La pobreza argumental de Guy Sorman

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Guy Sorman pasa por ser un prestigioso ensayista. Leo un artículo suyo publicado en ABC y titulado “El Estado debajo de nuestra cama”, que pretende ser una apología libertaria y antiestatalista supuestamente sagaz. A mí me ha sorprendido, tanto que me ha movido a escribir estas líneas, pero no por esa supuesta sagacidad, sino por lo pobre, trasnochado y superficial de sus argumentos.

En relación al matrimonio entre personas del mismo sexo, los justifica porque se tratarían de contratos entre personas adultas (evidentemente, este argumento sirve para justificar cualquier cosa, desde la poligamia a la poliandria y todas las combinaciones posibles que se puedan concebir). Pero falla al no considerar la razón primordial por la que el Estado debe tratar de modo diferente al matrimonio entre un hombre y una mujer: por algo tan sencillo y evidente como que es la única unión que puede traer a otro ser a la vida. Al Estado no le importa lo que yo haga en mi habitación, pero sí le importa si tengo o no hijos, sencillamente porque el futuro y la viabilidad de se mismo Estado depende de ello Es algo que salta tan a la vista que hay que ser muy sectario o, creo que es el caso, muy frívolo y superficial, para ignorarlo. Paradojas de la vida: el mismo diario, en la siguiente página, publicaba un reportaje titulado “La caída de población pone en riesgo el futuro de España”, y más adelante destacaba que España es el país de la UE con menos ayudas a las familias. Punteros en promoción de uniones homosexuales, colistas en ayudas a los matrimonios naturales que sí generan descendencia, nuestro país es cada vez más inviable. Un pequeño detalle que a Sorman, millonario y muy pagado de sí mismo, parece no interesarle.

Luego aborda el tema del aborto y repite ese argumento tan triste de que “¿Estamos a favor de la vida? Pues no abortamos y no es necesario llamar a la policía”. Se le escapa, una vez más, lo obvio: aquí hay un tercero, el niño no nacido, que es el que sufre la muerte en un aborto. Sería como si, ante la esclavitud, donde también hay un tercero afectado, argumentásemos que si uno no quiere tener un esclavo, que no lo tenga, pero que no pretenda imponer sus ideas a quienes sí quieren tenerlos.

Viendo la superficialidad, la frivolidad, la pobreza argumental de esta lumbrera y el prestigio del que goza, uno entiende muchas cosas. Por ejemplo, el camino sin salida al que nos han llevado en Europa o la incapacidad para dar argumentos sólidos ante la demagogia neomarxista y populista. Gente como Sorman, desde su atalaya y su bienestar, se muestran incapaces de dar razones. No las necesitan, viven al día, viven muy bien y prefieren mirar para otro lado cuando uno les enfrenta al futuro insostenible al que nos llevan sus ideas. Mirar de frente tiene un coste que no están dispuestos a pagar.

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