La otra cara del crecimiento económico en España: se dobla el déficit exterior

En un anterior artículo publicado este martes, 15 de febrero, informábamos de que la economía en España ha crecido un 2,7 por ciento en 2004, una de l…

En un anterior artículo publicado este martes, 15 de febrero, informábamos de que la economía en España ha crecido un 2,7 por ciento en 2004, una de las tasas más elevadas de la zona euro. Ante lo que a primera vista se podría interpretar como un dato positivo, aunque la previsión del Gobierno era del 2,8 por ciento, nuevos datos ponen al descubierto que este crecimiento se está realizando a costa de un enorme déficit exterior que casi se dobló hasta noviembre, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta anomalía se debe a la baja productividad y, al mismo tiempo, al desfase entre el crecimiento de la demanda interna y el del PIB, que genera compras en el exterior.

Sustentado en la demanda interna

Según Ángel Laborda, economista jefe de la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas), “el crecimiento de la economía española se sustenta básicamente en la demanda interna, que está creciendo en torno al 4,4 por ciento. Como el PIB crece tan sólo un 2,7 por ciento, el resto se destina a compras de bienes y servicios en el exterior. De ahí el enorme déficit exterior del 2004”.

El análisis de Funcas muestra que, si bien el dinamismo de la demanda interna explica el aumento de las importaciones (+ 19,2 por ciento), la pérdida de competitividad y la baja productividad han hecho que las exportaciones (+ 16,5 por ciento) no crecieran al mismo ritmo. A este hecho cabe añadir que el turismo, que ha crecido tan sólo un 0,97 por ciento hasta noviembre, no ha conseguido equilibrar la balanza.

Devaluación, solución imposible

Según Laborda, “en otros tiempos, un déficit exterior de estas dimensiones habría provocado una devaluación de la peseta, una subida de los tipos de interés y, probablemente, el comienzo de un proceso recesivo”. El experto analista considera que “nos estamos quedando fuera de mercado por precios y encima con la competencia de países como China”.

Un análisis similar hacía recientemente Enric Colet, profesor de Esade, quien aseguraba lo siguiente: “Nuestros precios crecen más que nuestra productividad y perdemos competitividad sin la posibilidad tradicional de devaluar la moneda que tenía el gobierno cuando funcionábamos con pesetas”, tal como informábamos en La Administración una de las principales causas de una mayor inflación en España.

Al valer menos, la peseta permitía una mayor fluidez de las exportaciones, más baratas, y las importaciones se frenaban porque resultaban más caras. Un buen ejemplo se podía observar en el incremento de compra de coches de fabricación española. Además, al mismo tiempo se podía comprar más, había más consumo.

A estos problemas hay que añadir el hecho de que la falta de competitividad acaba por llevar a las empresas a hacer recortes de plantilla, cuando no a deslocalizar o cerrar sus factorías, o sea, más paro. Toda una serie de razones que demandan por parte de la Administración medidas más eficaces para equilibrar las diferencias entre importaciones y exportaciones.

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