacho…

 

La película no tiene un villano. No lo es el padre de Francis, un hombre duro, tozudo, pragmático. Pero es evidente que intenta hacer lo que considera mejor para el joven. El actor Elias Koteas tiene que trabajar un personaje complicado y a veces el guión no acaba de ayudar.

 

El gran rival de Francis, su ídolo el británico Vardon, es un caballero, un señor del juego. Le interesa más el honor del juego que lograr una victoria británica sobre los americanos. Su intérprete, Stephen Dillane, sabe darle un aire apasionado y tierno, estoico y profesional. Es un personaje con encanto, como esos villanos que seducen…¡pero sin ser villano!

 

Quizá la historia quiere enfocar como “villana” sólo a la clase superior llena de vanidades y orgullos, encerradas en sus riquezas y privilegios. Por eso la historia siempre funcionará, porque es la historia de un hombre pequeño y su talento contra una gran vanidad enquistada en la sociedad.

 

Y en cualquier caso, como saben los golfistas, el peor rival es uno mismo. Ouimet deberá afrontar sus propios miedos para ganar, y sus miserias y tentaciones para no perder la cabeza una vez en lo alto, y ser verdaderamente, lo que quiere ser, un caballero en el juego y en la vida.

 

Para remarcar su sencillez humana –y sus debilidades- está el personaje de su caddie de diez años, un  niño (el actor Josh Flitter) que sabe dar química al personaje. No lo hace mal la actriz Peyton List interpretando a la bella señorita Wallis, pero era un personaje añadido para dar emoción y sentimiento a la película cuando no había necesidad. La historia de amor pese a la opinión contraria del rico padre de ella no era imprescindible.

 

Otro pequeño punto débil  es el recurso a algunos planos espectaculares y cámaras insospechadas, puntos de vista extremos (desde la pelota en marcha, la mariquita que aterriza a cámara lenta en la pelota, etc…) que para quedar auténticamente bien habrían necesitado invertir más dinero en planos digitales y ordenador.

 

Pero son fallos menores en una historia que es humana y familiar, que tiene buen ritmo, que se puede ver con los hijos (aunque no es especialmente para niños, pueden aprender sin aburrirse) y que plantea siempre la cuestión entre el éxito y el sentido común, el respeto a los mayores y la consecución de  nuestra visión, que es la vocación.

 

Por todos estos valores, la Disney ha dedicado septiembre a emitir pases privados en grandes congregaciones de iglesias evangélicas y católicas, en la prensa cristiana en general, para apostar por el público cristiano y familiar. La distribuidora quiere repetir la fórmula de New Line con La Pasión de Cristo, que en taquillas recaudó 400 millones de dólares en todo el mundo (más vídeos, DVDs, etc…)

 

“Esta película trata de la familia, de no renunciar a tus sueños, de coraje. Son virtudes seculares, pero también podrían ser virtudes cristianas”, comenta Dennis Rice, jefe de publicidad de la Walt Disney. Y Rice sabe bien en lo que se ha metido, porque para su otro gran proyecto en cartera, El León, la Bruja y el Armario, basado en la novela cristiana de C.S.Lewis, tiene el objetivo de movilizar a todo el público cristiano y familiar.

 

Y es que la industria empieza a entender que hay un público esperando que le cuenten historias hermosas.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>