La misión de Pskov: evangelizar entre Hitler y Stalin fue posible

El 22 de junio de 1941, Hitler invade la Unión Soviética con 4,5 millones de soldados, 4.000 aviones y 4.400 tanques. Es la mayor opera…

El 22 de junio de 1941, Hitler invade la Unión Soviética con 4,5 millones de soldados, 4.000 aviones y 4.400 tanques. Es la mayor operación militar terrestre de la historia. En un mes ocupa Bielorrusia, el noroeste de Rusia y los países bálticos.

Los bielorrusos llevan 20 años sin poder practicar su fe cristiana (ortodoxa en su mayoría, con algunos católicos de rito oriental). Los países bálticos habían sido ocupados por la URSS, con la aquiescencia del Tercer Reich, apenas dos años antes.

La fe de millones de personas se vio aplastada entre Hitler y Stalin, entre el nazismo racista que odiaba al Dios de los judíos y proclamaba que Cristo era ario, y el ateísmo comunista que predicaba la muerte de Dios, instauraba semanas de 6 días para eliminar la idea de ‘domingo’ y condenaba la religión a las catacumbas o el gulag.

Y sin embargo, por esas paradojas de la fe y de la historia, de 1941 a 1944 hubo en los territorios de Pskov, el noroeste ruso, ocupados por los nazis, un renacimiento eclesial asombroso después de dos décadas de terror y ateísmo militante. Este avivamiento, que se ha estudiado recientemente, fue la Misión Ortodoxa de Pskov. Para los investigadores V. Alexeev y F. Stavru, "en general, por su despliegue e intensidad, este renacimiento religioso puede ser llamado el segundo bautizo de Rusia".

Una vista del kremlin (fortaleza) de Pskov,
con las cúpulas de la Iglesia de la Santa Trinidad


En verano de 1941 Pskov y el noroeste ruso eran, en teoría,un páramo espiritual tras 20 años de persecución atea. Pese a la guerra, había un hombre dispuesto a cambiar las cosas: el arzobispo Sergio Voskresenski, metropolita de Vilnius y Lituania y, desde principios de 1941, exarca de Letonia y Estonia. Era un ruso a cargo de los ortodoxos rusos de los Países Bálticos, recientemente conquistados por la URSS y, desde verano, en manos alemanas.

Sergio miró a sus jóvenes sacerdotes de Riga y Narva, en Estonia. Jóvenes rusos, que a veces habían huido de la URSS a Estonia para poder evangelizar en libertad, y habían visto como Stalin devoraba los países bálticos en 1939. Con estos jóvenes Sergio organizaría la Misión de Pskov. Es el único caso conocido hasta la fecha de rusos de la diáspora organizándose de forma importante para re-evangelizar la descristianizada Rusia. Hasta día de hoy.

Fue la población de Pskov y alrededores la que pidió sacerdotes a los ortodoxos del Báltico. Los primeros llegaron en agosto de 1941. Muchos eran pastores con experiencia, otros muchos jóvenes. Los había voluntarios, y los había que simplemente obedecían a su pastor. El metropolita Sergio invitó a muchos, seleccionados: ninguno se negó a ir a evangelizar a tierras "donde durante años no se había proclamado la palabra de Dios, no se ofrecía liturgias, donde el pueblo rezaba solo para su capote".

En la región de Pskov no había parroquias, ni vida eclesial. Pero había mucha fe guardada por el pueblo pese a 20 años de adoctrinamiento ateo, una vida espiritual intensa.

"¡Qué fácil era predicar en nuestra patria! ¡Con qué avidez escuchaban a los pastores, como nos daban gracias, eran incansables!”, recuerda uno de los sacerdotes que misionó allí.

Como la Misión estaba en el territorio ruso, en los templos que empezaron a reabrirse recordaban durante la liturgia al metropolita de Leningrado, Alexi Simanski, el pastor legítimo de la zona, para subrayar su unión con la Iglesia diocesana.

Para los misioneros, los ocupantes alemanes eran el mal, pero un mal menor con el que había que coexistir.

"Nadie de nosotros dudaba que los alemanes eran el mal. Nadie de nosotros simpatizaba con los ocupantes del territorio vital de nuestra patria. Una gran compasión hacia nuestro pueblo, nuestros hermanos en la fe y en la sangre, llenaba nuestros corazones", declaran los misioneros que recuerdan esos días.

