La polémica de los copagos en la ley de dependencia

Las rentas altas son las más beneficiadas por el sistema de copagos

Con la crisis económica y la reducción de recursos para la ley de la dependencia la polémica sobre los copagos a vuelto a surgir Con la crisis económica y la reducción de recursos para la ley de la dependencia la polémica sobre los copagos a vuelto a surgir

Durante estos últimos días ha vuelto a surgir la polémica en torno al elevado precio que deben pagar los grandes dependientes en forma de copagos para poder recibir los servicios que provee la ley de la dependencia y la falta de calidad o insuficiencia de estos .

En diciembre de 2006, en plena expansión económica, se aprobaba la nueva ley sobre la dependencia, una ley que al contrario de la que existía con anterioridad, puede beneficiarse toda la población dependiente a través de asumir una parte del coste, pero también establece que nadie puede quedarse al margen por motivos económicos.

El problema principal a la hora de aplicar esta ley es que fue diseñada en un contexto económico muy diferente del actual, además se estableció que fueran principalmente las comunidades autónomas las que hicieran frente a la mayoría de costes del servicio de dependencia, unas entidades autonómicas que ya hace años que están especialmente dañadas por la crisis económica y con un bajo margen presupuestario.

¿Cómo funciona el sistema de copagos en la ley de dependencia española?

Aparte de la falta de recursos de las administraciones públicas para hacer frente a sus obligaciones con los dependientes, la estructura de copagos también presenta algunos interrogantes.

Existe un tope máximo, según la capacidad económica, sobre qué proporción pueden cubrir los copagos sobre el coste total. Para las residencias, el copago puede llegar hasta el 90%, para los centros de día al 65% y para la ayuda a domicilio al 54%. Para calcular la capacidad económica de los usuarios, la ley tiene en cuenta por un lado el nivel de renta a partir de la declaración de esta y el patrimonio, aunque este último elemento tiene una baja incidencia, ya que la vivienda del contribuyente queda exenta en el caso de que viva él mismo en ella o viva algún familiar que dependa económicamente de este usuario, además es de difícil cuantificación el patrimonio, ya que no hay ningún registro similar al existente para la renta. En teoría, a mayor capacidad económica, el porcentaje del copago debería cubrir una mayor parte del coste.

Esta última afirmación realizada no es del todo cierta, ya que los tres tipos de servicios, el tope máximo de copago se alcanza en las rentas medias-altas y así las consideradas altas pagarán el mismo porcentaje del coste a través de copagos que las medias-altas. Esta situación provoca que el copago no sea proporcional, ya que para el caso de las rentas medias el coste de la residencia puede llegar a suponer el 74% de la misma renta del beneficiario, en cambio para las rentas altas, el coste de este copago se quedaría alrededor del 22% de la renta, incluso este coste supondría una menor parte de la renta que la que tienen que afrontar las rentas más bajas, alrededor del 44%.

Las personas de más avanzada edad son los principales beneficiarios de los servicios provistos por la ley de dependencia

Las personas de más avanzada edad son los principales beneficiarios de los servicios provistos por la ley de dependencia

Aparte de esta falta de progresividad en los copagos existen otras dudas en torno a estos. Por un lado la cuestión de si estos copagos tienen realmente una función de racionalización de la demanda de los servicios de dependencia o simplemente una voluntad recaudatoria, ya que la característica principal de estos servicios es que presentan una demanda inelástica, es decir, en ser unos servicios esenciales para las personas que lo piden, aunque aumentara el precio, estas continuarían demandándolo. Otro elemento polémico es el monopolio existente para estos servicios provistos por las administraciones públicas. En la mayoría de casos no existe una alternativa, por tanto aunque el beneficiario no esté contento, no podrá optar por otra alternativa. Esta situación puede ser aprovechada especialmente por los servicios de producción privada, los cuales sí se mueven según los beneficios y por lo tanto podrían aprovechar esta situación de monopolio para establecer unos copagos elevados o una menor calidad del servicio.

Parece pues que la ley de dependencia aprobada en la época de vacas gordas necesitaría adaptarse a la nueva situación de escasez de recursos. Igualmente sería bueno establecer un sistema de copagos más transparente y ajustado a la capacidad económica real del beneficiario.

 

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