La obra del Papa: hechos, no consideraciones

Acaba de morir Juan Pablo II. A partir de este momento, la opinión pública, no sé por qué razón, se encargará de juzgarle. Habrá quien, estando totalm…

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Acaba de morir Juan Pablo II. A partir de este momento, la opinión pública, no sé por qué razón, se encargará de juzgarle. Habrá quien, estando totalmente en contra de su Pontificado, tratará de argumentar hasta qué punto este Papa “reprimió” –más bien sacudió- individual o colectivamente las conciencias de cristianos, laicos y demás pobladores de la Tierra. También se elevarán las voces que valorarán en qué medida sus mensajes y acciones eras más o menos morales y, por tanto, más o menos contrarias a la “libertad” –libertinaje- del individuo. Pero, en mi opinión, todo esto no son más que eso, valoraciones, consideraciones subjetivas que se miden en función de si se está más o menos en contra de su pontificado.
 
Sin embargo, la obra de Juan Pablo II, consideraciones subjetivas aparte, se puede y se debe medir, dado los tiempos que corren, de una manera global. A lo largo de su dilatada vida, Juan Pablo II ha contemplado y tomado parte activa en la mayoría de conflictos internacionales más importantes del siglo XX y XXI. Las intervenciones del Papa en esos conflictos -nadie puede discutir eso- han sido determinantes en la resolución de muchos de ellos y, por tanto, en la salvación de millones de vidas humanas.
 
Al mismo tiempo, y así se lo reconoció el propio Mijail Gorbachov, el Papa ejerció una influencia fundamental en el derrumbe del bloque comunista, en la caída del Muro de Berlín, y, por tanto, en el acercamiento de las dos Europas. Por no decir de la ayuda que prestó y que continúan prestando, él y su Iglesia, a los más desfavorecidos, a los desheredados de la Tierra. A pesar de las críticas que ha recibido por su postura en temas como el de la enfermedad del SIDA, nadie como la Iglesia presta actualmente su ayuda a los enfermos por el VIH y por otras enfermedades mortales, así como en casos de catástrofes naturales: ayudando económicamente, pero también estando en contacto directo con los afectados.
 
Su significación en los grandes acontecimientos que han conducido a la sociedad en la que actualmente vivimos y su trabajo a favor de la paz, del diálogo y del retorno a los valores que caracterizan lo mejor del ser humano son absolutamente incuestionables. Toda esta obra es la que la opinión pública tendrá que tener en cuenta a la hora de valorarle –que no juzgarle-. Una obra basada en hechos constatables y no en consideraciones.

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