Vivir en la Rusia en guerra era puro milagro. Te podían matar los bombardeos, el hambre, el frío, los nazis, la resistencia comunista…

El padre Alexi Ionov lo recuerda así:

"Los guerrilleros [rusos comunistas] estaban por todas partes. Encontrarnos con ellos significaba la muerte. No se les podía explicar que proclamábamos al Cristo Crucificado. Si estábamos a este lado del frente, es que éramos enemigos… Enterramos a varios hermanos muertos por las bayonetas guerrilleras…"

Hubo un momento hermoso cuando los alemanes, por puro interés propagandístico, entregaron a la iglesia un icono milagroso de la Virgen de Tijvino, que unos soldados alemanes habían rescatado de un templo en llamas. Duró poco, porque cuando se retiraron de Pskov se llevaron el icono; quizá eso lo salvó de ser destruido por los comunistas. Actualmente lo conservan unos descendientes de rusos en Estados Unidos.

Los sacerdotes en tierras ocupadas vieron un sinfín de iglesias abandonadas y profanadas, utilizadas como almacenes, talleres, clubs de baile, cines o archivos (véase nuestro artículo “12 cosas que hacían los soviéticos con los templos confiscados).

Antes de la Revolución, sólo en la ciudad de Pskov había 44 templos. Cuando en 1941 llegan los misioneros del metropolita Sergio sólo encuentran 8 iglesias en activo, sumando las de Pskov, Gdov y Novgorod, y otras cinco alrededor de Leningrado. Casi siempre eran templos muy pequeños, rurales, llevados por unos pocos popes asustados y poco preparados.

Pero hay ansia por los sacramentos, centenares de miles de personas ávidas de rezar por sus seres queridos en el frente, desaparecidos en la guerra… Por todas partes se piden los Sacramentos y la Palabra de Dios.

Tras 20 años de ateísmo militante, casi todos los menores de 16 años estaban sin bautizar. En muchas parroquias aprovecharon para hacer bautismos masivos, de 100 niños de golpe. Un sacerdote explica que de agosto a noviembre de 1941 bautizó unos 3.500 niños (una media de 30 al día).

En muchos templos abrieron escuelas dominicales para catequizar y formar a los niños en la fe. En Pskov la Misión mantenía un orfanato.

Las parroquias, desde su precariedad, se organizaron para la ayuda social, para apoyar comunidades de monjes y monjas, actividades clandestinas de formación para niños y niñas…

Una tarea importantísima era el servicio religioso entre los prisioneros de guerra rusos.

Hay que recordar que la URSS no había firmado la Convención de Ginebra de 1929 sobre el trato digno a los prisioneros de guerra, así que los nazis trataban a sus prisioneros rusos con crueldad inhumana. Lo cierto es que los mismos soviéticos trataban de forma inhumana a su propia gente: cualquiera que no hubiera muerto en el frente podía ser acusado de traidor por el terror stalinista.

Un joven ateo soviético, tratado como un animal en un campo de prisioneros alemán, ¿qué podía sentir o entender cuando un pope conseguía llegar hasta él y le hablaba del Amor y el perdón de Dios, cuando le animaba a seguir viviendo, cuando le decía que no era un engranaje en una máquina sino un hijo del mismo Dios?

Los misioneros de Pskov consiguieron incluso permiso en algún campo de prisioneros para abrir capillas: rezaban con los presos, les daban la comunión, a veces ofrecían la misa… Esas eran las hazañas diarias de los sacerdotes de la Misión de Pskov: hablar del Amor de Dios mientras los dos Estados más fuertes que han existido causaban la muerte a millones de personas a su alrededor.

Probablemente, la politica religiosa de los nazis en los territorios ocupados se determinaba por causas diversas: primero, dar libertad religiosa a la poblacion (en contraste con la postura stalinista) añadia puntos a favor de los ocupantes. Segundo, se pacificaba y se buscaba apoyo entre la poblacion local. Tercero, Alemania tenia aliados ortodoxos (Bulgaria y Romania), cuarto, en la misma Alemania existia asi llamado lobby ortodoxo de los alemanes rusos, orientales, emigrantes zaristas y entre los mismos alemanes. La vida de todas las comunidades religiosas (incluidas las ortodoxas9 en Alemanis misma y en las tierras ocupadas estaba siempre bajo control.

