La ONU, la Iglesia y el plumero de los “lobbies”

La Organización de las Naciones Unidas ha prestado importantes servicios a la humanidad desde su creación en 1945. También acumul…

La Organización de las Naciones Unidas ha prestado importantes servicios a la humanidad desde su creación en 1945. También acumula infinidad de fracasos, pero es justo decir que no es fácil resolver muchos de los conflictos y situaciones de tensión en el mundo cuando los países y los grupos sociales y económicos se mueven casi siempre más por intereses que por nobles deseos de servicio al ser humano y se empecinan en ello. Se suma, como aspecto negativo de la ONU, la tendencia al crecimiento infinito de la burocracia que tienen las instituciones, en especial las públicas, y que las van agrandando sin por ello ser más eficaces pero haciéndolas más caras. Uno, además, no siempre se siente muy identificado con algunas líneas que pretende marcar la ONU, y de manera muy particular en diversos temas que afectan a familia.

Con todo, siento cariño por la ONU y reconozco sus aportaciones. El hecho mismo de ser presidente de la Plataforma per la Família Catalunya-ONU 2014 prueba que no soy un feroz adversario aunque critique algunos de sus informes, actuaciones, resoluciones o conclusiones. Esta gran asamblea puede ser un estupendo instrumento en pro de la justicia, de la libertad, de la paz, de los derechos humanos.

Aunque a veces, más a menudo de lo deseable, la ONU chirría. Lo hemos visto recientemente con el Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño en relación con la Iglesia Católica. En un informe ha denunciado los casos de pederastia de sacerdotes exigiendo a la Iglesia una actuación más firme, expulsando a los sacerdotes pederastas de su ministerio y entregándolos a la Justicia. Afirma que la mayor parte de los curas pederastas siguen actuando abiertamente sin que nadie tome cartas en el asunto.

Hay en el informe de dicho Comité una posición injusta, como le ha respondido la Santa Sede, porque desde hace unos cuantos años la Iglesia Católica adopta una actitud muy firme en este campo. El hoy Papa emérito Benedicto XVI ya cogió el toro por los cuernos, marcó unas líneas de actuación y dictó normas para resolver tales abusos y castigar a los culpables. La mayor parte de casos denunciados son de muchos años atrás. Con todo, puedo aceptar en este campo una crítica dura, incluso hostil, siquiera por hechos y formas de actuar del pasado. Los sacerdotes pederastas han hecho un daño enorme a la Iglesia, siendo muy pocos respecto al total de sacerdotes.

Eso sí, valdría la pena que la ONU se mire a sí misma antes de acusar a otros. Porque no son pocas las acusaciones de pederastia contra miembros de las misiones de la propia ONU. Los “cascos azules” lo han puesto en evidencia en muchos lugares, y son conocidos hechos de este tipo en el Congo y Sudán, entre otros. Y no se han tomado públicas acciones de la ONU contra los soldados que están allí en su nombre. Ello, sin embargo, no desvaloriza globalmente las misiones de paz de las Naciones Unidas.

Pero creo que la clave y el blanco del informe de comité no estaban en el asunto de la pederastia, sino en otros aspectos que no tenían relación con ella, y que es donde de verdad desde la ONU se pretende presionar a la Iglesia Católica. Quieren que cambie su doctrina sobre el aborto, los anticonceptivos, la homosexualidad. Ahí iban dirigidos los tiros principales. Lo incluían en el informe, aunque nada tienen que ver con la pederastia. Ésta era sólo el punto de arranque, un flanco débil donde saben que pueden atacar, la cabeza de puente a partir de la cual lanzaban la ofensiva.

Los lobbies del aborto y del homosexualismo político

Quizás algunos piensen que la ONU es un organismo en que quienes allí están vibran deseosos de defender los Derechos Humanos, de personas que, simplificando, van “con el lirio en la mano” en pro de la verdad, el bien y la belleza; una verdadera concentración de seguidores de la entrega de la Madre Teresa de Calcuta o, como mínimo, de filántropos abnegados en pro de la humanidad y de la causa de los más desfavorecidos. Creo que en los primeros tiempos de la ONU, en aquellos años 40 que siguieron a la gran tragedia de la Segunda Guerra Mundial la mayoría estaban en esta línea: construir un mundo mucho más fraterno, que no se repitieran las matanzas y opresiones, que se buscara la paz siempre por medio de negociación, que los Derechos Humanos imperaran. Pero décadas más tarde, junto a muchas personas de buena voluntad, bastantes lobbies han intentado “penetrar” en las instituciones y organismos de la ONU con intereses no tan limpios y a veces sectarios. Y algunos lo han logrado.

Por llevar muchos años trabajando en organizaciones familiares sé alguna cosa en este campo. En 1994, Año Internacional de la Familia, una persona que participó en la Conferencia Mundial sobre Población celebrado en El Cairo organizada por la ONU, al regresar de la capital egipcia me comentó: “El diablo estaba allí”.

¿Qué quería decir? Había comprobado cómo los lobbies abortistas, los promotores de todo tipo de control de natalidad y que querían a toda costa imponerlo en el Tercer Mundo, los que erosionaban la familia sin el menor pudor, se habían adueñado de buena parte del pensamiento y el obrar de la ONU en estos campos. Aunque en grado menor, algo en la misma línea afloró también en la Conferencia sobre la Mujer celebrada en Pekín al año siguiente. Desde entonces, quienes recibimos información frecuente sobre estos temas relacionados con la familia y la vida sabemos que estos lobbies siguen trabajando en la ONU con tales objetivos. Algunos tienen mucho peso. El reciente informe de dicho comité de Ginebra lo ratifica de manera pública. Plantea que la Iglesia Católica modifique sus convicciones, lo cual parece que no corresponda a la ONU solicitar.

Deseamos lo mejor para la ONU. Entre otras cosas, que pueda liberarse de algunos de estos lobbies, a los que estos días “se ha visto el plumero”.

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