La peligrosa arbitrariedad del Gobierno

Además del talante, José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno tiende a presentarse como un adalid de la civilidad, de la ciudadanía responsable, cita…

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Además del talante, José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno tiende a presentarse como un adalid de la civilidad, de la ciudadanía responsable, citando (no siempre correctamente) a su teórico mentor Philip Pettit y su republicanismo. Pero lamentablemente estos buenos propósitos no se traducen en la realidad y, más bien, lo que prima en la práctica es la arbitrariedad. A pesar del corto tiempo que lleva gobernando, existe ya una colección de hechos que deben mover a la preocupación ciudadana, porque la arbitrariedad es sobre todo una tendencia de nuestros gobiernos cuando llevan tiempo en ejercicio y se sienten confortablemente instalados en el poder, y éste no debería ser el caso, al menos no todavía, de Rodríguez Zapatero. Empieza  demasiado pronto.

Veamos algunos hechos recientes. La Junta Electoral Central (JEC) obliga al ejecutivo a rectificar su campaña sobre la Constitución europea por tendenciosa, por no ser objetivamente neutral. Éste es un pésimo ejemplo para avalar la bondad del Tratado, porque resulta que sus primeros defensores utilizan medios tan arbitrarios que son descalificados por la autoridad electoral a la primera de cambio. Subrayemos que, en este caso, el acuerdo del organismo independiente fue consecuencia de los recursos presentados desde instancias tan distintas como el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro y los partidos de colectivos tan desvinculados como Esquerra Republicana de Catalunya y Otra Democracia es Posible.

Rebasa, y en mucho, el límite de lo tolerable, la operación montada por el Gobierno y  el grupo PRISA, a través de la cadena SER, para derribar a Francisco González de la presidencia del Banco Bilbao Vizcaya-Argentaria (BBVA) mediante el proceso de resucitar al muerto: el presunto fraude en la compra de FG Inversiones propiedad de Francisco González en una fecha tan lejana como 1996. Todo es demasiado evidente. Zapatero, que no Solbes, avala la operación de la constructora Sacyr de “capturar” el banco, en una operación insólita en el mundo occidental, mediante la cual una constructora de tipo medio se haría con los resortes del segundo banco del país y, dado que esto no ha venido funcionando por la vía directa, porque los actuales responsables bancarios no se han dejado, se utiliza la guerra informativa echando mano de esa arma de destrucción masiva que es PRISA. Además, para ello, se rescata un asunto que sucedió hace 10 años. Es la arbitrariedad llevada a su máximo nivel.

También fue arbitrario que el Gobierno no consultase al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en el preceptivo trámite de la aprobación del proyecto de ley del matrimonio homosexual, o que se pasara por el forro las recomendaciones del Consejo de Estado sobre este mismo tema. Zapatero es cívico, dialogante y tolerante sólo cuando lo que se dice o se hace coincide exactamente con sus propósitos. Cuando no es así,  pasa por encima del interfecto y a otra cosa mariposa.

La combinación de este procedimiento “soft” con la hegemonía en la cultura mediática  de lo políticamente correcto, que tiende a liquidar el debate democrático a base de cargarse a todas las opiniones discrepantes mediante el descrédito sistemático, puede conducirnos a una especie de “dictablanda”, donde se aúnan el poder de este Estado y el potencial de los medios informativos públicos o, como en el caso de PRISA y otros agentes menores, que militan absolutamente en sus tesis. Y eso resulta terriblemente peligroso para la democracia y para todos los ciudadanos que quieran ser libres.

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