La paradoja turca

Los argumentos que se van formulando y la presentación que se está haciendo de la causa turca para promover su ingreso como miembro de pleno derecho d…

Forum Libertas

Los argumentos que se van formulando y la presentación que se está haciendo de la causa turca para promover su ingreso como miembro de pleno derecho de la Unión Europea presentan aspectos que están pasando inadvertidos cuando deberían llamar la atención. Uno de ellos, muy reiterado, es el razonar la conveniencia del ingreso en términos que dicen que otro tipo de asociación demostraría una incompatibilidad con la cultura musulmana por parte de Europa, porque se estaría negando la entrada sólo por cuestiones religiosas. No deja de ser sorprendente que este argumento se utilice para Turquía y no para Bosnia, que es un país, éste si nítidamente europeo, con una clara mayoría de población musulmana.

En realidad, el argumento religioso no ha salido en ningún momento entre quienes opinan que es un error la integración de Turquía, como por ejemplo el ex canciller alemán Helmut Schmidt. Otra cosa es que la cultura, en el sentido de la concepción de la persona, la sociedad y el Estado que está en la base de la institucionalización turca, hunda sus raíces en el Islam, de la misma manera que, en el mundo occidental, el edificio construido se asienta sobre los fundamentos del cristianismo, tanto en su originalidad como en su condición de vector histórico que ha trasladado de época el pensamiento helénico y el derecho romano. Es curiosa tanta preocupación por la sensibilidad musulmana de Turquía, cuando este país tiene una Constitución tan laicista que sólo es comparable a la francesa. Si los propios gobernantes turcos no han sentido una especial preocupación por el Islam, ¿por qué tienen que experimentarla los europeos?

Asimismo, llama la atención tanto interés por la sensibilidad de los musulmanes turcos cuando, al mismo tiempo, esta sensibilidad europea se dedica a patear el hígado de sus cristianos. Y como muestra, un botón. Vean el talante de Josep Borrell, actual presidente del Parlamento Europeo y, por tanto, persona garante de su equilibrio: “Detrás del cristianismo se esconden la inquisición, la tortura, la quema de libros, la aberrante enseñanza moral de la Iglesia en materia sexual”. Y sigue: “En lo tocante a democracia, derechos humanos e igualdad, Dios es un converso reciente”. ¿Se imaginan a cualquiera diciendo algo parecido, pero en este caso con datos mucho mas razonables, sobre el Islam? Es obvio que no. Resulta impensable. 

Algo grave le sucede a esta Europa tan indiferente a la religión, tan agresiva en el caso de los cristianos y  tan atenta a la sensibilidad de un posible disgusto de los musulmanes turcos. Y lo que le sucede tiene muchos nombres, pero uno de ellos transpira por los poros de la realidad. Se llama miedo. Una parte de Europa tiene miedo al Islam y considera inofensivos a los cristianos. Ésa es la realidad pura y dura, la sobrevaloración de la sensibilidad turca por una cuestión, la religión, que nunca ha estado sobre la mesa, a diferencia de otras que sí que afectan con contundencia a la nación turca, como el reconocimiento de Chipre. Todo se debe al fantasma que ronda por las mentes de muchos responsables europeos.

Este miedo es el que permite que coincidan adversarios tan acérrimos como el presidente francés, Jacques Chirac, y la socialdemocracia europea con el presidente estadounidense, George W. Bush, que -por si alguien lo había olvidado- es el primer y principal avalador de la plena integración de Turquía en Europa. Y es que a Estados Unidos le interesa una Unión Europea con poca identidad política, que sea una zona de libre comercio un poco más cohesionada; y esto, con Turquía, en un futuro y ahora, con Gran Bretaña, lo tiene razonablemente garantizado.

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