La mirada de un niño‘, por Joaquín Aguirre

Novela sorprendentemente buena. Y a pesar de un título tan desafortunadamente melifluo y mal elegido.Joaquín Aguirre Bellver (Madrid, 1926-Alicante, 2…

Novela sorprendentemente buena. Y a pesar de un título tan desafortunadamente melifluo y mal elegido.

Joaquín Aguirre Bellver (Madrid, 1926-Alicante, 2005), periodista profesional desde 1954, se destacó en los periódicos Madrid, Pueblo y El Alcázar. Escritor de novelas (El juglar del Cid, por ejemplo) y ensayos (Sin miedo al futuro, otro ejemplo), terminó sus días escribiendo acerca de los grandes literatos españoles del Siglo de Oro.

Por lo que parece, la mirada del niño en cuestión es la del propio autor, nacido diez años antes de la Guerra Civil Española. La novela, no sólo breve sino de una agilidad y calidad sorprendentes, nos narra a partir del punto de vista de un niño (es decir, lejos de la mentalidad de las personas mayores que lo rodean) la decadencia brutal de España desde los momentos justamente anteriores al inicio de la contienda.

Con la mirada de abajo arriba (del mundo de los críos, que no comprenden qué sucede, al de los adultos, que los mandan a la cama y se quedan en el comedor cuchicheando acerca de política), Aguirre traza la amargura de una época en que los miembros de partidos políticos todavía existentes hoy día (por decir uno al azar, el que gobierna desde La Moncloa ahora mismo) podían asesinar impunemente, en pleno Madrid revolucionario, a quien llevase corbata, acusándolo de burgués.

Y eso ya antes del alzamiento de Franco.

El primer paso de lo que luego haría, por poner otro ejemplo al azar, Pol Pot en Camboya: liquidar a todos los que hablasen francés o tuviesen título universitario. Lo más curioso es que él hablaba francés y era de familia burguesa. Qué raro, ¿verdad?

Es meritorio que lo único azucarado de este libro se quede en el título. Aguirre supera con matrícula de honor la difícil prueba de escribir, con ojos infantiles, una novela que está específicamente dirigida a adultos.

El desdoble de realidades, la infantil y la adulta, se resuelve de forma óptima, y aunque ya sepamos cómo terminó aquel horror, la novela no pierde ni un ápice de interés.

La mirada de un niño
Joaquín Aguirre
Editorial Ciudadela
222 páginas

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