Con el crecimiento de la Mision se empeoraron las relaciones del mitropolita Sergui con los poderes alemanes ? no preveian tanto exito. En primavera de 1944, cuando las tropas sovieticas estaban a las fronteras de los Paises Balticos, cruzandolas en algunas partes, muchos ya veian que el final de la guerra (y no a favor de Alemania) ya era cuestion de tiempo, el 28 de abril el exarca mitropolita Sergui fue asesinado. El coche que le llevaba de Vilno a Riga fue tiroteado por desconocidos vestidos de uniforme aleman. Con el perecieron su chofer y dos acompañantes. La investigacion era puramente formal.

Oficialmente se declaro que el mitropolita cayo victima de los guerrilleros, sin embargo, los documentos oficiales del ministerio aleman que supervisaba las cuestiones eclesiales, indican que probablemente el jerarca ortodoxo habia sido liquidado por la Gestapo. El exito de la mision y la tragica sueerte del exarca demuestran que "incluso un obispo formado en la epoca sovietica, en unas condiciones especiales, puede no solamente asumir unos elevados riesgos sino convertirse en martir de la fe ortodoxa y Rusia".

En otoño de 1944 empezo a restablecerse el poder sovietico en los paises Balticos, y la vida de los misioneros entro en su siguiente etapa ? el martirio. Todos ellos, a excepcion de un puñado que habian desaparecido en el occidente, fueron detenidos por los organos del NKVD. Les incriminaban "colaboracion con los poderes ocupacionales". Mientras tanto, en los territorios que no conocieron ocupacion, se abrian masivamente las iglesias. La segunda guerra mundial demostro al mundo la gran flexibilidad tactica del poder comunista no solo en la esfera de las relaciones internacionales sino en la politica religiosa.

Fueron puestos en libertad muchos eclesiasticos anteriormente condenados a muerte. Pero pronto en los campos de exterminio sovieticos aparecio una nueva pleyade de martires ortodoxos . los trabajadores de la Mision de Pskov. Muchos de ellos murieron encarcelados, pero los supervivientes volvieron a trabajar en sus lugares natales, siguiendo con su mision.
La parte de los sacerdotes que pudieron salvarse en el occidente siguieron trabajando entre los emigrantes rusos del exodo de postguerra (la llamada "segunda ola"). Por esto, la actividad de los misioneros de pskov es una hazaña que encontro su lugar especial en nuestra historia reciente, una hazaña que, esperamos, sera apreciada debidamente por los descendientes agradecidos.
Revista "Noticias del obispado de San Petersburgo", 2002 abreviado

Vladimir Jotienko (foto aqui) http://www.interfax.by/article/23131 este verano empieza a rodar el filme " la Mision de pskov", en los estudios de la telecinecompañia "Enciclopedia ortodoxa" El sineaste dedicara su pelicual a los 50 millones de las personas abandonadas y estigmatizadas como traidores en las tierras ocupadas por los nazis.
Recientemente esta compañia estreno una serie televisiva "El planeta de la ortodoxia", sobre varias iglesias autocefalas del mundo y sus peculiaridades.

http://www.religare.ru/monitoring53898.htm
En el trabajo de la Mision participaba activamente el sacerdote Mijair Ridiger, el padre del actual Patriarca Alexi II. Visitaba a los presos en los campos de concentracion, acompañado por su hijo en funcion de monaguillo.
El chekista Pavel Sudovlatov que organizaba el trabajo clandestino en las tierras del noroeste ocupado, persuadio al mitropolita Sergui a colaborar con los comunistas en clandestinidad, haciendo como si era partidario de los nazis. Como esto ayudaba a apoyar a los presos sovieticos, el mitropolita acepto aunque contra su voluntad. Uno de los exitos de la Mision era salvar a los presos menores de edad del campo de exterminio Selaspils para entregarlo a las familias ortodoxas "para reeducacion", ademas, pudieron organizar recolecta de alimentos y medicinas para presos, salvando asi a muchos.

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