La misericordia

El segundo domingo de diciembre se abría la puerta santa en tantas catedrales o santuarios de Europa, una semana después de la apertura oficial en la basílica de san Pedro: una confirmación del gran valor emergente de la misericordia divina. Suscita especial esperanza su capacidad, como virtud cristiana esencial, de renovar la vida de los creyentes y de toda la humanidad. Porque modaliza con especial ternura y amabilidad la práctica del conjunto de las virtudes humanas y sobrenaturales.

Ciertamente, tras la Encarnación de la segunda persona de la Trinidad, perfecto Dios y Hombre perfecto, según la síntesis histórica del Símbolo Atanasiano, no es fácil distinguir la virtud humana de la sobrenatural, porque todo comunica. No es casual que el Catecismo de la Iglesia Católica comience su artículo sobre las virtudes (CEC 1803, 1º) con una cita de Filipenses 4, 8: “Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta”.

El carácter cósmico, global, de la Redención estaba magníficamente expresado en un pasaje del evangelio de San Juan (12, 32), tan familiar a san Josemaría Escrivá de Balaguer, a raíz de una locución divina recibida en Madrid el 7 de agosto de 1931: “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Sustenta un fuerte sentido de unidad de vida, que da valor divino a todo lo humano, aun con máximo respeto a la legítima autonomía de lo creado, de modo particular, las realidades temporales.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>