La nueva gripe: las medidas anunciadas por Trinidad Jiménez no afrontan el problema

Las medidas que ha anunciado ahora la Ministra de Sanidad presentan dos características. Primera a cada nueva intervención ensombrece el…

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Las medidas que ha anunciado ahora la Ministra de Sanidad presentan dos características. Primera a cada nueva intervención ensombrece el panorama. Segundo, y esto es lo realmente importante, resultan claramente insuficientes.

  1. No basta con vacunar a los menores de 14 años, ni a las mujeres embarazadas como grandes grupos sociales.
  2. El grueso de la población de 15 a 45 años debe ser también objeto de atención primordial, porque si la cifra de contagios se eleva a la magnitud que ha anunciado la ministra, muchos de los servicios necesarios para la sociedad dejarán de ser operativos. Los policías, bomberos, ejército, profesional del transporte y de los servicios básicos, para señalar algunas grandes componentes básicas, deben ser asimismo inmunizados contra la nueva gripe.
  3. No puede ser que a esta altura no se haya anunciado el programa de vacunaciones masivas contra la gripe común para la vuelta de las vacaciones, que debe construir la primera barrera para atenuar la virulencia del problema. Hay que reducir al mínimo los contagios cruzados de gripe común y gripe nueva, y ello exige actuar con prontitud con lo que ya se dispone, la vacuna, y recabar las nuevas dosis para que esta pueda ser seguida por la mayoría de la población.
  4. Los antivirales han de volver a ser accesibles en las farmacias, y por lo tanto deben adquirirse en el número suficiente. La única forma de atenuar el colapso que se producirá en los hospitales es que los médicos de atención domiciliaria puedan recetar este tipo de medicamentos y los usuarios acceder a ellos con facilidad. De esta manera, se evitará la presión a veces justificada, a veces psicológica, de acudir a urgencias para que te den algo más que paracetamol. La ministra está subvalorando los efectos psicológicos de una epidemia, cuando éstos son los más graves de todos.
  5. Las campañas de prevención que están relacionadas con hábitos personales y que han de desarrollarse de forma masiva no pueden dejarse para el último momento, porque el hábito no se contrae con uno, dos o tres impactos comunicativos. Por consiguiente, esta campaña debería ya estar en marcha, y el retraso dice muy poco de la diligencia de un ministerio que vacío de competencias puede centrar todos sus recursos en coordinar y realizar acciones de este tipo, porque carece de una presión asistencial directa que es asumida por las Comunidades Autónomas, que son quienes tienen la competencia en la gestión de la sanidad.
  6. No se puede hacer recaer el peso de la prevención sobre la población. Es ridículo “aconsejar a las empresas que prevean medidas de aislamiento social, con estúpidas medidas como evitar reuniones o reordenar oficinas, o fomentar el trabajo en casa”. Eso puede hacerse solo con un número reducido de personas, pero donde se van a producir las grandes concentraciones va a ser en los transportes públicos, en los espectáculos, en los restaurantes, en las concentraciones deportivas, en las escuelas, y en los talleres y fábricas. Lo otro es el chocolate del loro; decir algo para que parezca que se está haciendo alguna cosa. Hay que denunciar con contundencia esta actitud que nada resuelve.
En resumen, cuatro medidas son ahora necesarias:
  1. Iniciar la campaña de información
  2. La ya apuntada de la libre disposición de antivirales
  3. La disponibilidad para finales del verano de la vacuna de la gripe común, para el conjunto de la población
  4. Y, asimismo, y posteriormente, la vacunación masiva, la de toda la población, para la nueva gripe.
Sólo de esta manera se conseguirá frenar de una forma decisiva el problema que nos puede caer encima, y que podemos lamentar gravemente tanto por razones personales como por el desastre económico que puede acaecer. Economizar en este tipo de cuestiones es absurdo, más cuando al mismo tiempo el Gobierno insiste en su generosidad con los bancos aportando 64.000 millones más de euros en avales para bancos y cajas, que se añaden a los 90.000 millones del año pasado.
Lo de las vacunas para todos a penas si representa una ración de olivas en un gran convite de bodas.
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