La muerte de Julián Marías, gran pérdida para la filosofía y el pensamiento cristiano

La muerte de Julián Marías el pasado jueves 15 de diciembre ha conmocionado al mundo de la cultura, la filosofía y el pensamiento cristiano. Deja una …

La muerte de Julián Marías el pasado jueves 15 de diciembre ha conmocionado al mundo de la cultura, la filosofía y el pensamiento cristiano. Deja una amplia y variada obra, en la que comunica su concepción sencilla de la realidad, la sabiduría y la libertad. Dedicó su vida al estudio y la filosofía, lo que le llevó a escribir 60 libros, y fue académico de la Lengua y las Bellas Artes. En 1996, obtuvo el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, reconocimiento compartido en aquella ocasión con el periodista italiano Indro Montanelli. Para él, su maestro José Ortega y Gasset era "la gran figura intelectual del siglo XX en filosofía, y no sólo en España". Mantuvo con él una relación de 23 años y no dejó de referirse a su obra, en la que tuvo siempre su raíz y su fuente, según declaraba.

 

El escritor, que tras la Guerra Civil pasó tres meses en la cárcel, delatado por alguien cuya identidad nunca desveló, sólo accedió a la universidad española, como profesor, en 1980. Solía decir que la cultura oficial no le había admitido nunca, ni siquiera después de muerto Franco, lo que tal vez contribuyó a que su sentimiento de independencia arraigara aún más. Idéntica actitud demostró cuando, en 1976, fue nombrado senador por designación real y durante los sucesivos gobiernos democráticos, entre los que sólo se había sentido a gusto -de 1976 a 1981- con Adolfo Suárez, según decía él mismo. Le gustaba destacar que la misión de los intelectuales es "ver las cosas y decir lo que han visto, pase lo que pase".

 

Marías afirmaba a menudo que "lo más importante" de su vida era el amor que sintió siempre por su mujer, Dolores Franco Manera, a quien conoció en la Universidad, donde ambos cursaron Filosofía y Letras. Después de su muerte, en 1977, se sintió sólo "un superviviente". Se declaraba en muchas ocasiones contrario al igualitarismo entre hombre y mujer. "No somos iguales", argumentaba. Recurriendo a la terminología orteguiana, veía una razón vital masculina y una razón vital femenina, "dos formas de razonar distintas". "Tengo entusiasmo por la mujer, que por lo menos es tan persona como el hombre", pero "ve la realidad de otro modo. Esa es la gracia, lo valioso de la humanidad", concluía.

 
El terrorismo organizado, la droga y la aceptación social del aborto eran las tres plagas de las que últimamente hablaba el filósofo, que era cristiano y tuvo siempre fe religiosa. No le gustaba el cine de realizadores como Pedro Almodóvar, por considerarlo chabacano, y lamentaba que los jóvenes hablasen "con gruñidos e interjecciones" y escuchasen una música "que carece de conceptos". Sus últimos libros fueron La perspectiva cristiana y Persona, pero era España inteligible el que más le satisfacía, porque lo veía como una obra de plena actualidad y porque abordaba "claves españolas" como el ser español y Cervantes.

 

91 años al servicio de la reflexión como católico

 

Julián Marías nació en Valladolid el 17 de junio de 1914. Vivía en Madrid desde 1919, año en que se trasladó su familia a la capital de España. Estudió en el Colegio Hispano y en el Instituto Cardenal Cisneros, donde concluyó el Bachillerato en 1931. Hasta 1936, coincidiendo con la Segunda República, estudió Filosofía en la Universidad de Madrid. En 1941 publicó la primera edición de una de sus obras de referencia: Historia de la filosofía. En ese mismo año, se casó con Dolores Franco Manero, con quien tuvo 5 hijos varones: Julián (que murió con 4 años en 1949), Miguel, Fernando, Javier y Álvaro.

 

En 1948, cuando Ortega acababa de regresar a España, Marías fundó con él el Instituto de Humanidades, del que fue secretario. Y un año después, participó en París en la Semana de los Intelectuales católicos En 1964, fue designado miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Por otro lado, fue el único laico miembro del Consejo Pontificio para la Cultura cuando Juan Pablo II creó este organismo en 1982. Con la noticia de su muerte, dirigentes, políticos y hombres y mujeres de cultura han destacado, desde ámbitos muy variados, la personalidad bondadosa, modesta y valiente de alguien que, por otro lado, pasará a la historia como erudito.

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