La mezquindad que nos envuelve

Aceptar las contrariedades: un día, otro y otro…

Vivir con docilidad las humillaciones causadas por nuestras propias mezquindades o por las de los demás.

Aceptar esas contradicciones y ofrecerlas a Dios.

Ser conscientes de nuestra poquedad, de nuestra miseria.

Conocer nuestras limitaciones, intentar mejorarlas y/o acostumbrarnos valientemente a vivir con ellas.

Vivir siendo conscientes de que, cada día, tenemos que aceptar la realidad de la larga noche oscura, que en tantas ocasiones y reiteradamente nos aturde.

Descubrir y sobrellevar el hecho de que nuestros proyectos, buenos y nobles en muchos casos, se tuercen pudiendo dejar en nosotros el desánimo y el desaliento.

Aceptar con paciencia el despotismo infundado de los demás:

  • El mal humor, la ira, las voces, los contratiempos, el mal genio, las malas formas, los gestos agrios, las palabras malsonantes.

Vivir, cuando no se pueda evitar, con:

  • Los engaños, las envidias, los orgullos, las mentiras y el mal talante de los que nos rodean.

Decir sí, aceptándolo como voluntad de Dios:

  • El dolor físico y moral, y las desavenencias que nos producen los que amamos.

Dar nuestro brazo a torcer cuando sea necesario y conveniente; y aceptar, ante Dios, esa contrariedad.

Aceptar las incomprensiones, las injusticias personales, las faltas de respeto hacia nosotros o hacia lo nuestro.

Que ante: Las guerras, el terrorismo, la violencia y en general la crueldad de la vida:

  • En las que mueren injustamente miles y miles de personas.
  • En las que sufren igualmente miles de personas.
  • En las que muchos millones pasan hambre.
  • Y en las que multitudes carecen: de libertad, de dignidad, de hogar, de educación y de salud.

Dios nos haga entender, y nos ayude a pedir perdón, y a evitarlas o a colaborar para disminuir la maldad y el dolor.

Que ante la gravedad del pecado y la maldad del ser humano:

  • Dios nos ayude a entender.
  • Y nos ayude a perdonar, pero también a actuar cuando y como sea conveniente.

Que Dios nos ayude a vencer:

  • Nuestra apatía, nuestro pecado, nuestra indiferencia y nuestra pereza ante el mal.
  • Y también nuestro conformismo y nuestra justificación

Ante todo este vendaval de inmundicia:

  • Perdón, Señor perdón.
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