La muerte

La muerte, seguramente el concepto que más incerteza y temor provoca. Es ahora, durante las Navidades, que he creído oportuno escribir s…

La muerte, seguramente el concepto que más incerteza y temor provoca. Es ahora, durante las Navidades, que he creído oportuno escribir sobre esta temática, sobre este misterio.

La Navidad, celebración del nacimiento de Jesús, hijo de Dios Padre, el llamado Mesías. Quien vino a salvar a los hombres, pero ante la sorpresa de aquellos que lo acompañaron, Él, Jesús de Nazaret murió en la cruz. Sucumbió a la barrera inevitable, la muerte. ¿Y aquí terminó la historia? ¡No! Él resucitó al tercer día como decían las escrituras mostrando a la humanidad que la muerte no era el fin sino un paso. Hubo un cambio de mentalidad en los seguidores de Jesús, lo trágico, lo injusto era en realidad la puerta a otro escenario, el cielo. Aunque es muy cierto que para el hombre la comprensión de este hecho, ya sea con fe o sin ella, es muy complicado de asimilar y comprender.
En el pasado, la muerte era más habitual que en nuestros días, sea por este hecho o por la existencia de una cultura cristiana que impregnaba toda la sociedad y que daba un consuelo a las familias y amigos de los fallecidos; la muerte era tratada como un acontecimiento más de la vida, lógicamente el sufrimiento existía y este hecho se podía plasmar en el duelo, una actitud prácticamente inexistente hoy, pero que en el pasado era una forma de descargar el dolor. No era difícil encontrar coches o carruajes fúnebres en las poblaciones; era algo vivido como normal, un hecho del que todos un día u otro seremos protagonistas.
Hoy vivimos en una sociedad que esconde la muerte, la ha sacado de nuestra realidad. Un buen ejemplo de este hecho son la gran cantidad de palabras que se utilizan para definir este concepto, como defunción, traspaso o fallecimiento, la palabra muerte no se encuentra ya dentro el vocablo común. Hoy todo aquello más o menos relacionado con la muerte debe evitarse a toda costa.
Pero si bien es cierto que el morir es un hecho trágico para todos los seres próximos a esa persona, también lo es que se trata de un hecho inevitable y que por lo tanto es importante verlo como algo ordinario. No se puede esconder la muerte, ella siempre estará. Porque en el pasado nuestros padres y abuelos bebieron aún de una cultura que había logrado ver la muerte no como un fin sino como un paso, un motivo de esperanza, al esperar que después de esta habrá un contexto mejor, sin enfermedades, hambre ni maldad: el paraíso.
Porque el hombre por naturaleza se pregunta cosas, que van más allá del propio razonamiento y el poder hacerlo no debe ser nunca un maleficio sino una bendición, por lo tanto es esencial abordar estas cuestiones con libertad y tranquilidad sabedores que todo el mundo pasa por lo mismo, por la misma tragedia familiar, ahora bien, seguramente será muy diferente afrontar este episodio como el fin de nuestras existencias o como el paso a una vida mejor.
Tengo 19 años, soy aún joven y como es lógico con mis amigos no hablamos de la muerte, nos parece lejana; pero creo que deberían educarnos para contemplarlacon naturalidad porque seguro que estará presente y no querer verla muy probablemente no sea la mejor opción. Incluso en la Iglesia el olvido de la muerte y de la vida eterna está ausenteen la pastoral cuando es uno de los mejores servicios que puede dar a la gente de hoy: enseñar a mirar la vida desde la perspectiva de nuestro fin porque nos ayudaría a vivir de acuerdo con las cosas importantes.
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